1.º DE AGOSTO.

Memorable fecha, y sin embargo para muchos pasa desapercibida, mientras que los cazadores aguárdanla con tanta impaciencia, que casi raya en locura. Se cuentan las semanas y hasta las horas que faltan para llegar al dia ansiado, el 1.º de agosto, en que la ley de caza autoriza á los españoles poder hacer uso del derecho que les ha estado vedado durante cinco meses, prohibicion justa é indispensable para que las perdices estén en amores y la naturaleza nos dé en cambio la fecundidad, es á saber: que de un par de perdices salga un bando de 18 á 21.

El cazador deberia tener en su gabinete, entre los objetos de caza, un cuadro adornado de precioso marco, destacándose en el fondo una inscripcion en letras de oro que le recordara perennemente el dia 1.º de agosto.


No cabe duda que ese dia le tienen fijo en la memoria más de cien mil españoles, si no todos cazadores, á lo menos muchos que creen serlo, por el mero hecho de tener escopeta, perro y licencia de caza. Por mi parte puedo afirmar que hace veinte años que en tal fecha no he faltado al monte: pues se experimentan muchas impresiones, queriendo uno multiplicarse para hacer descubrimientos; la imaginacion acude á todas partes; se está cazando, pongo por caso en Moncada, se ha descubierto el terreno, y uno dice para su coleto: «mejor me habria ido á la Torre dels frares, allí dejé bastantes pares; pero... ¿y si me hubiese dirigido á Roca de droc?... no, el tren sale demasiado tarde, y cuando se llega al cazadero, ya molesta mucho el rubicundo Febo; además, habrán ido los de Molins de Rey.» Por último, reflexiona que los puntos mencionados debe reservarlos para otro dia, y caminando con calma en busca de agua cristalina y alguna sombra, dispónese á ir pasando el dia para no estropearse y hacer piés, preparándolos para las futuras salidas, que deben ser, seguramente, de más provecho que las primeras.

Las perdices en el mes de agosto.—La caza de la perdiz en el mes de agosto se diferencia completamente de las demás épocas del año. La ley deberia, con rigor, á lo menos no permitir cazar hasta el 15 de dicho mes. Si bien es verdad que por razon del clima hay comarcas en que las perdices son más crecidas, como por ejemplo en el litoral, en cambio en la alta montaña van muy atrasadas, hallándose muchas cluecas empollando aún sus huevos: de ahí resulta que algunos cazadores inexpertos, cuando el perro les queda de muestra y al salir la perdiz, que apenas se remonta un palmo del suelo, le encajan el tiro, y pueden irse ufanos á su casa con el trofeo de una clueca sin plumas en la panza, é indirectamente dejando desamparadas á veinte ó más perdices que iban á salir del huevo, lo cual causa un perjuicio irreparable y reprensible.

Basta ya de digresion, y volvamos al modo cómo deben cazarse las perdices en agosto.

Mucha ventaja llevará el cazador y se ahorrará no pocas subidas y bajadas, si muy temprano, antes de la salida del sol, se coloca en un cerro. El canto del perdigon bravo anuncia á los perdigachos que se han recodado y pasado á joc la noche; mueven la cabeza y guiados por la perdiz van subiendo al cerro, haciendo piu, piu, piu. Cuando aperciba el cazador ese canto, debe huir del cerro y no volver á él hasta que pasen á lo menos quince dias, pues las perdices que mataria apenas tendrian el tamaño de las codornices: todo cazador decente debe ir en busca de otro lance, y sólo le es permitido hacerlas volar para saber si el bando está completo; ensayo muy peligroso, por lo que voy á expresar. Cuando sale el bando ¿quién se detiene? es bastante difícil, y esto produce consecuencias fatales.—Los padres, permítaseme la expresion, en defensa de sus hijuelos van peonando y guiando el bando adelante por la inseguridad que tienen en el vuelo de los pollitos; el perdigon con un movimiento rápido divide el bando, y la perdiz con la otra mitad aproximadamente y á retaguardia, haciendo chac, chac, chac, hasta que el perro se les viene encima; entonces vuelan, y la pobre perdiz que en defensa de sus hijos quedó á retaguardia, paga con la vida su amor filial. Cometida tal hazaña por el cazador, muy fácil le es acabar con el bando, pues los jóvenes con su piu, piu, se descubren muy fácilmente y se dejan matar á mansalva, y las pocas que quedan echan de menos á la madre, de suerte que cuando viene la noche (estas siempre son frias) mueren por faltarles el calor natural que les da el regazo materno.