[312] Los quatro libros del virtuoso cauallero Amadis de Gaula: Complidos. Colofón: «Acabanse los quatro libros... Fueron emprimidos en la muy noble y muy leal ciudad de Çaragoça: por George Coci, Aleman... mil y quinientos y ocho años». Fol. gót. El ejemplar que pasa por único de esta edición, desconocida hasta que en 1872 fué descubierta en Ferrara y adquirida por el barón Seillière en 10.000 francos, fué anunciado por el librero de Londres Quaritch, en su Catálogo de Febrero de 1895, en 200 libras esterlinas. Ignoro quién sea su poseedor actual. La edición de Salamanca, de 1510, es hipotética. No así la de Sevilla, 1511, citada en el Registrum de D. Fernando Colón. Para las restantes, véase el catálogo de Gayangos, tal como lo reimprimió adicionado en el tomo I del Ensayo de Gallardo. La más estimada por la corrección del texto es la de Venecia: Los quatro libros de Amadis de Gaula nueuamēte impressos e hystoriados. 1533. (Al fin). «Acabanse aqui los quatro libros del esforçado e muy virtuoso cauallero Amadis de Gaula, fijo del rey Perion y de la reyna Elisena: en los quales se fallan muy por estenso las grādes aventuras y terribles batallas que en sus tiēpos por el se acabaron e vencieron, e por otros muchos caualleros assi de su linaje como amigos suyos. El qual fue impresso en la muy ínclita y singular ciudad de Venecia por maestro Juan Antonio de Sabia, impressor de libros a las espensas de M. Juā Batista Pedrezano e cōpañō, mercadante de libros. Está al pie del puēte de Rialto, e tiene por enseña una torre. Acabose en el año de MDXXXIII, a dias siete del mes de Setiembre... Fue reuisto, corrigiēdolo de las letras que trocadas de los impressores erā por el Vicario del ualle de Cabeçuela Frācisco Delicado, natural de la peña de Martos». Las últimas ediciones antiguas del Amadís que citan los bibliógrafos son la de Sevilla, 1586, y la de Burgos, 1587. Modernamente ha sido reimpreso tres veces (Madrid, 1838; Barcelona, 1847-1848, en el Tesoro de Autores ilustres, de Oliveres; Madrid, 1857, en la colección de Rivadeneyra, siguiendo el texto de la edición veneciana).

[313] Los que niegan á Montalvo la paternidad del libro cuarto entienden que esta declaración se refiere sólo al Espandián; pero la gramática no lo tolera, puesto que visto concierta con libro y no con Sergas.

[314] Basta leer estos versos (Cancionero de Baena, edición de Leipzig, t. II, p. 320) para convencerse de que se refieren á Enrique II y no á Enrique III, como han supuesto algunos; Enrique II es el que guerreó treinta años continuos, el que murió de cincuenta y cinco años, el que estuvo casado con la reina doña Juana, el que dejó á su hijo casado con una infanta de Aragón. Nada de esto cuadra á D. Enrique el Doliente.

[315] En la novela catalana de Curial y Güelfa,que pertenece probablemente á la segunda mitad del siglo XV, se cita (pág. 498) á Amadís y Oriana entre los famosos amadores, juntamente con Píramo y Tisbe, Flores y Blanca Flor, Tristán é Isolda, Lanzarote y Ginebra, Frondino y Brissona, Fedra é Hipólito, Aquiles y Pirro, Troilo y Briseyda, Paris y Viana.

Los primeros trovadores portugueses que citan el Amadís son Nuño Pereira y Francisco de Silveira, que en 1482 sostuvieron con otros poetas en los palacios de Santarem el certamen de Cuidar y suspirar, con que empieza el Cancionero de Resende (tomo I de la edición de Stuttgart, pp. 7-14):

Se o disesse Oryana
E Iseu allegar posso...
Alegays-me vos Iseu
E Oriana com ella,
E falays no cuidar seu,
Como que nunca ly eu
Sospirar Tristán por ella...

[316] En la Crónica del rey Don Rodrigo, que Pedro del Corral compuso por los años de 1443, hay evidentes imitaciones del Amadís.

[317] Amador de los Ríos, Sevilla Pintoresca, 1844, p. 236.

[318] Diccionario histórico de los profesores de las Bellas Artes en España, por D. Juan Agustín Cean Bermúdez, Madrid, 1800, t. V, p. 299.

El mismo Cean Bermúdez, en su Carta sobre la pintura de la escuela sevillana (Cádiz, 1806. p. 19), da esta definición de la palabra sargas: «Llamaban sargas á unos lienzos crudos, en los que, sin aparejo alguno, usaban de colores bien molidos con agua, y que después de secos mezclaban con agua, cola ó con agua de engrudo, sirviéndoles de blanco el yeso muerto».