[326] «Y Don Hernando, segundo duque de Berganza (nieto del rey D. Alonso de Portugal, de donde aquella Real Casa salió, y rebisabuelo del gran Príncipe, duque Don Teodosio II, que hoy es), también como los demás fué escritor, que escribió á Amadis de Gaula, como lo supe yo de aquella Real Casa y de su Alteza la señora doña Catalina su biznieta; y bien creo yo que tan alta y generosa composición había de ser de buena casta, que hombre rudo no pudo hacerla; y así me alegré de lo saber, como fabulosamente el mismo Doncel del Mar de se hallar hijo del Rey». (Memorial Histórico Español, t. XI, Madrid, 1859, p. 141).
[327] Acaso Lope recordaba confusamente que el Palmerín de Oliva y el Primaleón habían sido escritos por una dama, aunque no era portuguesa, sino de Ciudad-Rodrigo.
[328] «E por seu mandado trasladou de francés em a nossa lingua Pero Lobeiro (sic), Tabaliáo d'Elvas, o livro de Amadis que (a parecer de varōes doctos) he o melhor que saiu a luz de fabulosas historias». (Agiolog. Lusit., t. I, p. 410, Lisboa, 1652). Apud T. Braga, Amadis de Gaula, 189.
[329] En un artículo de la Quarterly Review citado por Baret, De l'Amadis, p. 35, y por Gayangos en su Discurso preliminar sobre los libros de Caballerías (p. XXIV).
[330] Lais de Bretanha, p. 27.
[331] Grundriss, de Gröber, II b, pp. 416-438-441.
[332] Studien zur Geschichte der Spanischen und Portugiesischen Nationalliteratur, Berlín, 1859, p. 174 y ss. En la traducción castellana de Unamuno, t. I, p. 197 y ss.
[333] Baret quiere derivar este nombre del bretón Lych-warch.
[334] Aun en esta parte no le abandona la graciosa castidad de su estilo. Pero es evidente que aquel célebre pasaje del lib. I, cap. XXXV: «Assi que se puede bien decir que en aquella verde yerba, encima de aquel manto, más por gracia y comedimiento de Oriana que por la desenvoltura ni osadía de Amadis, fue fecha dueña la más fermosa doncella del mundo», procede en línea recta de estas palabras del Tristán: «Fit sa volonté de la belle Iseult et lui tolut le dous nom de pucelle».
[335] Más adelante tendremos ocasión de apuntar otras. Convendría un estudio minucioso del Amadís en comparación con las novelas bretonas, especialmente con el Lanzarote, y un índice de personajes y lugares que facilitara el cotejo.