[458] El P. Fidel Fita, S. J., discurre docta é ingeniosamente sobre la topografía y alusiones históricas de la novela de Juan Rodríguez del Padrón, en el capítulo VIII del libro que en colaboración con D. Aureliano Fernández Guerra publicó en 1880, con el título de Recuerdos de un viaje á Santiago de Galicia.
[459] Del Triunfo de las donas no se conocen más que dos códices: uno de la biblioteca del Duque de Frías y otro de la Nacional. Las copias de la Cadira abundan más; hay una en el Museo Británico, otra en la Academia de la Historia y otra entre los manuscritos de la Casa de Osuna, agregados hoy á la Nacional. Teniendo presentes la mayor parte de estos textos y notando las variantes, ha publicado ambas obras el Sr. Paz y Meliá, sin olvidarse de añadir la traducción francesa del Triunfo, hecha en 1460 por un portugués llamado Fernando de Lucena, en la corte de Felipe el Bueno, Duque de Borgoña. Se conservan dos manuscritos de esta versión (uno de ellos muy lujoso) en la Biblioteca de Bruselas, y Brunet cita una edición de 1530.
[460] Publicada por el Sr. Paz y Meliá en los apéndices de su colección.
[461] En una de estas epístolas apócrifas, la de Troylo á Briseyda, se lee el siguiente pasaje, en verdad muy poético, y que á su discreto editor le ha traído á la memoria una divina escena de Julieta y Romeo:
«Miembrate agora de la postrimera noche que tú e yo manimos en uno, e entravan los rayos de la claridat de la luna por la finiestra de la nuestra camara, y quexavaste tú, pensando que era la mañana, y decias con falsa lengua, como en manera de querella: «¡Oh fuegos de la claridat del radiante divino, los quales, haziendo vuestro ordenado curso, vos mostrades y venides en pos de la conturbal hora de las tinieblas! Muevan vos agora a piedad los grandes gemidos y dolorosos sospiros de la mezquina Breçayda, y cesat de mostrar tan ayna la fuerza del vuestro gran poder, dando logar a Bresayda que repose algund tant con Troylos su leal amiga». E dezias tú, Bresayda: «¡Oh quánto me ternia por bienaventurada si agora yo supiese la arte magica, que es la alta sciencia de los magicos, por la qual han poder de hacer del dia noche y de la noche dia por sus sabias palabras y maravillosos sacrificios!... ¿E por qué no es a mí posible de tirar la fuerza al dia» E yo, movido a piedat por las quexas que tú mostrabas, levantéme y salli de la camara, y vi que era la hora de la media noche, quando el mayor sueño tenia amansadas todas las criaturas, y vi el ayre acallantado, y vi ruciadas las fojas de los arboles de la huerta del alcazar del rey mi padre, llamado Ilion, y quedas, que no se movian, de guisa que cosa alguna no obraban de su virtut. E torné a ti y dixete: «Breçayda, no te quexes, que no es el dia como tú piensas». E fueste tú muy alegre con las nuevas que te yo dixe...».
Como Shakespeare conoció las Historias de Troya en la versión de Guillermo Caxton, y tomó de allí el argumento de Troilus and Cressida, puede explicarse fácilmente la analogía de ambos pasajes.
[462] D. Antonio Paz y Meliá, en el tomo de Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVI, dado á luz por la Sociedad de Bibliófilos Españoles en 1892. Esta edición va ajustada al único códice de la Sátira que se conoce, y es el de la Biblioteca Nacional de Madrid, copiado en Cataluña dos años después de la muerte del Condestable, según consta en la suscripción final: «Fon acabad lo present libre a X de May any 1468 de ma den Cristofol Bosch librater».
La dedicatoria tiene este encabezamiento: «Siguese la epístola a la muy famosa, muy excellente Princesa, muy devota, muy virtuosa e perfecta señora doña Isabel, por la deifica mano Reyna de Portugal, gran señora en las Libianas partes, embiada por el su en obediencia menor hermano e en desseo perpetuo mayor servidor».
[463] Para encarecer su desesperación amatoria se vale de palabras del Libro de Job. «¡Maldito sea el dia en que primero amé, la noche que velando, sin recelar la temedera muerte, puse el firme sello a mi infinito querer e iuré mi servidumbre ser fasta el fin de mis dias! No se recuerde Dios dél e quede enfuscado e escuro syn toda lumbre. Sea lleno de muerte e de mal andanza. Aquella noche tenebrosa, turbiones, relampagos, lluvias con terrible tempestad acompañen. Aquel dia no sea contado en los dias del año; no se nombre en los meses. Sea aquella noche sola e de toda maldicion digna... ¿Para qué fue a hombre tan infortunado luz dada, sino escuridad e tinieblas? ¿Para qué al que vive en toda pena e tormento vida le fue dada, sino que fuera como que no fuera, del vientre salido, metido en la tumba?»
[464] Véase, por ejemplo, la jerigonza con que acaba el libro: