Además de las Guerras Civiles de Granada se conocen dos obras de Ginés Pérez de Hita, compuestas, por desgracia, no en su apacible prosa, sino en pésimos metros. La una es cierto poema ó más bien crónica rimada que en 1572 escribió en octavas reales y en diez y seis cantos con el título de Libro de la población y hazañas de la muy noble y muy leal ciudad de Lorca, y que, sin gran menoscabo de las letras patrias, ha permanecido inédita hasta nuestros días, estragándose más y más en las repetidas copias, después de haber servido de fondo principal á la narración en prosa del P. Morote. Le ha publicado íntegro el Sr. Acero en su libro ya citado (pp. 341-368). La otra, que ya hemos tenido ocasión de mencionar, es una versión de la Crónica Troyana en verso suelto, con algunos trozos rimados. En la Biblioteca Nacional se conserva el manuscrito, al parecer autógrafo, rubricado en todas las planas para la impresión y encabezado así: Los diez y siete libros de Daris del Belo troyano, agora nuevamente sacado de las antiguas y verdaderas ystorias, en verso, por guines perez de hita, vecino de la ciudad de Murcia. Año 1596.
Había militado á las órdenes de D. Luis Fajardo, marqués de los Vélez, en la guerra contra los moriscos (1569-1571), y la relación de estas campañas forma el principal asunto de la segunda parte de las Guerras Civiles de Granada, donde quedan muchas pruebas de la nobleza de su corazón, de su humanidad con los vencidos y del horror y lástima que le causaban los desmanes de sus compañeros de armas. Al fin condena en términos expresos el destierro de los moriscos: «Finalmente, los moriscos fueron sacados de sus tierras, y fuera mejor que no se les sacara por lo mucho que han perdido dello su Majestad y todos sus reinos». Se precia de haber salvado, en el horrible estrago que en el pueblo de Felix hizo el endiablado escuadrón de Lorca, á veinte mujeres y un niño de pecho (Parte II, cap. VIII).
[584] «Estas y otras lastimosas cosas decia la afligida Sultana con intento de romper sus transparentes venas para desangrarse; y resuelta en darse este genero de muerte, llamó a Celima y a una doncella cristiana llamada Esperanza de Hita, que la servía, la cual era natural de la villa de Mula, y llevandola su padre y cuatro hermanos a Lorca a desposarla, fueron salteados de moros de Tirieza y Xiquena, y defendiendose los cristianos mataron más de diez y seis moros; y siendo mortalmente heridos los cristianos, cayeron muertos los caballeros». (Parte I, cap. XIV).
[585] Eguilaz (D. Leopoldo), Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental (Granada, 1886), p. 10.
[586] Relaciones de los últimos tiempos del reino de Granada, p. 9.
[587] Pág. 5 de las Relaciones.
[588] Como tradiciones análogas á la del degüello de los Abencerrajes recuerda Schack (Poesía y arte de los árabes en España, traducción de D. Juan Valera, tomo II, 1868, pp. 236-238), la leyenda oriental del exterminio de la tribu de Teccin por un rey de Persia, y la famosa noche toledana del tiempo de Alhaken II (siglo IX). Pudo haber imitación en los pormenores del relato, pero la leyenda granadina no es una mera trasplantación, puesto que tiene un fondo histórico.
[589] «Hubo en Granada un linaje de caballeros, que llamaban los Abencerrajes, que eran la flor de todo aquel reino, porque en gentileza de sus personas, buena gracia, disposicion y gran esfuerzo hacían ventaja a todos los demas; eran muy estimados del rey y de todos los caballeros, y muy amados y quistos de la gente comun. En todas las escaramuzas que entraban salian vencedores, y en todos los regocijos de caballería se señalaban. Ellos inventaban las galas y los trajes, de manera que se podia bien decir que en ejercicio de paz y guerra eran ley de todo el reino. Dicese que nunca hubo Abencerraje escaso ni cobarde, ni de mala disposicion; no se tenia por Abencerraje el que no tenia dama, ni se tenia por dama la que no tenia Abencerraje por servidor. Quiso la fortuna, enemiga de su bien, que desta escelencia cayesen de la que oiras. El rey de Granada hizo a dos destos caballeros, los que más valian, un notable e injusto agravio, movido de falsa informacion que contra ellos tuvo, y quisose decir, aunque yo no lo creo, que estos dos, y a su instancia otros diez, se conjuraron de matar al rey y dividir el reino entre sí, vengando su injuria. Esta conjuracion, siendo verdadera o falsa, fue descubierta, y por no escandalizar el rey al reino, que tanto los amaba, los hizo a todos en una noche degollar; porque a dilatar la injusticia, no fuera poderoso de hacella. Ofrecieronse al rey grandes rescates por sus vidas, mas él aun escuchallo no quiso. Cuando la gente se vio sin esperanza de sus vidas, comenzó de nuevo a llorarlos: lloranbanlos los padres que los engendraron y las madres que los parieron; llorabanlos las damas a quien servian y los caballeros con quien se acompañaban, y toda la gente comun alzaba un tan grande y continuo alarido, como si la ciudad se entrara de enemigos... Sus casas fueron derribadas, sus heredades enajenadas y su nombre dado en el reino por traidor».
[590] Historia del rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada (Málaga, por Juan René, 1600), lib. I, cap. XII.
[591] En esto de la hermosura no parece que anduvo muy bien informado Mármol, porque Hernando de Baeza que la conoció, aunque ya vieja, dice que le pareció que «no habia sido mujer de buen gesto».