[601] Fué también menos imitada que la primera; pero además del espléndido drama de El Tuzani que inspiró á Calderón, todavía se encuentra su rastro en Aben-Humeya, excelente drama histórico de Martínez de la Rosa; en La Alpujarra, de Alarcón, y aun en Los Monfies de la Alpujarra, tremebunda novela de D. Manuel Fernández y González.

[602] Hay que exceptuar dos ó tres únicamente: el que comienza

Las tremolantes banderas
Del grande Fajardo parten
Para las nevadas sierras
Y van camino de Ohánez,
¡Ay de Ohánez!... (cap. X),

que tiene mucho ímpetu bélico y produce cierto efecto de tañido fúnebre con la repetición de las palabras finales, y el de la toma de Galera (cap. XXII), que no es de Pérez de Hita, sino de un amigo suyo, y conserva algunos felices rasgos del bellísimo romance popular de El Conde Arnaldos. Pero la joya poética de esta segunda parte son las proféticas y sombrías endechas que canta una mora delante de Aben Humeya, «haciendo un sonido sordo y melancólico con un plato de estaño» y cayendo muerta al terminar su lúgubre canción:

La sangre vertida
De mi triste padre
Causó que mi madre
Perdiese la vida.
Perdí mis hermanos
En batalla dura,
Porque la ventura
Fue de los cristianos.
Sola quedé, sola,
En la tierra ajena;
¡Ved si con tal pena
Me lleva la ola!
La ola del mal
Es la que me lleva
Y hace la prueba
De dolor mortal.
Dejadme llorar
La gran desventura
Desta guerra dura
Que os dará pesar.
De las blancas sierras
Y ríos y fuentes,
No verán sus gentes
Bien de aquestas guerras;
Menos en Granada
Se verá la zambra
En la ilustre Alhambra
Tanto deseada;
Ni á los Alijares
Hechos á lo moro,
Ni á su río de oro,
Menos á Comares.
Ni tú, don Fernando,
Verás tus banderas
Tremolar ligeras
Con glorioso bando;
Antes destrozadas,
Presas y abatidas
Y muy doloridas,
Tus gentes llevadas
A tierras ajenas;
Metidas en hierros
Por sus grandes yerros
Pasarán mil penas.
No verán los hijos
Dónde están sus padres,
Y andarán las madres
Llenas de letijos,
Con eternos llantos
Muy descarriados
En sierras, collados,
Hallarán quebranto.
Y tú, don Fernando,
No verás los males
De los naturales
Que te están mirando;
Porque tus amigos
Quiere el triste hado
Te habrán acabado
Siéndote enemigos.
Otro rey habrá
También desdichado,
Que amenaza el hado
Como se sabrá.
Y tú, Habaquí,
Por cierto concierto
También serás muerto
¡Mezquino de ti!
El cristiano bando
Viene poderoso;
Volverá glorioso
Despojos llevando;
Y yo estoy llorando
Mi gran desventura,
Y la sepultura
Ya me está aguardando (Cap. XIV).

[603] Sin proponernos apurar aquí la extensa bibliografía de la obra de Ginés Pérez, apuntaremos sólo las ediciones más notables:

Historia de los vandos de los Zegries y Abencerrages, Caualleros moros de Granada, de las Civiles guerras que huuo en ella, y batallas particulares que huuo en la Vega entre Moros y Christianos, hasta que el Rey D. Fernando Quinto la gano. Agora nvevamente sacado de un libro Arauigo, cuyo autor de vista fue un Moro llamado Aben-Amin, natural de Granada. Tratando desde su fundacion. Traduzido en Castellano por Gines Perez de Hita, vezino de la ciudad de Murcia. En Çaragoça. Impreso en casa de Miguel Ximeno Sanchez. M.D.LXXXXV. A costa de Angelo Tabano. 8.º 8 hs. pres. y 307 de texto.

Esta rarísima edición se halla en la Biblioteca Nacional de París, y por ella publicó varios capítulos el Sr. Acero en su curioso centón sobre Pérez de Hita, ya mencionado. Hasta ahora no se conoce otra más antigua, y el editor Angelo Tavano dice rotundamente que era libro nunca hasta ahora impresso. Cítase vagamente una de Alcalá, 1588, pero Brunet duda de su existencia.

Esta primera parte fué reimpresa en Valencia, 1597; Alcalá de Henares, 1598; Lisboa, 1598; Alcalá, 1601; Lisboa, 1603; Barcelona, 1604; Alcalá, 1604; Valencia, 1604; Málaga, 1606; París, 1606 (con dedicatoria de un tal Fortan á la Marquesa de Vernoil; el mismo Fortan aclara al margen varias palabras para inteligencia de los franceses); Barcelona, 1610; Sevilla, 1613; Valencia, 1613; Lisboa, 1616; Barcelona, 1619; Alcalá, 1619; Cuenca, 1619, Valencia, 1613; Sevilla, 1625; Madrid, 1631. Suprimo todas las ediciones posteriores á esta fecha. Hay, por lo menos, doce en todo lo restante del siglo XVII, y aunque vulgares y de surtido, todas son raras, lo cual prueba el gran consumo que se hacia del libro como lectura popular. En el extranjero también servía para texto de lengua; la edición de Fortan fué reimpresa varias veces, una de ellas en 1660.

Seis ediciones, por lo menos, de la primera parte suelta salieron en el siglo XVIII.