[681] T. II, cap. XII. Citado por D. Eustaquio Fernández de Navarrete, en su Bosquejo histórico sobre la novela española.

[682] Exposicion moral sobre el psalmo LXXXVI del real propheta David, dirigido a la muy alta y muy poderosa señora la infanta doña Maria, por George de monte mayor, cātor de la capilla de su alteza.

(Colofón): Esta presente obra fue vista y examinada por el muy reuerēdo y magnifico señor el vicario general en esta metropoli de Toledo y co su licencia impressa en la uniuersidad de Alcala por Joan de Brocar: primero del mes de Março del año de M. D. XLVIII. 4.º gót. 10 hojas.

Es opúsculo rarísimo, del cual Salvá (vid. núm. 816 de su Catálogo) poseyó un ejemplar impreso en pergamino.

La traducción del salmo está en quintillas, con una exposición en prosa.

[683] Fols. 122-125 del Cancionero de Montemayor.

Hubo otros versificadores que cantaron ó graznaron con motivo de la muerte de Feliciano de Silva, lo cual prueba la gran popularidad del sujeto. En el folio 228 vuelto del Cancionero de Montemayor leemos: «embiaron al Autor diez sonetos a la muerte de Feliciano de Silva, y el los boluio a embiar poniendoles al cabo este soneto».

[684] Ya que esta es la última vez que le menciono en este libro, no quiero omitir la increíble noticia que de una extraña habilidad suya nos refiere D. Luis Zapata en su Miscelánea (p. 300).

«Yo vi en mi juventud agora cincuenta años[686], que por tan extraña cosa se me acuerda, que Feliciano de Silva, un caballero de Ciudad Rodrigo, hacía esto. Decíanle: «fulano y fulano combatieron» (que entonces se usaban mucho los desafios y campos), y echaba sus cuentas, y pensando un poco, decía: «venció fulano», y jamás en esto erraba. Y porque se pudiera pensar que diciéndole quién era sabía antes el caso, no le decían más de «Pedro y Juan combatieron», y asi siempre acertaba. Y assí mesmo en los pleitos y en la cátedra: Pedro y Juan pleitearon, ¿por quién se sentenció? decía él: «por fulano». Opusiéronse dos, ó tres, ó más, á una cátedra; ¿quién la llevó? «fulano». Extraña y nueva habilidad, y si como en lo pasado, se entendiera en lo porvenir, no hubiera cosa de mayor importancia para no pretender nadie con otro, sino lo que pudiera alcançar; mas esto de lo porvenir no es de nuestra harina, como lo avisa el Evangelio Santo, sino de Nuestro Señor, ante quien todo es presente, y tiene todas las cosas debajo de su potestad y en su mano».

[685] Fols. 146 vto. y 147 del Cancionero: