La Cayda de Principes, hoy tan olvidada, fué el primer tratado de Boccaccio que se tradujo en España. La versión de los ocho primeros libros pertenece al canciller Pedro López de Ayala, ó á lo menos fué hecha bajo sus auspicios. Quedó incompleta, sin duda por su muerte, y la terminó en 1422, á ruego de Juan Alfonso de Zamora, secretario del rey de Castilla, el entonces deán de Santiago y luego famoso obispo de Burgos don Alonso de Cartagena. Imprimióse en 1495 con este título:

Aqui comiença vn libro: que presento vn doctor | famoso de la cibdad de Florencia llamado Juan bocacio de cercaldo a vn cauallero | su amigo: que auia nombre Maginardo mariscal de la reyna de Sicilia: en el qual | se cuentan las caydas et los abaxamientos que ouieron de sus estados en este mundo | muchos nobles et grandes caualleros: por que los omes no se ensoberuezcan con los | abondamientos de la fortuna.

(Colofón): Finido et acaba- | do fue el presente libro llamado Cayda de los | principes. Impresso en la muy noble e muy le- | al cibdad de Seuilla por Meynardo Ungut | Aleman: e Lançalao Polono compañeros a | XXIX. del mes de dexiebre. Año del Señor de mill | e quatrocientos e nouenta y cinco años.

De esta rarísima edición se conserva en la Biblioteca Colombina un ejemplar, adquirido por su ilustre fundador en Valladolid, á 1.º de diciembre de 1531, por 102 maravedises. La Caída de Príncipes alcanzó varias reimpresiones durante la primera mitad del siglo XVI.

El Arcipreste de Talavera pudo conocer esta versión, que ya existía en su tiempo, pero seguramente no se valió de ella, sino del original latino, y por cierto en mejor texto que el que manejó Ayala, á juzgar por las supresiones é interpolaciones que tiene su libro, á lo menos en el impreso.

Es muy verosímil que el arcipreste conociese el Decameron, pero no tenemos certeza de ello, ni era menester que acudiese allí para encontrar á Peronella y á la mujer de Tofano, que tanto había viajado por Europa desde los tiempos de nuestro Pedro Alfonso. Aun el segundo de estos cuentos puede ser una interpolación (y á ello se inclina Farinelli), puesto que no está en el códice escurialense de la Reprobación del Amor Mundano, único que conocemos, sino sólo en los textos impresos.

El Corbaccio toscano fué traducido al catalán por Narcis Franch é impreso en Barcelona en 1498, y de este libro adquirió un ejemplar en Tarragona D. Fernando Colón en agosto de 1505, por 15 dineros, según consta en el núm. 3961 de su Registrum (Gallardo, Ensayo, II, 541). Pero la traducción debe de ser más antigua, puesto que Gayangos declara en las notas á Ticknor (I, 537) haber visto un tomo manuscrito de letra de fines del siglo XIV, que lleva este título: «Aquest libre se apella Corvatxo, lo qual fonch fet he ordenat per Johan Bocaci soberan poeta laureat de la ciutat de Florencia, en lengua thoscana e agues es estat tornat per Narcis Franch, mercader e ciutada de Barcelona e tracta dels molts maliciosos enganys que les dones molts sovent fan als homens, segons que en lo dit libre se conte». Ni impreso ni manuscrito he llegado á ver este Corbacho catalán.

La mayor prueba de la difusión de la sátira antifemenina de Boccaccio en la parte oriental de nuestra Península nos la da un estupendo y curiosísimo plagio que nadie había notado antes que el Sr. Farinelli, con estar tan á la vista. Todo el razonamiento de Tiresias contra las mujeres, que llena casi por completo el libro tercero del Somni de Bernat Metge, está servilmente copiado del Corbaccio, como demuestra el crítico italiano publicando en dos columnas ambos textos. Después de tal confrontación se queda uno verdaderamente estupefacto al leer los desatinados elogios que de este trozo hizo con su habitual ligereza el difunto escritor balear D. Juan Miguel Guardia, juzgándole digno nada menos que de Aristófanes, de Plauto ó de Rabelais (Le Songe de Bernat Metge, auteur catalan du XV siècle, París, 1889).

En cuanto al Spill ó Libre de les dones de Jaime Roig, nota el Sr. Farinelli algunos rasgos satíricos que concuerdan con otros de Boccaccio, pero encuentra mayores y más frecuentes analogías con el libro del Arcipreste de Talavera (en este sentido debe modificarse lo que digo en el texto, pág. CXVIII).

Esperamos que este doctísimo hispanista nos dará en breve plazo un estudio completo sobre la influencia de Boccaccio en España, tema del mayor interés y que hasta ahora no había sido tratado formalmente por nadie.