Pág. [CXXI]:

El discretísimo D. Juan de Silva, conde de Portalegre, que era portugués de origen por más señas; dice en su carta á D.ª Magdalena de Bobadilla «sobre la diferencia ó conformidad de la saudade portuguesa y soledad castellana»:

«Yo soy tan grosero que ninguna hallo fuera de las letras con que se escriven como entre la enveja y la envidia... Dos cosas dicen y dan por notorias los de la secta de la saudade: la una que no se puede explicar con ningun vocablo de otra lengua; la otra que lo que en Castilla llaman soledad no comprehende tantos misterios como la saudade. A mí antes me persuadirian que el enamorado ha de ser misterioso, y el misterioso portugués, que el no haber vocablo que declare cosa tan extraordinaria... Dizen que la soledad no significa mayor pena que la de estar solo, la qual es muy diferente de estar saudoso, porque solo y saudoso son en portugués muy diferentes afectos, y que como en la soledad no hay término de saudoso, queda siendo de menos quilates.

«Todo esto no me mueve de mi opinion: es menester ver si son unos mismos los humos que se levantan á la cabeza de los enamorados, porque si lo son, ¿qué duda puede haber de que serán una misma cosa saudade y soledad? y si son diferentes, tambien los afectos lo serán, pues la diferencia no ha de consistir en haberle dado otro vocablo, quanto y mas que tambien en Castilla arriman el solitario al solo como en Portugal el solo al saudoso.

«La verdad es que quieren los portugueses que la saudade comprehenda todos los desabrimientos de la ausencia y que se componga de todos; mas lo mismo digo yo de la soledad (y mal haya el diablo porque la conozco tambien...). Dicen que aquella palabra exprime una mezcla de cuidado muy trabada con la pena de estar solo, y no es otra cosa la soledad... Concluyen los portugueses y piensan que concluyen probando que su saudade no sirve para declarar que un hombre está solo, ni para las cosas sin alma como los castellanos aplican la soledad, pues dicen que cuando se halla un hombre con menos criados, ó fuesen sus hijos á caza, se halla en soledad; y dizen la soledad deste bosque ó deste campo ó deste aposento, si está apartado de los otros, y como estas cosas no se pueden dar á entender con la saudade, paréceles que está clara la diferencia entre saudade y soledad. Este argumento es bueno para mi, porque quieren probar lo que falta á la soledad con lo que le sobra, y si se ha mostrado claramente que comprehende todos los atributos de la saudade, mal se probará que es diferente porque tiene otros dos más, ni ciento si los tuviese.

«No podemos negar que los portugueses son grandes artífices y maestros desta sciencia, y que la lengua, por ser más corta, les aprovecha para declarar con gracia y discrecion sus conceptos, aunque sean vulgares, porque hallan metáforas excelentes, torcidos y rretorcidos que dexan mucho que pensar, y con los ditongos no acaban de pronunciar las palabras, ni las cortan como nosotros, sino hácenlas desaparecer como quando entran las estrellas debajo del horiçonte».

Esta carta fué escrita en octubre de 1593.

(Revue Hispanique, 1901, pp. 55-59).

En obra tan tardía como El Diablo Cojuelo, de Luis Vélez de Guevara (1641), encontramos la acepción de soledad en el sentido de saudade: «Don Cleofas... sintiendo la soledad del compañero» (pág. 40 de la edición Bonilla), es decir, encontrándose triste porque su compañero le había dejado solo.

Pág. CCV ([nota 2.ª]):