[217] Fábula XXIII:

Si no he de aprovecharme del dinero,
Una piedra enterrada tanto quiero.

[218] Fábula XXVI de Mey. Corresponde á la XVII del «Isopo de la traslacion nueva de Remigio», en la del infante D. Enrique.

[219] Calila é Dymna, p. 33 en la edición de Gayangos (Escritores en prosa anteriores al siglo XV).

[220] Así en Firenzuola: «il buon uomo, o pur come dicemmo, lo sciocco». En Mey: «el hombre bueno, o si se sufre llamarle bovo».

También pudo consultar La moral filosophia del Doni (Venecia, 1552), que es una refundición del libro de Firenzuola.

[221] Del falso e del torpe.

Dixo Calila: «Dos homes eran en una compaña, et el uno dellos era torpe, e el otro falso, e ficieron aparceria en una mercaderia; et yendo por un camino fallaron una bolsa en que habia mil maravedis, e tomáronla, e ovieron por bien de le tornar a la cibdat. Et quando fueron cerca de la cibdat, dixo el torpe al falso: «Toma la metad destos dineros, et tornaré yo la otra meatad». Et dixo el falso, pensándose levar todos los maravedis: «Non fagamos asi, que metiendo los amigos sus faziendas en manos de otri fazen más durar el amor entre ellos; mas tome cada uno de nos para gastar, e soterremos los otros que fincaren en algun logar apartado, et quando hobiéremos menester dellos, tomarlos hemos». E acordóse el torpe en aquello, et soterraron los maravedis so un arbol muy grande, e fuéronse ende, e despues tornó el falso por los maravedis, e levólos; e cuando fue dias, dixo el falso al torpe: «Vayamos por nuestros maravedis, que yo he menester que despienda». E fuéronse para el logar que los posieron, e cavaron e non fallaron cosa; e comenzóse a mesar el falso et a ferir en sus pechos, et comenzó a dezir: «Non se fie home en ninguno desde aqui, nin se crea por él». E dixo al torpe: «Tú tornaste aqui et tomaste los maravedis». Et comenzó el torpe a jurar e confonderse que lo non feciera, e el falso diciendo: «Non sopo ninguno de los maravedis salvo yo et tú, e tú los tomaste». E sobre esto fuéronse pora la cibdat, e pora el alcall, e el falso querellóse al alcall cómo el torpe le habia tomado los maravedis, e dixo el alcall: «¿Tú has testigos?» Dixo el torpe: «Sí, que fio por Dios que el arbol me será testigo, e me afirmará en lo que yo digo». E sobre esto mandó el alcall que se diesen fiadores, et díxoles: «Venid vos para mí e iremos al arbol que decides». E fuese el falso a su padre et fízogelo saber e contóle toda su fazienda, et díxole: «Yo no dixe al alcall esto que te he contado, salvo por una cosa que pensé; si tú acordares comigo, habremos ganado el haber». Dixo el padre: «¿Qué es?» Dixo el falso: «Yo busqué el mas hueco arbol que pude fallar, e quiero que te vayas esta noche allá e que te metas dentro aquel logar y donde puedas caber, et cuando el alcall fuere ende, e preguntare quién tomó los maravedis, responde tú dentro que el torpe los tomó...

«Et non quedó de le rogar que lo fiziese fasta que gelo otorgó. Et fuese a meter en el arbol, e otro dia de mañana llegó el alcall con ellos al arbol, e preguntóle por los maravedis, e respondió el padre del falso que estaba metido en el arbol, et dixo: «El torpe tomó los maravedis». E maravillóse de aquello el alcall e cuantos ende estaban, e andudo alrededor del arbol, e non vió cosa en que dudase, e mandó meter y mucha leña e ponerla en derredor del arbol, e fizo poner fuego. E cuando llegó el fumo al viejo, e le dió la calor, escomenzó de dar muy grandes voces e demandar acorro; et entonces sacáronle de dentro del arbol medio muerto, e el alcall fizo su pesquisa e sopo toda la verdat, e mandó justiciar al padre e al fijo e tornar los maravedis al torpe; e así el falso perdió todos los maravedis, e su padre fué justiciado por cabsa de la mala cobdicia que ovo et por la arteria que fizo». (Calila e Dymna, ed. Gayangos, pp. 32-33).

Cf. Johannis de Capua Directorium vitae humanae... ed. de Derenbourg, París, 1887, pp. 90-92.