Gallo.—Y ansi no quiriendo olbidarme la rigurosa fortuna de contentarse con el mal pasado me dieron a Coridona por muger, con la qual por su buena fama casé, porque ni era hermosa ni fea, ni tan poco baxa de estado ni alta de generacion y antes pobre que rica, y si con ella casé no pienso, amigo Micillo, que lo causó el apetito de la voluntad ni aun el contento que me quedó de las mujeres pasadas, salvo por el deseo que tenia de haber hijos y tambien por la necesidad que tenia de la guarda de mis bienes y por otras causas que son legitimas para ello y tambien porque pensaba que no teniendo alguna cosa de las que las otras pasadas tenian no me daría la vida que las otras me daban, en especial siendo en todas sus operaciones la mejor y mas sana donzella que creo en el mundo se hallase; mas quiero que sepas, Micillo, que si me guerreó la primera por ser de mejor parte que yo y la segunda por ser el dote tan grande que me dio y la tercera por la gran hermosura que poseyó, que tambien me dio guerra Coridona porque muy buena se halló. La qual quando guerrear me queria me ponia delante el tratamiento que las otras mujeres pasadas me hazian, diciendome: ni vos me meresceys ni ellas fueron mis yguales, porque aunque en linaje la una me hizo ventaja y la otra en riquezas y la otra en hermosura, yo se la hago á ellas en ser muy mejor de mi persona y condicion que ninguna dellas, porque si la primera os trató con poca estima yo os trato con mucha, y si la segunda os pedia quenta en qué dispendiays sus bienes yo huelgo que dispendiays los vuestros; y si la tercera os agrabiaba con sobra de palabras yo os sirvo con sobra de buenas obras; de tal manera que apenas le hablaba con paciencia, quando luego me respondia con yra diciendome: peores afrentas que las pasadas mujeres habia menester yo que no della; que ellas me trataban como yo merescia; de donde venia que ella por mucho hablar, yo por poco sufrir le daba algunos castigos y venia en tanta diferencia con ella y en tanta guerra y discordia que parescia que era más que no las pasadas, y aun digote, amigo, en verdad que fueron mayores las que tubimos despues que engendró un hijo, que quisimos mucho, y aun mucho, mas á menudo reñiamos que antes que lo hubiese; lo uno por el preñado; lo otro porque se tenia por muy buena no osaba hablarle lo que me combenia por no venir con ella en enojo; en fin ella se murio y si más me durara yo me enterrara vivo, porque no me aquerdo estar dia sin pasion ni noche sin renzilla, y yo quedé della tan hostigado que me paresce que hace mas el hombre que sufre á la muy buena mujer que la mujer que sufre al mal varon; por que no hay ninguno por malo que sea que una vez en el dia no perdona la falta de su muger, ni ninguna muger por muy buena que sea que disimule ni enqubra la quiebra del baron; nunca vi cordura tan acertada como lo que hizo Udalio Gario en Jerusalen cuando fue importunado por los tribunos que se casase con Palestina, que porque no veniese el casamiento en efeto puso fuego a todos sus bienes y pregutado porqué lo hizo responde que porque queria mas estar pobre y solo que no rico y mal acompañado, porque sabia que Palestina era mujer loca y presuntuosa; y otra cosa hizo Anteo en Grecia; que por no sufrir las airadas palabras de Hentria su mujer se subio á un gran monte y hizo sacreficio de si mismo quemandose en un gran fuego; Fulsio Catulo en Asia que era del linaje de los partos, viendose descontento con Mina su mujer por la mala vida que con ella tenia, se subio con ella á la mas alta torre de sus palacios y diciendo, nunca plega á los dioses que tú, Mina, des á otro ningun varon mala vida, ni á mi buena otra mujer; y acabadas estas palabras la lanzó de la torre abajo no quedando él encima. Mira bien, Micillo, qué felicidad tienen con sus riquezas los ricos y qué descanso con las mujeres que son casadas; mira si tien aqui qué desear.
Micillo.—¡Oh! mi buen Pitágoras, cuan notables cosas has traido á mi noticia; por cierto á mi me parescen increibles cuando son tan admirables. Mas dime agora, porque rescibo gran deleite [en] te oir, ¿que fueste de ti despues que fueste Epulon el rico?
CAPITULO XIV
Como de Epulon fue transformado en asno; cosa de notar y gran sentencia.
Gallo.—Oyeme, mi buen Micillo, que yo te satisfare; sabras que como complí el espacio de mi vida en el qual había de dejar de ser Epulon, fue llevado á los infiernos á ser sentenciado de mis costumbres y despues que con gran compaña de ánimas me pasó en su barca Aqueron, fue presentado ante las Furias infernales Aleto y Tesifone y los jueces Minos y Pluton, los quales estaban asentados en un tribunal cercados de los acusadores y en siendo empresentado vi ante los ojos junto todo mi mal, que me parescio que otra vez pasaba por él; y como le vi rescebí muy entrañable dolor, tan grande que tuviera por bien dejar de ser; despues que Minos me hubo desanimado mandó que me leyesen la sentencia conforme á su ley é levantóse un viejo calvo de gran autoridad é abriendo un libro dijo ansí: ley teneis ¡oh dioses! conforme á la qual el mismo se puede condenar; pues oíd; el viejo en alta voz leyo ansi: porque los ricos en el mundo mientras viven cometen nefandísimos pecados, robos, usuras, latrocinios, fuerzas, teniendo á los pobres en menosprecio, es determinado por toda nuestra infernal congregación que sus cuerpos padezcan penas entre los condenados y sus ánimas vuelvan al mundo á informar cuerpos de asnos, hasta que conforme á sus obras sea nuestra voluntad. Y como fuese leida esta ley, mandó Minos que fuese asno diez años y luego lo aprobo toda la congregacion y aulló Proserpina y ladró muy fieramente el can Cerbero, porque se requería esta solenidad porque fuese alguna cosa firme y enviolabre en el infierno, y como no pude suplicar fue sacado de allí y en esta oportunidad ofreciose en Egito estar de parto una burra de un geciano, y como vino á parir yo me vine á ser el asno primero que nasció, y desque yo me vi metido en cuerpo tan vil pense rebentar de enojo; mas como vi que era escusada mi pasion pues traía poco provecho el mucho me doler, aunque por una parte pense dejarme morir de hambre y no mamar pensandome escapar de la cruel sentencia, mas desque consideré que era inviolable ley y ya estaba determinado en el senado infernal y como vi que aquel egicio era rico que me podia bien mantener determiné de sufrir con paciencia mi malhadada suerte, pensando que podia venir á manos de otro en el mundo que no me tratase tan bien, y más que como mi amo me veia pequeño y bonito y el primero y que con grandes aullidos me apartaba de la madre y no queria mamar, entre tres hermanos mios se condolia de mi y me traia con gran piedad á las tetas y puestas á la boca me las apretaba y aunque yo no queria me hacia mamar por fuerza.
Micillo.—¡Oh! donosa transformacion de rey y filósofo en asno; ¿y no rescibias en ello enojo? porque me huelgo en te lo oir.
Gallo.—Ansi como acaesce deleitarse el hombre recontando entre sí aquello que en tiempos pasados con prospero estado le acaesció y se regocija en lo contar de nuevo mill veces á sus amigos, representándoles qualquiera particularidad notable que en ello se ofreciere, ansi sin ninguna comparacion apasionan más las adversidades traidas á la memoria, enojan considerar de mucho qualquiera miseria y fatiga que cada cual pasó; mas yo tengo por bien padescer cualquiera dolor que de contarte mis trabajos se me puede seguir, por te complacer. Y ahora, Micillo, sabrás que como fue convalesciendo en edad con gran regalo como el egicio me criaba, esforceme á sufrir mi miseria aunque conosciese mi dolor, y mientra fue pequeño no tengo cosa que de contarte sea, porque con la niñez todos los animales pasan el mal sin sufrir. Inviábame con [mis] hermanos al prado y despues que de mamar y pascer las yerbas tiernas estábamos hartos, armabamos batallas por aquellos campos deleitosos; corriamos con grandes relinchos y saltos; ansi veniamos á juntar con los pechos é boca, peleabamos sin nos herir y despues con mucho placer volviamos á escaramuzar é íbamos á las viñas y mieses; con gran sabor hartábamos nuestros estomagos á nuestro querer, y si los viñadores ó misigeros nos prendaban, nuestro amo sin pasion alguna nos rescataba. Por nos ver borricos, que la edad nos citaba al trabajo, comenzonos el egicio á dar paja y cebada porque nos pusiese el manjar fuerzas y ya yo iba á llevar la comida al campo á los gañanes y la cebada y trigo á la sembrada y aun llevaba á mi amo sobre mi á requerir el ganado y labranzas, y en fin que fue ya grande para llevar cualquiera carga, ofrecio...
CAPÍTULO XV
Como su amo siendo asno lo vendio á los recueros y lo que le sucedio.
Gallo.—Ofrecieronse unos recueros que llegaban á una feria aceite y miel y como me vieron con bueno y gordo dieron á mi amo lo que por mi les fue pedido, y comprado, porque entonces no habia carga para mí, fue vacío hasta la feria, que era unas veinte millas de ahí; y como me pusieron en el camino pasé adelante de todos y comence á caminar apriesa, y como mis amos me vieron contentaronse de mi y yo porque no me adelantase mucho acosaron los otros asnos de manera que tanto quanto yo andaba sin carga, con fuertes palos les hacian caminar á ellos; iban muy airados mis compañeros de mí porque les fatigaban á mi causa, y cada uno que me alcanzaba me mordía con grande enojo, y como no tenian remedio alguno para su trabajo esforzabanse á padescer haciendo conjuracion que llegados al lugar yo se lo pagaría. Y como continuando nuestro camino llegamos á donde habiamos de parar en la feria, echandonos á la caballeriza, y todos descargados unos se volcaron por estregar el sudor y otros tenian ojo á la comida para vengarse de mí; y en fin, despues que nuestros amos hubieron puesto á recado su hacienda, comenzaron echar á cada uno su paja é cebada, é desque á todos dejaron contentos en su pesebre y á mi tambien mi pesebre, fueronse á cenar, e luego juntos todos los otros asnos se vienen á mi pesebre y mordiéndome y acoceándome quitaron dél, y yo queriendome ir á los suyos volvian con gran furia y no me consentian llegar, á tanto que me fué nescesario salirme fuera de la caballeriza, y como había gana de comer acordeme que por la puerta de aquella ciudad por donde entramos había visto unos huertos frescos con muy buenas berzas verdes, y corrí y fue acertar por las calles allá, y como llegué á los huertos, desbordando los valladares y defensas que tenían hechas y entrando, comi á medida de mi estómago y satisfacion, y en lo mas sabroso de mi comer sale un egicio renegando con un gran varal y dame en estas espaldas y cabeza tantos de palos que no podia menearme y derrocado en el suelo daba en mi sin tener piedad de mi miseria. Estando el egicio e yo en esta contienda, que me parescia que no podia escapar de alli vivo ni se diera por mi vida un maravedi, llegan los recueros que ya me andaban á buscar, porque cuando yo sali no me vieron, que estaban comiendo, y pagan el daño hecho en el huerto, y sin hacer cuenta de los palos que hasta entonces me habia dado aquel malaventurado egicio, me dieron otros tantos para me levantarme de alli, asiéndome unos de la cola y otros de la cabeza, pensando que estaba beodo de algun beleño que hubiese comido. Me levantaron á poder de palos y aun por el camino me daban tantos y daguijones que aguijase; llegados al meson metieronme en el establo donde hallé á mis compañeros muy ufanos, y no contentos de concierto se tornan á mi dandome muchas coces y muesos, y con el trabajo pasado y con este yo me eché en el suelo; y no contentos con lo pasado no hacian sino pasar por cima de mi, paresciendoles que estaban contentos por haberse vengado de mi; y yo me quedé en el suelo por descansar; del dolor del cuerpo y de la cabeza no pude dormir; pues venida la mañana volvieron nuestros amos á nos echar de comer; estaban tan enojados los otros asnos, que no contentos no me dejaron llegar al peseble, y yo por no encorrir en otra como la pasada tuve paciencia y callé y quedé sin comer hasta el medio día que ya desenojados tuvieron por bien de me dejar é comí é maté mi hambre, é como duró la feria ese dia é otro convalescí en salud algo, y como los recueros vendieran su mercaderia compraron cargas iguales de trigo para todos, y cargados volvímonos para su tierra y aun como no fuese bien sano y con la carga no pudiese andar tanto como mis compañeros, alli viérades la gran priesa que de contino hacian de varearme con muchos aguijones para que anduviese como los otros, é yendo el camino pasé hasta que fuemos llegado. La vida de aquellos recueros desventurados era á mi parescer la mas misera y la mas trabajada de los hombres, porque nunca hacian sino caminar por sierras y valles y desiertos, por llanos y por pedriscos, ellos á pie, nosotros cargados, con tempestades, pluvias y siestas, sin alguna piedad de si ni de nosotros, con muy gran fatiga y ningun descanso; nunca gozan de sus casas y mujeres é hacienda, ni sosiego de un momento, mas contino trabajo y afan, como verdaderos esclavos alquilados por vil dinero é mandados por su señor; su contino mantinimiento es una pobre fruta ajo é cebolla y pan de perros, y si alguna vez se desmandaban á comer algun miserable tasajo en alguna venta, danselo guisado que yo siendo asno no lo querria ver y aquello tienen por bueno y sano. Acaescio que venimos en un arroyo y en un turbio cenagal donde caidas las cargas reniegan como perros y maldicen su ventura; teníamos yo y mis compañeros metidos los brazos y pies en el lodo hasta las espaldas y el agua que nos cobría; ¡oh miseria de nuestro vivir! qué trabajo era vernos sin remedio de nuestra salud! que mientra más fuerza poniamos para levantarnos más se nos somian los pies en el lodo hasta más no poder entrar ya la agua que nos cubria por cima; ¡oh miseria de nuestro vivir! ¡qué trabajo era vernos sin remedio de poder escapar con las vidas! En fin, como pudieron desliaron el trigo y atollando en el lodo hasta la cintura lo sacaron á la orilla, no les pesando tanto por nosotros como porque perdian el interés y trabajo pasado; buscaron unas mulas de carreta uncidas en uno, echaron unas sogas, por medio del cuerpo nos ataban y ansi las mulas nos sacaban arrastrando del charco. Ansi, escapados desta tempestuosa fragosidad, fuemos con todo trabajo hasta sus casas, adonde llegados salen unas brutas amazonas que tenían por mujeres y puestas las cargas en tierra y nos dan de comer. Estábamos tan fatigados que ninguno curó de comer ni llegar al peseble, sino arrojarnos en aquel establo por descansar; y como las mujeres supieron la fortuna acontecida, rasgabanse con las uñas el rostro y traian los hijos porque llorasen con ellas. Despues que por algunos dias hubieron llorado su dolor, como vieron perdido el trigo acordaron de remediar con vender algunos de nosotros para tornar á tratar, y para esto nos trujeron á una ciudad que estaba en los confines de Grecia, adonde se hacía una feria.