MIÇILO çapatero pobre y vn GALLO suyo.
O líbreme Dios de gallo tan maldito y tan bozinglero. Dios te sea aduerso en tu deseado mantenimiento, pues con tu ronco y importuno bozear me quitas y estorbas mi sabroso y bienauenturado sueño, holganza tan apazible de todas las cosas.
Ayer en todo el dia no leuanté cabeça trabajando con el alesna y cerda: y avn con dificultad es passada la media noche y ya me desasosiegas en mi dormir. Calla, sino en verdad que te dé con esta horma en la cabeça; que mas prouecho me harás en la olla quando amanezca, que hazes ay bozeando.
Gallo.—Marauillome de tu ingratitud, Miçilo, pues a mí que tanto prouecho te hago en despertarte por ser ya hora conveniente al trabajo, con tanta cólera me maldizes y blasfemas. No era eso lo que ayer dezias renegando de la pobreza, sino que querias trabajar de noche y de dia por auer alguna riqueza.
Miçilo.—O Dios inmortal, ¿qué es esto que oyo? ¿El gallo habla? ¿Qué mal aguero o monstruoso prodigio es este?
Gallo.—¿Y deso te escandalizas, y con tanta turbasion te marauillas, o Miçilo?
Miçilo.—¿Pues, cómo y no me tengo de marauillar de vn tan prodigioso aconteçimiento? ¿Qué tengo de pensar sino que algun demonio habla en ti? Por lo qual me conuiene que te corte la cabeça, porque acaso en algun tiempo no me hagas otra mas peligrosa ylusion. ¿Huyes? ¿Por qué no esperas?
Gallo.—Ten paçiençia, Miçilo, y oye lo que te diré: que te quiero mostrar quán poca razon tienes de escandalizarte, y avn confio que despues no te pessará oyrme.
Miçilo.—Agora siendo gallo, dime ¿tu quién eres?
Gallo.—¿Nunca oyste dezir de aquel gran philosopho Pithagoras, y de su famosa opinion que tenia?