Miçilo.—Vnos clerigos santos que andan en esta villa nos dizen que no.

Gallo.—Dexate desos santones. Opinion fue de vnos herejes llamados Manicheos condenada por conçilio, que dezian: que en ninguna manera era liçito jurar. Pero a mi pareçeme que es liçito imitar a Dios, pues el juró por si mesmo quando quiso hazer çierta la promessa a habraan. Donde dize San Pablo que no auia otro mayor por quien jurasse Dios, que lo jurara como juró por si, y en la sagrada escriptura a cada passo se hallan juramentos de profetas y santos que juran por vida de Dios[306], y el mesmo San Pablo le jura con toda su santidad, que dixo escriuiendo a los Galatas: si por la gracia somos hijos de dios, luego juro a dios que somos herederos. Y hazia bien, porque ninguno jura sino por el que más ama, y por el que conoçe ser mayor. Ansi dize el refran: quien bien le jura, bien le cree. Pero dexado esto, yo te prometo contar cosas verdaderas y de admiraçion con que sobrelleuando el trabajo te deleyte y de plazer. Pues venido al principio de mi ser tú sabrás que como te he dicho yo fue aquel gran filosofo Pythagoras samio hijo de Menesarra, honbre rico y de gran negoçio en la mercaderia.

Miçilo.—Espera, gallo, que ya me acuerdo, que yo he oydo dezir dese sabio y santo filosofo, que enseñó muchas buenas cosas a los de su tiempo. Agora, pues, dime, gallo, porque via dexando de ser aquel filosofo veniste a ser gallo, vn aue de tan poca estima y valor?

Gallo.—Primero que viniesse a ser gallo fue transformado en otras diuersidades de animales y gentes, entre las quales he sido rana, y hombre bajo popular y Rey.

Miçilo.—Y qué Rey fueste?

Gallo.—Yo fue Sardanapalo Rey de los Medos mucho antes que fuese Pithagoras.

Miçilo.—Agora me parece, gallo, que me comienças a encantar, o por mejor dezir a engañar, porque comienças por vna cosa tan repugnante y tan lejos de verisimilitud para poderla creer. Porque segun yo te he oydo y me acuerdo, ese filosofo Pithagoras fue el mas virtuoso hombre que huuo en su tiempo. El qual por aprender los secretos de la tierra y del cielo se fue a Egipto con aquellos sabios que alli auia en el templo que entonces dezian Sacerdotes de Jupiter Amon que vibian en las Syrtes, y de alli se vino a visitar los magos a Babilonia, que era otro genero de sabios, y al fin se voluio a la ytalia, donde llegado a la ciudad de Croton hallo que reinaua mucho alli la luxuria, y el deleyte, y el suntuoso comer y beber, de lo qual los apartó con su buena doctrina, y exemplo. Este hizo admirables leyes de templança, modestia y castidad, en las quales mandó que ninguno comiesse carne, por apartarlos de la luxuria, y desta manera bastó refrenarlos de los viçios y tambien mandaua a sus discipulos que por çinco años no hablassen, porque conoçia el buen sabio quantos males vengan en el mundo por el hablar demassiado. ¡Quan contrarias fueron estas dos cosas a las costumbres y vida de Sardanapalo Rey de los Medos, del qual he oydo cosas tan contrarias que me hazen creer que finges por burlar de mi! Porque he oydo dezir que fue el mayor gloton y luxurioso que huuo en sus tiempos, tanto que señalaua premios a los inuentores de guisados y comeres, y a los que de nueuo le enseñasen maneras de luxuriar, y ansi este infeliz suçio mando poner en su sepoltura estas palabras: aqui yaze Sardanapalo, Rey de Medos, hijo de Anazindaro: Come honbre, bebe y juega, y conociendo que eres mortal satisfaz tu animo de los deleytes presentes, porque despues no hay de que puedas con alegria gozar. Que ansi hize yo, y solo me queda que comi y harté este mi apetito de luxuria y deleyte, y en fin todo se queda acá, y yo resulto conuertido en poluo! Mira pues, o gallo, qué manifiesta contrariedad ay entre estos dos por donde veo yo que me estimes en poco pues tan claramente propones cosa tan lexos de verisimilitud. O parece que descuydado en tu fingir manifiestes la vanidad de tu fiçion.

Gallo.—O quan pertinaz estás, Miçilo, en tu incredulidad, ya no sé con que juramentos ó palabras te asegure para que me quieras oyr. Quanto mas te admirarias si te dixesse, que fue yo tambien en vn tiempo aquel Emperador Romano Heliogabalo, vn tan disoluto gloton y vicioso en su comer.

Miçilo.—O valame dios si verdad es lo que me conto este dia passado este nuestro vezino Demophon, que dixo que lo hauia leido en vn libro que dixo llamarse Selua de varia leçion. Por cierto si verdad es, y no lo finge aquel auctor, argumento me es muy claro de lo que presumo de ti, porque en el viçio de comer y beber y luxuriar excede avn a Sardanapalo sin comparaçion.

Gallo.—De pocas cosas te comienças a admirar, ó Miçilo y de cosas faciles de entender te comienças a alterar, y mueues dubdas y objeçiones que causan repunançia y perplegidad en tu entendimiento. Lo qual todo naçe de la poca esperiençia que tienes de las cosas, y principalmente proçede en ti esa tu confusion de no ser ocupado hasta aqui en la especulaçion de la filosofia, donde se aprende y sabe la naturaleza de las cosas. Donde si tú te hubieras exercitado supieras la rayz porque aborreci el deleyte y luxuria siendo Pythagoras, y le segui avn con tanto estudio siendo Heliogabalo, o Sardanapalo. No te fatigues agora por saber el prinçipio de naturaleza por donde proçeda esta variedad de inclinaçion, porque ni haze a tu proposito ni te haze menester, ni nos deuemos agora en esto ocupar. Solamente por te dar manera de sabor y graçia en el trabajar pretendo que sepas como todo lo fue, y lo que en cada estado passé, y conocerás como de sabios y neçios, ricos, pobres, reyes y filosofos, el mejor estado y mas seguro de los bayuenes de fortuna tienes tú, y que entre todos los hombres tú eres el mas feliz.