Miçilo.—Mayor santidad tuuieran estando en sus casas en oraçion y recogimiento.

Gallo.—-De las quales[382] teniamos nuestras çiertas granjerias, como camisas, pañizuelos de narizes: y la ropa blanca labada cada semana: y algunas ollas y otros guisadillos regalados[383] y algunoe vizcochos y rosquillas: y como vian todos la bondad que representaua hablome vn letrado rico si queria enseñarle vnos niños pequeños que tenia, sus hijos.

Miçilo.—Por cierto a cuerdo lobo encomendaua los corderos: hydeputa y qué Socrates, Pythagoras o Platon: ¿y qué les enseñauas?

Gallo.—Lleuaualos y trayalos del estudio, de casa del bachiller de la gramatica.

Miçilo.—Eso no era sino enseñarles el camino por donde auian de yr y venir. De manera que moço de çiego te pudieran llamar.

Gallo.—Ansi es. Acompañaua tanbien á su muger á qualquiera parte que queria salir, lleuauala de la mano, y avn algunas vezes la rascaua en la palma. Aqui estube dos años en esta casa y de aqui me fue a mi tierra á seruir vn curazgo.

Miçilo.—Pues ¿porque te fueste de Valladolid?[384]

Gallo.—Porque obo çierta sospecha en casa que me fue forçado salir de alli.

Miçilo.—¿Pues de que fue esa sospecha?

Gallo.—Allegate aca y dezirtelo he a la oreja.