Miçilo.—Dime, gallo, ¿porqué te detenías tanto y hazias tantos encareçimientos?
Gallo.—Poco sabes deste menester. Todo esto que yo hazia era para ençenderle más el apetito; para que le supiesse más el bocado de la manzana que le esperaua dar. Que avn mucho más se le encareçí como verás. Pues como mi madre le reçibió se sentó en la sala con él diziendole: señor, yo os he deseado hablar por pediros de merçed que pues publicais que teneis affiçion a mi hija doña María, no la hagais obras que sean su destruiçion. Porque ya creo que, señor, sabreis, y sino quiero os lo dezir, que yo fue muger de vn valeroso cauallero de Salamanca de los mejores Maldonados; del qual me quedó vn hijo y esta hija que es la lunbre de mys ojos; y sabed que mi marido poseyó vn cuento de renta mientra viuio; porque su padre dispuso en su testamento que le poseyesse él por su vida por ser mayor; y que siendo él muerto suçediesse el hijo menor, hermano de my marido[501], con tal condiçion que diesse a cada vno de los hijos que quedassen al mayor çinco mil ducados; y sino se los quisiese dar que suçediesse en ello el hijo mayor adelante en su linea; y ansi el hermano de mi marido se ha metido en el mayorazgo y no quiere dar los diez mil ducados que deue a mis dos hijos; y ansi ha dos años que pleyteo con él, donde espero la segunda sentençia que es final en esta causa, que se dará antes de diez dias. En cuya confiança yo desposé a mi hija con vn cauallero muy prinçipal de aquella çiudad, mandandole los diez mil ducados en docte porque mi hijo le[502] haze donaçión de los suyos si yo le diese agora quinientos[503] ducados, porque va a Rodas por la encomienda[504] de San Juan, y está todo el despacho hecho del Rey y de su informaçion. Agora, señor hijo, yo os he querido hablar por dos cosas. Lo primero suplicaros que os tenpleis en vuestro ruar; porque cada dia esperamos al esposo de doña Maria; y si él venido tomasse sospecha de vos seria tomar vn siniestro que la echassedes a perder; y lo segundo que os quiero suplicar es que hagais esta buena obra a doña Maria mi hija, pues todo es para su remedio y bien, que nos presteis estos quinientos[505] ducados para con que enbiemos mi hijo de aqui: que yo os haré vna cédula de os los pagar auida agora la sentençia y execuçion; y en lo demas mi hija y yo estamos aqui para os lo servir; que no será ella tan ingrata que visto el bien que la hazeis no huelgue de os hazer el plazer que querreis; y diciendo esto le tomó mi madre por la mano y me le metio a vna camara donde yo estaua con una vela rezando en vnas Horas, y la verdad que te diga estaua rogando al demonio açertase mi madre en su petiçion; y como le[506] vi entrar fingi alguna alteraçion[507], y mirando bien le reçebí con mi mesura; y él mostró quererme[508] bessar el pie, y auiendo algo hablado en cosas uniuersales de la corte, del Rey, de las damas y caualleros, traxes y galanes, saliendose mi madre me dexó sola con él. El qual se fue luego para mí trabajando por me bessar, pero yo me defendí por gran pieza hasta que mi madre entró y le sacó afuera diziendo que le queria hablar, y él se le quexó mucho de mi desabrimiento y desamor jurando que me daria toda su hazienda si le quisiesse complazer. Mira, Miçilo, si el detenerme como tú antes me reprehendias si me aprouechó.
Miçilo.—Por çierto, artifiçial maestra estauas ya.
Gallo.—Pues mira mi madre como acudió, que luego le dixo: Señor es niña y teme a su esposo, y nunca en tal se vio. Ella me obedeçera si le mando que se meta en vna cama con vos. Pues echandose á los pies de mi madre le dixo: hazedlo vos, Señora, por las plagas de Dios, que yo os daré quanto querais, y ansi fueron luego entre si conçertados que él le daria los quinientos ducados, y que mi madre le hiziesse la çedula de se los pagar dentro de vn mes; y que ella hiziesse que yo dormiesse vna noche con él, y ansi quedó que para la noche siguiente se truxiessen los dineros y hecha la çedula me diessen en rehenes a mi, y ansi en ese otro dia entendimos en aparejar lo que se deuia de hazer. Que pagamos la huespeda y despedimos la casa diçiendo que en anocheçiendo nos auiamos de yr, y comprando mi hermano vn par de mulas le auisamos de todo lo que auia de hazer. Pues luego venida la noche vino el mercader a lo conçertado que avn no se le coçia el pan, y nos dió luego los quinientos[509] ducados y mi madre le hizo la çedula a su contento[510] de se los pagar dentro de vn, mes, y luego se aparejó la çena qual el nouio la proueyó; la qual acabada con mucho contento suyo nos metió mi madre en mi camara y çerró por defuera, y el se desnudó suplicandome que me acostasse con él, y yo dezia llorando con lagrimas que no haria a mi esposo tan gran traiçion, y él se leuantó y asiendo de mi se mostró enojar a porfia[511] conmigo, y yo por ninguna fuerça le quise obedeçer, pero lloraua muy vivas lágrimas, y él tomando a requerirme por bien; y yo ni por bien ni por mal, y ansi auiendo pasado alguna parte de la noche en esta porfia oymos llamar a la puerta de la calle con furia, sintiendo gran huella de caualgaduras, y era mi hermano que traya las mulas en que auiamos de partir, y entonçes mostrando alteraçion dixele que estuuiesse atento. Estando ansi hyrio mi madre a la puerta de la camara con furia y entrando dixo: ¡ay hija! que tu esposo es venido y preguntando por ti sube a te[512] ver, y diziendo esto tomamos ambas a mi seruidor, y ansi en camisa con vna espada en la mano le hezimos salir por vna recamara a un corredor que para este caso auiamos quitado unas tablas del suelo, y como él entró por alli con intinçion de se recoger hasta ver el suçeso, al primer passo cayó en vn corral, de donde no podia salir por estar çerrado al rededor; y luego yo vestiendome de todos los vestidos de mi galan, que me conoçian ya porque en ellos me crié, y despedidos de la huespeda los vnos a los otros no nos vimos mas hasta oy. De aqui nos fuemos a Seuilla y a Valençia, donde hize lançes de grande admiraçion.
Miçilo.—Espantado me tienes ¡o gallo! con tu osadia y atreuimiento con que acometias semejantes hazañas. Que la flaqueza de ser muger no te encogia el animo a temer el[513] gran peligro en que ponias tu persona?
Gallo.—¿Qué diçes, Miçilo, flaqueza y encogimiento de animo? Pues más de veras te espantaras de mi quando yo fue Cleopatra: si me vieras con quanto estado y magestad me presenté ante Julio Cesar quando vino en Egipto en seguimiento de Pompeo, y[514] vieras vn vanquete que le hize alli para le coger[515] la voluntad, y que si me vieras en vna vatalla que di a Octauiano Çesar junto al promontorio de Leucadia, donde estuuo la fortuna en punto de poner en mi poder a Roma. En la qual mostre bien con mi ardid y desemboltura varonil la voluntad y ánimo que tuue de vençer las vanderas Romanas y lleuar delante de mi trihunfo a[516] Çesar vençido. Todo esto quiero dexar para otro tiempo en que tengamos mas lugar; y agora quiero te dezir de quando fue monja, lo qual por ser ya venido el dia en el canto que se sigue proseguiré.
Fin del séptimo canto del gallo.
NOTAS:
[480] Tachado: Siguesse el septimo canto del Gallo de Luçiano orador griego, contrahecho en el castellano por el mesmo autor.
[481] G., nillados.