Miçilo.—Dese Icaro Menipo he oido mucho dezir, y de ti deseo saber más del, porque mejor que ninguno sabras la verdad.
Gallo.—Pues mira agora de quién quieres que te diga, que en todo te quiero complazer.
Miçilo.—Aunque al presente vurles de mí ¡o ingeniossissimo gallo! con tu admirable y fingido cuento[491] te ruego me digas: luego como te desnudaste del cuerpo de frayle, de cúyo cuerpo te vestiste?
Gallo.—El de vna muy honrrada y reuerenda monja; avnque vana como es el natural de todas las otras.
Miçilo.—¡O valame Dios! que conueniençia tienen entre si capitan, frayle y monja? De manera que fue tiempo en el qual tú, generosissimo gallo, te atauiauas y lauauas y ungias como muger; y tenias aquellas pesadunbres, purgaçiones y miserias que tienen todas las otras. Marauillome como pudiste subjetar aquella braueza y orgullo de animo con que regias la fiereza de tus soldados, a la cobardia y flaqueza de la mujer; y no de qualquiera, pero de vna tan afeminada y pusilanime como una monja; que demas de su natural, tiene profesada cobardia y paçiençia.
Gallo.—¿Y deso te marauillas? Antes te hago saber que yo fue aquella famosa ramera Cleopatra egipçia hermana de aquel barbaro Tholomeo que hizo cortar la cabeça al gran Pompeo quando vençido de Julio Cesar en la Farsalia se acogió á su ribera; y otro tienpo fue en Roma vna cortesana llamada Julia Aspassia mantuana en tienpo del papa Leon deçimo. Que en loçania y aparato exçedia a las cortesanas de mi tienpo; y ansi tuve debajo de mi dominio y subjeçion a todos quantos cortesanos auia en Roma desde el mas graue y ançiano cardenal, hasta el camarero de monseñor. Pues cómo te marauillaras si vieras el brío y desdeño con que solia yo a todos tratar! Pues qué si te dixesse los engaños, fingimientos y cautelas de que yo vsaua para los atraer; y despues quanto injeniaua para los sacar la moneda que era mi vltimado[492] fin. Solamente querria que el tienpo nos diese lugar a te contar quando fue vna ramera de Toledo en España. Que te quisiera contar las costunbres y vida que tuue desde que naci; y prinçipalmente como me ube con vn gentil mançebo mercader y el pago que le di.
Miçilo.—¡O mi eloquentissimo gallo! que ya no mi sieruo sino mi señor te puedo llamar, pues en tienpos[493] de tu buena fortuna no solamente çapateros miseros como yo, pero tuuiste debajo de tu mando reyes y Cesares de gran valor. Dime agora, yo te ruego, eso que propones, que con affecto te deseo oyr.
Gallo.—Pues tú sabras que yo fue hija de vn pobre perayre en aquella çiudad de Toledo, que ganaua de comer pobremente con el trabajo contino de vnas cardas y peynes; que ya sabes que se hazen en aquella çiudad muchos paños y bonetes; y mi madre por el consiguiente viuia hylando lana; y otras vezes labando paños en casa de hombres ricos mercaderes y otros çiudadanos.
Miçilo.—Semejantes mujeres salen de tales padres: que pocas vezes se crian bagasas de padres nobles.
Gallo.—Eramos vn hermano y yo pequeños, que él auia doze años y yo diez; ni mi madre nunca tubo mas; y yo era mochacha bonica y de buen donayre y çiertamente cobdiçiosa de pareçer a todos bien; y ansi como fue creçiendo de cada dia más me preçiaua de mi y me yua apegando a los honbres; y ansi avn en aquella poca edad qualquiera que podia me daua vn alcançe, o empellon, de qual que pellizco en el braço, o trauarme de la oreja o de la barua. De manera que pareçia que todos trabajauan por me madurar, como quien dize a pulgaradas, y yo me vine saboreando y tascando en aquellos saynetes que me sabian como miel; y ansi vn moço del cardenal Fray Françisco Ximenez de Çisneros, que viuia junto a nosotros me dio vnos zarçicos de plata y vnas calças y seruillas con que me començé a pulir y a pisar de puntillas. Alçaua la cofia sobre las orejas y traya la saya corta por mostrarlo todo; y ansi començé yo a gallear, andar y mirar con donayre, el cuello erguido, y no me dexaua tanbien hollar de mi madre; que por qualquiera cosa que me dixesse la haçia rostro rezongando a la contina y murmurando entre dientes, y cuando me enojaua luego la amenaçaua con aquel cantar diziendo: Pues bien, para esta; que agora veniran los soldados de la guerra, madre mia, y lleuarme han; y ansi suçedió como yo quería. Que en aquél tienpo determinó el cardenal Fray Françisco de Çisneros emprender la conquista de Oran en Africa, y haziendo gente todos me combidauan si queria yo yr allá, y acosaronme tanto que me hizieron dezir que si, y ansi aquel moço de casa del Cardenal dió notiçia de mí a vn gentil honbre de casa que era su amo, que se llamaua Françisco de Vaena que yua por Capitan; el qual sobre çiertas conueniençias y capitulos que comigo firmó, y en mi ombligo selló, se encargó de me llenar, y porque era mochacha pareçiole que yria yo en el habito de paje con menos pesadunbre; y ansi me vistió muy graçiosamente sayo y jubon de raso de colores y calças con sus tafetanes, y me puso en vna muy graçiosa acanea, y como la partida estuuo a punto, dando cantonada a mis padres, me fue con él. Aqui te quisiera dezir cosas marauillosas que passauan entre sí los soldados, pero porque avn abrá tiempo y proposito quiero proseguir en lo que començé. Aqui supe yo mil auisos y donayres y gentilezas; las cuales aprendí porque otras muchas mugeres que yuan en la compañia las tratauan y hablauan con el alferez, sargento y caporal y con otros offiçiales y gentiles honbres delante de mí, pensando que era yo varon. En fin yo amaestrada deseaua boluer ya acá para viuir por mi y tratar a mi plazer con mas libertad; porque no podia hablar todo lo que queria en aquel habito que me vistió; que por ser zeloso el capitan no me dexaua momento de junto a si, y mandóme que sopena de muerte a ninguno descubriesse ser muger. Pues suçedió que en vna escaramuça que se dio a los moros fue mal herido el capitan, y mandandome quanto tenia murio; y por dudar el suçeso de la guerra y pensando que avnque los nuestros huuiessen vitoria y diessen la çiudad a saco más tenia yo ya saqueado que podia saquear, me determiné boluer a España antes que fuesse de algun soldado entendida; y ansi me concerté con vn mercader que en vna carauela lleuava de España al real prouision, que me huuiesse de passar; y ansi cogido mi fato, lo mas secretamente que pude me passé, y con la mayor priessa que pude me bolui a mi Toledo, donde en llegando supe que mi padre era muerto; y como mi madre me vió me reçibió con plazer, porque vió que yo venia razonablemente proueyda: que de más de las ropas de seda muchas y muy buenas que hube del Capitan, traya yo doçientos ducados que me dixo que tenia en vna bolsa secreta al tienpo de su muerte. De lo qual todo me vestí bien de todo genero de ropas de dama al vso y tiempo muy gallardas y costosas, y por tener ojo a ganar con aquello más. Hize vasquiñas, saboyanas, verdugados, saltaenbarca, nazarena, reboçiños, faldrillas, briales, manteos, y otras ropas de paseo, de por casa, de raso, de tafetan y de chamelote; y quando lo tube a punto nos fuemos todos tres a Salamanca, que ya era my hermano buen moço y de buena dispusiçion, y en aquella çiudad tomamos una buena casa en la calle del Prior. Donde llamandome doña Hieronima de Sandoual, en dos meses que allí estuue gané horros çien ducados entre estudiantes generosos y caualleros naturales del pueblo; y como supe que la corte era venida a Valladolid enbié a mi hermano que en vna calle de conversaçion me tomasse vna buena posada, y él me la alquiló de buen reçebimiento y cunplimiento en el barrio de San Miguel. Donde como llegamos fuemos reçebidos de vna huespeda honrrada con buena voluntad. Aqui mi madre me recató mucho de todos quantos auia en casa, diçiendo que ella era vna bibda de Salamanca, muger de vn cauallero defunto, y que venia en vn gran pleyto por sacar diez mil ducados que auia de auer para mi de docte, de la legitima de mi padre que tenia vsurpado un tio mío que suçedió en el mayorazgo; y yo ansi me recogi y me escondi con gran recatamiento que ninguno me pudiesse ver sino en açecho y asalto; y ansi la huespeda començo a publicar que estaua alli vna linda donzella, hija de vna viuda de Salamanca, muy rica y hermosa a marauilla, proçediendo con quantos hablaua en el cuento de mi venida y estado; y tanbien ayudó a lo publicar vna moça que para nuestro seruiçio tomamos; y yo en vna ventana baja de vna sala que salia a la calle hize vna muy graçiosa y vistosa zelosía, por donde a la contina azechaua mostrandome y escondiendome, dando a entender que a todos queria huyr y que no me viessen.[494] Con lo qual a todos quantos cortesanos passauan daua ocasion que de mi estado y persona procurassen saber; y algunas vezes parandome muy atauiada a vna ventana grande, con mi mirar y aparato, a las vezes haziendo que queria huyr, y a las[495] vezes queriendome mostrar fingiendo algunos descuydos, ponia a todos más[496] deseo de me ver. Andaua ya gran multitud de seruidores, caualleros y señores de salua enbiando presentes y seruiçios y ofreçimientos, y a todos mi madre despedia diziendo que su hija era donzella y que no eramos mugeres de palaçio y passatiempo, que se sufria herrar; que se fuessen con dios. Entre todos quantos en mi picaron se adelantó más vn mançebo mercader estrangero rico, gentil honbre y de gran aparato: era en fin como le deseaua yo. Este más que ninguno otro se arriscó, a se me ofrecer trabajando todo lo posible porque yo le diesse audiençia; y como la moça le inportunaua sobre muchos mensajes, musicas y seruiçios y contino pasearme la puerta, alcançó de mi que yo le huuiesse de oyr, y sobre tienpos tasados y aplazados le falté mas de veynte vezes diziendo que mi madre no lo auia de sauer; y en el entretanto ningun mensaje le reçebia que no me lo pagaua con el doblo: que çamarro, saboyana, pieza de terciopelo, joyel, sortixa: de manera que ya que vna noche a la hora de maytines le vine a hablar por entre las puertas de la calle sin le abrir, me auia dado joyas de mas de doçientos ducados. En aquella vez que allí le hablé yo le dixe que en la verdad yo era desposada con un cauallero en Salamanca, y que agora esperaua auer la sentencia de los diez mil ducados de mi docte, y que aguardaua a mi esposo que auia de venir a me uer: por lo qual le rogaua yo mucho que no me infamasse, que daria ocasion de gran mal; y el pobre mançebo desesperado de salud lloraua y maldeziase con gran cuyta, suplicandome puesto de rodillas en el suelo ante las puertas çerradas que le diesse liçençia como vn dia se viesse delante de mi, que le pareçia no desear otra beatitud; y yo mostrandome algo piadosa y como por su gran importunidad le dixe: Señor, no penseis ni espereis de mí, que por todos los tesoros del mundo haria cosa que menoscabasse mi honrra y honestidad; pero eso que me pedis alcançadlo vos de mi señora, que podra[497] ser que lo haga yo. Con esta palabra se consoló en tanta manera que pareçió entonces de nueuo[498] resucitar, porque entendio della dezirla yo con alguna parte de affiçion sino que ser yo donzella y niña me causaua tener sienpre aquel desden, y no me atreuer a más liberalidad; y ansi me despedi dexandole a la puerta sollozcando y sospirando, y sin ninguna[499] pena ni cuydado me fue a dormir, y porque estuuiesse mi madre auisada de lo que se deuia hazer le conté lo que la noche passó. Luego por el dia proueyo mi seruidor para mi casa todo lo que fue menester, enbiando a suplicar a mi madre le diesse liçençia para la venir a visitar, y ella le enbió a dezir que viniesse pero que fuesse con tanto auiso y miramiento que no peligrasse nuestra honrra, y que antes ella le deseaua hablar por aduertirle de lo que nos conuenia, y que ansi le encomendaua viniesse cuando fuesse anocheçido, y que la huespeda no le[500] sintiesse; y ansi él vino anocheçiendo y entró con tanto recatamiento como si escalara la casa del rey.