Gallo.—Ayer te prometi, Miçilo, de tratar oy materia no qualquiera ni vulgar, pero la mas alta y mas encumbrada[687] que humano ingenio puede conçebir. No de la tierra ni de las cosas bajas y suezes de por acá: mas de aquellas que por su estrañeza el juizio humano no las basta conprehender. Tengo de cantar oy cómo siendo Icaro Menipo subi al çielo morada y habitaçion propria de Dios; oy tienes neçesidad de nueuo entendimiento y nueua atençion, porque te tengo oy de dezir cosas que ni nunca las vieron ojos, ni orejas las oyeron, ni en entendimiento humano pudo nunca caber lo que tiene allá Dios aparejado para los que le desean seruir. Despierta bien: ronpe esos ojos del alma y mirame acá, que quiero dezir las cosas marauillosas que en el çielo vi, oy, hablé y miré. La estançia, asiento, lugar de los Santos y de Dios. Dezirte he la dispusiçion, mouimiento, camino, distançia que tienen los çielos, estrellas, nubes, luna y sol entre sí allá. Las quales si oydas no creyeres, esto solo me sera gloria a mi, y señal de mi mayor feliçidad, pues por mis ojos vi, y con todos mis sentidos gusté cosas tan altas que a todos los honbres causan admiraçion, y passan a lo que pueden creer.

Miçilo.—Yo te ruego, mi gallo, que oy con intimo affecto te esfuerçes a me conplazer, porque me tienes suspenso de lo que has de hablar. Que avn si te plaze dexaré el offiçio por mostrarte la atençion que te tengo, pues con los ojos ternia los sentidos y entendimiento todo en ti. Espeçie me pareçeria ser de infidelidad si vn honbre tan bajo y tan suez como yo no creyesse a vn honbre çelestial y diuino como tú.

Gallo.—No quiero, Miçilo, que dexes de trabajar: no demos ocasion a morir de hanbre, pues todo se puede hazer. Prinçipalmente quando de ti tengo entendido que cuelgas con tus orejas de mi lengua, como hizieron los françeses de la lengua de Hercules Ogomio admirable orador. Agora, pues, oyeme y sabras que como yo considerasse en el mundo con gran cuydado todas las cosas que hay entre los mortales, y hallasse ser todas dignas de risa, bajas y pereçederas, las riquezas, los inperios, los offiçios de Republica y mandos, menospreçiando todo esto, con gran deseo me esforçé a emplear mi entendimiento y affiçion en aquellas cosas que de su cogeta son buenas a la verdad; y ansi cobdiçié passar destas cosas tenebrosas y obscuras y volar hasta la naturaleza y criador de todas, y a este desseo me mouio y ençendio más la consideraçion deste que los philosophos llaman mundo. Porque nunca pude en esta vida hallar de qué manera fuesse hecho, ni quién le hizo: donde tubo principio y fin. Despues desto quando en particular le deçendia a contemplar mucho más me causaua admiraçion y dubda: quando via las estrellas ser arroxadas con gran furia por el çielo yr huyendo. Tanbien deseaua saber qué cosa fuesse el sol, y sobre todo deseaua conoçer los açidentes de la luna, porque me pareçian cosas increybles y marauillosas, y pensaua que algun gran secreto que no se podia declarar causaua en ella tanta mudança de espeçies, formas y figuras. Aquella braueza con que el rayo sale con aquel resplandor, tronido espantoso y ronpimiento de nube, y el agua, la nieue, el graniço enbiada[688] de lo alto. Pareçianme ser todas estas cosas difiçiles al entendimiento, en tanta manera que por ninguna fuerça de nuestra naturaleza se podian por algun honbre conprehender acá. Pero con todo esto quise saber qué era lo que destas cosas los nuestros philosophos sentian: porque oya dezir a todos, que ellos enseñauan toda verdad. Tanbien reçebia gran confusion considerando aquella sublimidad y alteza de los çielos: prinçipalmente del empireo y de su perpetuidad. El trono de Dios; el asiento de los santos, y la manera de su premiar y beatificaçion. El orden que ay en la muchedunbre de todos los coros angelicales. Pues primero quisse sujetarme a la disçiplina destos nuestros maestros, los quales no poco estan inchados y presumptuosos con estos titulos, diziendo que enhastiados de las cosas de la tierra volan a alcançar la alteza de las cosas çelestiales: lo qual no seria en ellos poco de estimar si ello fuesse ansi. Pero quando en aquellas comunes academias entré y miré todos los que en la manera de disputa y liçion mostrauan enseñar, entre todos vi el habito y rostro muy particular en algunos, que sin preguntar lo conoçieras auerse leuantado con el titulo de çelestiales. Porque todos los otros avnque platicauan profesion de saber, debajo de un vniuersal baptismo y fe trayan vn vestido no differente del comun. Pero estos otros mostrauan ser de vna particular religion, por estar vestidos de una cuculla y[689] habito y traxe particular, y avn entre ellos differian en el color; y aunque en su presunçion, arogançia, obstentaçion, desden y sobreçejo mostrassen ser los que yo vuscaua, quise preguntar por me satisfazer, y ansi me llegué a vno de aquellos que a aprender concurrian alli, y a lo que le pregunté me respondio señalandomelos con el dedo: estos son maestros de la philosophia y theologia natural y çelestial; y ansi con el deseo que lleuaua de saber, con gran obediençia me deposité a su disçiplina, proponiendo de no salir de su escuela hasta que huuiesse satisfecho a mi dubda y confusion[690]. ¡O Dios inmortal qué martirio passé alli!: que començando por vno de aquellos maestros segun el orden que ellos tenian entre sí, a cabo de vn año que me tenía quebrada la cabeça con solo difinir terminos cathegorematicos y sincathegorimaticos, analogos, absolutos y conotatiuos, contradiçiones y contrariedades, solo me hallé en vn laberinto de confusion. Quise adelante ver si en el otro auria algo más que gustar: y en todo vn año nunca se acabó de enseñar vna demostraçion: ni nunca colegi cosa que pudiesse entender.

Consolauame pensando que el tiempo, avnque no el arte, me traeria a estado y preçetor que sin perdida de más edad[691] me llegaria[692] a mi fin; y ansi entré ya a oyr los prinçipios de la philosophia natural; y esto solo te quiero hazer saber: que a cabo de muchos dias solo me faltaua ser libre de aquella neçedad y ignoraba con que vine alli. Porque fueron tantas las opiniones y diuersidad de no sé que prinçipios de naturaleza: insecables atomos: inumerables formas; diuersidad de materias; ideas primeras y segundas intençiones; tantas questiones de vacuo y infinito que quanto más alli estaua más me enboscaua en el laberinto de confusion; y esto solo entre todas las otras cosas no podia sufrir; que como en ninguna cosa entre si ellos conueniessen, mas antes en todo se contradezian, y contra todo quanto affirmaban arguian, pero con todo esto me mandaban que los creyesse dezir la verdad, y cada vno dellos me forçaua persuadir y atraer con su razon.

Miçilo.—Cosa marauillosa me cuentas; que siendo esos hombres tan santos y religiosos y de conçiençia no sacassen en breue la suma de sus sçiençias, y solo aquello enseñassen que no se pudiesse contradezir. O a lo menos que se enseñasse lo que en suma tuuiesse más verdad, dexados aparte tantos argumentos y questiones tan inpertinentes al proposito de lo que se pretende saber.

Gallo.—Pues en verdad mucho más te reyrias, Miçilo, si los viesses con la arogançia y confiança que hablan, no tratando cosa de verdad, ni que avn tenga en si sustançia ni ser. Porque como quiera que ellos huellan esta tierra que nosotros hollamos, que en esto ninguna ventaja nos llevan, ni en el sentido del viso son mas perspicaçes que nosotros, mas antes ay muchos dellos que casi estan çiegos y torpes por la vejez. Y con todo esto afirman ver y conoçer los terminos del çielo, y se atreuen a medir el sol, y determinar la naturaleza de la luna y todo lo que sobre ella está; y como si huuieran deçendido de las mesmas estrellas señalan su figura y grandeza de cada qual; y ellos que puede ser que no sepan quantas leguas ay de Valladolid a Cabezon, determinan la distançia que ay de çielo a çielo, y quantos cobdos ay del çielo de la luna al del sol; y ansi difinen la altura del ayre, y la redondez de la tierra, y la profundidad del mar; y para estas sus vanidades pintan no sé que çirculos, triangulos y quadrangulos, y hazen vnas figuras de espheras con las quales sueñan medir el ambitu y magnitud del çielo; y lo que es peor y mayor señal de presunçion y arogançia, que hablando de cosas tan inçiertas como estas, y que tan lexos estan de la aueriguaçion, no hablan palabra ni la proponen debajo de conjecturas, ni de maneras de dezir que muestren dubdar. Pero con tanta çertidumbre lo afirman y bozean que no dan lugar a que otro alguno lo pueda disputar ni contradezir. Pues si tratamos de lo alto del çielo tanto se atreuen los theologos deste tienpo a difinir las cosas reseruadas al pecho de Dios como si cada dia sobre el gouierno del mundo vniuersal comunicassen con él. Pues de la dispusiçion y orden de allá ninguna cosa dizen que no quieran[693] que sea aueriguada conclusion, o oraculo que de su mano escriuio Dios como las tablas que dio a Moysen. Pues como yo no pudiesse de la dotrina destos colegir algo que me sacasse de mi ignorançia, mas antes sus opiniones y variedades mas me confundian, dime a pensar qué medio abria para satisfazer a mi deseo, porque çierto de cada dia más me atormentauan. Como suele aconteçer al natural del honbre, que si alguna cosa se le antoja y en el alma le encaxa, quanto mas le priban della mas el apetito le soliçita. Prinçipalmente porque se me encaxó en el alma que no podia alcançar satisfaçion de mi deseo aca en el mundo si no subia al çielo y a la comunicaçion de los bienauenturados; y avnque en este pensamiento me reya de mi, el gran cuydado me mostró la via como me suçedio. Porque viendome mi genio (digo el angel de mi guarda) en tanto aflito comouido por piedad y tanbien por se gloriar entre todos los otros genios auer impetrado de Dios este priuillejio para su clientulo, ansi se fue a los pies de su magestad con gran inportunidad diziendo que no se leuantaria de alli hasta que le otorgase vn don; le pidio liçençia para me poder subir a los çielos y pudiesse gozar de todo lo que ay allá; y como el mi genio era muy pribado suyo se lo concedio con tal que fuesse en vn breue termino y[694] no me quedasse allá; y ansi venido a mi, como me halló en aquella agonia casi fuera de mi juizio, sin exerçitar ningun sentido su officio me arrebató y volo comigo por los ayres arriba. ¡O soberano Dios! ¿por donde començaré, Micilo, lo mucho que se me ofreçe dezir? Quiero que ante todas cosas sepas que desde el punto que mi buen genio de la tierra me desapegó y començamos por los ayres a subir fue dotado de vna agilidad, de vna ligereza con que façilmente y sin sentir pesadunbre volaua por donde queria sin que alguna cosa, ni elemento, ni çielo me lo estoruase; fue con esto doctado de vna perspicaçidad y agudeça de entendimiento y habilidad de sentidos que juzgaua estar todos en su perfeçion. Porque quanto quiera que muy alto subiamos no dexaua de ver y oyr todas las cosas tan en particular como si estuuiera en aquella distançia que acá en el mundo estos sentidos acostunbran sentir.

Miçilo.—Pues yo te ruego agora, gallo, porque mas bienauenturada y apazible me sea tu narraçion, me cuentes en particular lo que espero de ti saber, y es que no sientas molestia en me notar aquellos secretos que proçediendo en tu peregrinaçion de la tierra, del mar, de los ayres, çielos, luna y sol y de los otros elementos, pudiste entender y de lo alto especular.

Gallo.—Por çierto, Miçilo, bien me dizes. Por lo qual tú yendo comigo con atençion, si de algo me descuydare despertarme has, porque ninguna cosa reseruaré para mí por te conplazer. Penetramos todos los ayres y esphera del fuego sin alguna lision, y no paramos hasta el çielo de la luna, que es el çielo primero y más inferior, donde me asenté y començe de alli a mirar y contenplar todas las cosas; y lo primero que miré fue la tierra que me pareçio muy pequeña y muy menor sin conparaçion que la luna. Mirela muy en particular y holgué mucho en ver sus tres partes prinçipales: Europa, Assia y Africa. La braueza del mar, los deleitosos xardines, huertas, florestas, y las fuentes y caudalosos rios que la riegan, con sus apaçibles riberas. Aquellas altas y brauas montañas y graçiosos valles que la dan tanto deleyte.

Miçilo.—Dime, gallo, ¿cómo llaman los philosophos a la tierra redonda, pues vemos por la esperiençia ser gibosa y por muchas partes prolongada por la muchedumbre de montañas que en ella ay?

Gallo.—No dubdes Miçilo, ser redonda la tierra considerada segun su total y natural condiçion, puesto caso que en algunas partes esté alterada con montañas y bagios de valles; porque esto no la quita su redondez natural; y ansi considera el proueymiento del sumo Hazedor que la fundó para el prouecho de los honbres. Que viendo auer en diuersas partes diuersos naturales y disposiçiones de yeruas, rayzes y arboles neçesarios para la conseruaçion de los honbres para cuyo fin los crió, dispuso las montañas altas para que alli con el demasiado calor y sequedad se crie vn genero de arboles y frutas que no naçerian en los valles hondos y sonbrios; y hizo los valles porque nasçiesen alli otros generos de frutas, mieses y pastos por causa de la humidad[695], los quales no naçerian en lo alto de la montaña. Arriba en la montaña, en vnas ay grandes mineros de metales, maderas preçiosas y espeçias odoriferas; yeruas saludables; y en otras marauillosas[696] vestias y otros animales de admirable fiereza. Abajo en el valle naçen los panes, pastos abundantes y gruesos[697] para los ganados, y los vinos muy preçiados, y otras muy graçiosas frutas y arboledas. Ves aqui como todo lo dispuso Dios conforme a la vtilidad del vniuerso, como quien él es. Esta quiso que fuesse inmobil como çentro y medio del vniuersal mundo que crió; y hizo que elementos y çielos reboluyessen en torno della para la disponer mejor. Y despues que en estas sus partes contenplé la tierra deçendí mas en particular a mirar la vida de los mortales, y no solo en comun, pero de particulares naçiones y çiudades, scithas, arabes, persas, indos, medos, partos, griegos, germanos, ytalos y hispanos; y despues desçendí a sus costunbres, leyes y vibiendas. Miré las ocupaçiones de todos, de los que nauegan, de los que van a la guerra, de los que labran los campos, de los que litigan en las audiençias forales, de las mugeres, y de todas las fieras y animalias[698], y finalmente todo lo que está sobre la tierra; y no solamente alcançé a ver lo que hazen en publico, pero avn via muy claro lo que cada qual haria en secreto. Via los muy vedados y peligrosos adulterios que se hazian en camaras y retretes de prinçipes y señores del mundo; los hurtos, homiçidios, sacrilegios, inçendios, trayçiones, robos y engaños que entre hermanos y amigos passauan. De los quales si te huuiesse dezir en particular no abria lugar para lo que tengo en intençion[699]. Las ligas, los monipodios, passiones por proprios intereses; las vsuras, los canbios y los trafagos de merchanes y mercaderes en las[700] ferias y mercados.