Suponen los textos franceses que los padres de Berta, Flores y Blancaflor, eran reyes de Hungría. La Conquista de Ultramar los trae á España y los hace reyes de Almería. La narración está muy abreviada en lo que toca al casamiento del rey Pipino y á las astucias de la sierva, que era hija del ama de Berta. «Por ende el ama, su madre, hizo prender á Berta en lugar de su hija, diciendo que quisiera matar a su señora, e hizola condenar a muerte; asi que el ama mesma la dio a dos escuderos que la fuesen a matar a una floresta do el rey cazaba; e mandóles que trajiesen el corazon della; e ellos, con gran lástima que della hobieron, non la quisieron matar; mas ataronla a un arbol en camisa, e en cabello, e dejaronla estar asi, e sacaron el corazon á un can que traian e levaronlo al ama traidora en lugar de su fija; e desta manera creyo el ama que era muerta su señora, e que quedaba su hija por reina de la tierra».

Después de este seco resumen, la narración se anima, y la influencia, aunque remota, del texto poético se siente al referir las aventuras de Berta en el bosque.

«Mas nuestro Señor Dios non quiso que tan gran traicion como esta fuese mucho adelante, é como son sus juicios fuertes ó maravillosos de conoscer á los hombres, buscó manera extraña porque este mal se desficiese; é quiso así, que aquella noche mesma que los escuderos levaron á Berta al monte é la ataron al árbol, así como de suso vistes, que el montanero del rey Pepino, que guardaba aquel monte, posaba cerca de aquel lugar do la infanta Berta estaba atada, é cuando oyó las grandes voces que daba, como aquella que estaba en punto de muerte, que era en el mes de enero, ó que no tenia otra cosa vestida sino la camisa, é sin esto, que estaba atada muy fuertemente al árbol, fué corriendo hácia aquella parte; é cuando la vió espantóse, creyendo que era fantasma ó otra cosa mala; pero cuando la oyó nombrar á nuestro Señor é á Santa María, entendió que era mujer cuitada, é llegóse á ella é preguntóle qué cosa era ó qué había. É ella respúsole que era mujer mezquina, é que estaba en aquel martirio por sus pecados; é él díxole que no la desataría fasta que le contase todo su fecho por que estaba así; é ella contógelo todo; é él entonce hobo muy gran piedad della, é desatóla luego, é levóla á aquellas casas del Rey en que él moraba, que eran en aquella montaña, é mandó á su mujer é á dos hijas muy hermosas, que eran de la edad della, que le hiciesen mucha honra ó mucho placer, ó mandóles que dixesen que era su hija, é vestióla como á ellas, é castigó á las mozas que nunca la llamasen sino hermana. É aconteció así, que después bien de tres años fué el rey Pepino á cazar aquella montaña. É después que hobo corrido monte, fué á aquellas sus casas, é dióle aquel su hombre muy bien de comer de muchos manjares. É ante que quitasen los manteles, hizo á su mujer é aquellas tres doncellas, que él llamaba hijas, que le levasen fruta; é ellas supiéronlo hacer tan apuestamente, que el Rey fué muy contento. É paróles mientes, é violas muy hermosas á todas tres, mas parescióle mejor Berta que las otras; ca en aquella sazon la más hermosa mujer era que hobiese en ninguna parte del mundo. É cuando la hobo así parado mientes un gran rato, hizo llamar al montanero, é preguntóle si eran todas tres sus hijas, é él dixo que sí. É cuando fué la noche, él fué á dormir á vna cámara apartada de sus caballeros, é mandó á aquel montanero que le trajese aquella su hija, é él hízolo así. É Pepino hóbola esa noche é empreñóla de un hijo, é aquel fué Cárlos Maynete el Bueno. É el rey Pepino, cuando se hobo de ir, dióle de sus dones, é hizo mucha mesura á aquella dueña, que creía que era hija del montanero, é mandó á su padre que gela guardase muy bien, pero en manera que fuese muy secreto».

Prosigue narrando la Crónica de Ultramar cómo Blancaflor, madre de la verdadera Berta, descubrió la superchería del ama y de su hija, sirviendo de último signo de reconocimiento el pequeño defecto de los pies, que en La Gran Conquista está más especificado que en el poema de Adenet. «É Berta no habia otra fealdad sino los dos dedos que había en los piés de medio, que eran cerrados[250]. É por ende, cuando Blancaflor trabó dellos, vió ciertamente que no era aquella su hija, é con gran pesar que hobo, tornóse así como mujer fuera de seso, é tomóla por los cabellos, é sacóla de la cama fuera, é comenzóla de herir muy de recio á azotes é á puñadas, diciendo á grandes voces: «¡Ay Flores, mi señor, qué buena hija habernos perdido, é qué gran traicion nos ha hecho el rey Pepino é la su corte, que teníamos por las más leales cosas del mundo; así que á la su verdad enviamos nuestra hija, é agora hánnosla muerta, é la sierva, hija de su ama, metieron en su lugar!».

Confesada por el ama la traición, y querellándose acerbamente Blancaflor de la muerte de su hija, el Rey hace buscar á los escuderos que habían sido encargados del crimen, y por ellos y por el montanero viene á descubrirse la verdad del caso y la existencia de la verdadera Berta, que de su ayuntamiento con el Rey tenía ya un hijo de seis años, el futuro Carlo Magno. En el poema de Adenès, la aventura amorosa de Pipino es posterior al descubrimiento del fraude, y efecto de este mismo descubrimiento, siendo ésta la principal diferencia entre ambos textos. El traductor castellano sólo puso de su cosecha la donación que Blancaflor hizo á su nieto Carlos «del reino de Córdoba é de Almería é toda la otra tierra que había nombre España». Pero esta donación no llegó á tener cumplimiento porque «luego hobo desacuerdo entre los de la tierra, de manera que non la pudieron defender; é con este desacuerdo que hobo entre ellos, ganáronla los reyes moros, que eran del linaje de Abenhumaya».[251]

La historia de Berta se presenta muy ampliada y enriquecida con accesorios novelescos en la gran compilación italiana I Reali di Francia, cuyo autor Andrea da Barberino, nacido en 1370, vivía aún en 1431[252]. El sexto libro de esta obra tan popular todavía en Italia como lo es entre nosotros la traducción del Fierabrás (vulgarmente llamada Historia de Carlomagno), trata en diez y siete capítulos de las aventuras de Berta y del nacimiento de Carlos. Pío Rajna supone que el autor conocía el poema de Adenet, pero las diferencias son de bastante bulto y Gastón París se inclinaba á negarlo. Los nombres no son ni los de Adenet ni los del compilador franco-itálico del manuscrito de Venecia. Los motivos de las aventuras son diferentes también, y algunos rasgos parecen de grande antigüedad, como el de la concepción de Carlos Magno en un carro, lo cual antes de él se había dicho de Carlos Martel (Iste fuit in carro natus) y es acaso expresión simbólica de un nacimiento ilegítimo[253]. En lo que convienen I Reali y el manuscrito de Venecia es en la idea genealógica de emparentar á la pérfida sierva con los traidores de la casa de Maganza. Estas invenciones cíclicas sirvieron á los compiladores de decadencia para establecer cierto lazo ficticio entre sus interminables fábulas. La de Berta, en tiempo de Adenet, corría todavía aislada, pues no hay rastro en él de semejante parentesco.

La versión de I Reali fué la que adoptó, echándola á perder en su maldita prosa, Antonio de Eslava, é introduciendo en ella algunas variantes arbitrarias é infelices, que desfiguran y envilecen el carácter de la heroína, y complican inútilmente el relato de sus aventuras con circunstancias ociosas y ridículas. Pipino se casa en terceras nupcias con Berta, siendo ya muy viejo y «casi impotente para el acto de la generación.[254] Para buscar novia entre las doncellas de cualquier linaje ó estado, abre en París una especie de certamen de hermosura, señalando á cada dama mil escudos de oro «para el excesivo gasto que hiciesen en venir á las fiestas y juntas reales que con este motivo se celebran. «Allí tuviera harto que hazer el juyzio de Paris si avia de juzgar quál era más hermosa... Y entre éstas vino la hija del Conde de Melgaria, llamada Verta, la del gran pie, hermana de Dudon Rey de Aquitania: llamávase assi, por respecto que tenía el un pie mayor que el otro, en mucho estremo; mas dexada esta desproporcion aparte, era la más hermosa y dispuesta criatura de todas las Damas».

Eslava describe prolijamente su traje y atavío, cometiendo los más chistosos anacronismos é incongruencias. Baste decir que, entre otras cosas, llevaba «por ayron y garzota un cupidillo misturado de olorosas pastillas, de tal suerte que despedía de sí un olor suavísimo». El viejo Emperador, como era natural, se enamora de ella en cuanto la vé, mas «ella estava algo picada de Dudon de Lis, Almirante de Francia, mozo galan y dispuesto, que en las fiestas se avia mostrado como valiente cavallero». Este mismo Dudon de Lis es el que va en nombre del Emperador á pedir la novia, á desposarse con ella por poderes y acompañarla á Francia. «En este camino se urdió y tramó una de las más fraudulentas marañas que jamás habrán oydo, y fué que la nueva Emperatriz traya consigo una donzella secretaria suya, hija de la casa de Maganza, la qual en la edad y en el talle y hermosura le parecía tanto que los Cortesanos de su Corte se engañaran muchas veces, si no fuera el desengaño la diferencia de los costosísimos vestidos que llevaba la Emperatriz; y esta se llamaba Fiameta, y era tan querida y amada de la hermosa Verta, que con ella y con otra no comunicava sus íntimos secretos».

Y aquí comienza la más absurda perversión que Eslava hizo en la leyenda, pues es la misma Berta la que, enamorada de Dudon de Lis y poco satisfecha con «el decrépito viejo» que la espera, sugiere á su doncella la estratagema de que la suplante en el lecho nupcial, haciéndose ella pasar por secretaria, para poder de este modo casarse con el almirante[255]. Préstase á todo la falsa Fiameta (nombre de Boccaccio muy inoportunamente sustituido al de Elisetta que tiene en I Reali y Aliste en el poema de Adenès); pero temerosa de que el engaño llegue á descubrirse y ella deje de ser Emperatriz, se decide á trabajar por cuenta propia y á deshacerse de Berta, después de consumada la superchería. La orden de matarla, el abandono en el bosque, la acogida que encuentra en la cabaña del montero del rey, el descubrimiento de la falsa Berta por la madre de la verdadera, la cacería del Rey y su aventura, amorosa, no difieren mucho de los datos de la leyenda antigua, pero están torpemente viciados con la grosera inverosimilitud de prestarse tan de buen grado la liviana Berta á los deseos de aquel mismo viejo decrépito que tanto la repugnaba antes[256]. El final de la historia concuerda enteramente con el texto de I Reali, incluso la disparatadísima etimología que da al nombre de Carlo Magno: «Y assi mandó á Lipulo el Emperador que antes que los monteros cazadores llegasen á aquel asignado lugar, le hiziessen una cama en el campo orillas del rio Magno, en un carro que allí estava, por el excessivo calor que hazia, y por estar algo lexos del estruendo y vozes de tanto tumulto de gente, ...y assi fué cubierto el carro de muchas y frescas ramas, aviendo servido de acarrear piedra y leña. En él se acostó el cansado Emperador, con su legítima mujer aunque no conocida... Desta hermosa Berta nació Carlo Magno, sucesor del Emperador Pipino su padre: llamóse assi porque fué engendrado (como dicho tengo) en un carro, orillas del rio Magno, y assi se llamó Carro Magno, aunque agora se llama Carlo Magno».

Esta rapsodia, que aun prescindiendo de lo adocenado de su estilo es claro testimonio de la degeneración del sentido épico en los que ya sin comprenderlas repetían las leyendas de la Edad Media, tuvo tan escandalosa fortuna, que volviendo en el siglo XVIII á Francia, donde estas narraciones estaban completamente olvidadas con haber tenido allí su cuna, ocupó en 1777 las páginas de la Bibliothèque Universelle des Romans, y á favor de esta célebre compilación, se difundió por toda Europa, que entonces volvió á enterarse (¡y de qué manera!) de los infortunios de la pobre Berta, tan calumniada por el refundidor español. Pero como no hay mal que por bien no venga, acaso esta caricatura sirvió para despertar la curiosidad de los investigadores, y hacer que se remontasen á las fuentes primitivas de esta narración poética.