[759] G., en esta deuoçion.
[760] G., siguira.
[761] G., deçimo terçio.
ARGUMENTO
DEL DEÇIMO QUARTO CANTO DEL GALLO[762]
En el deçimo quarto canto que se sigue el auctor concluye con la subida del çielo y propone tratar la bajada del infierno[763] declarando muchas cosas que açerca dél tuuieron los gentiles historiadores y poetas antiguos.
Miçilo.—Ya estoy esperando, ¡o graçioso gallo y celestial Menipo! que con tu dulçe y eloquente canto satisfagas mi spirito tan deseoso de saber las cosas del çielo como de estar allá. Por lo qual te ruego no te sea pesadumbre auer de satisfazer mi alma que tanto cuelga de lo que la has oy de dezir.
Gallo.—No puedo, Miçilo, negar oy tu petiçion, y ansi digo que si bien me acuerdo me pediste ayer te dixesse el asiento y orden que los angeles y bienauenturados tienen en el cielo se conoçe allá entre ellos la ventaja de su bienauenturança. Para lo qual deues entender que todo aquel lugar en que angeles y santos estan ante Dios está relumbrando de oro muy marauilloso que excede sin comparaçion al de acá, juntamente con el resplandor inestimable de que su cogeta da el çielo en que está, como te dixe en el canto passado; y este lugar está todo adornado de muy preciosas margaritas conuenientes a semejante estancia. Estan pues todos aquellos moradores ocupados en ver a Dios, del qual como de vna fuente perenal proçede y emana sumo goço y alegria la qual nunca los da hastio; pero mientra mas della gozan mas la desean. En esto está su bienauenturança y la ventaja conoçela en sí cada qual en la más, o menos comunicaçion en que se les da Dios. Cada vno está contento con ver a Dios, y ninguno tiene cuenta con la ventaja que otro le pueda[764] tener, porque alli ni ay delantera, ni lugar en que la preheminençia se pueda conoçer. No ay asientos ni sillas, porque el spiritu no reçibe cansançio sentado ni en pie, ni ocupa lugar, y do quiera que el bienauenturado está tiene delante y a su lado y junto a si a Dios, y ninguno está tan çerca de si mesmo como está Dios dél. De manera que sillas y lugares y orden y preheminençia del çielo no está en otra cosa sino en el pecho de Dios, quanto a su mayor o menor comunicaçion; y todo lo demas que vosotros en este caso por acá dezis es por via de metaphora, o manera de dezir, porque lo podais mejor entender en vuestra manera de hablar. En esta presençia vniuersal de Dios que te he dado a entender están en coros los santos ante su magestad, a los quales todos mi angel me guió por los ver. Estaua en lo mas çercano (a lo que me pareçió) al trono y acatamiento de Dios la madre benditissima del Saluador rodeada de aquella compañia de los viejos padres de la religion cristiana, doze apostoles y discipulos de Cristo y euangelistas, rodeados de angeles que con gran musica y melodia de diuersos instrumentos y admirables bozes continuan sin nunca çesar gloria a Dios. Siguen a estos grandes compañas de martires con palmas en las manos y vnas guirnaldas de roble çelestial en las cabezas, que denotaua su fortaleza con que sufrieron los martirios por Cristo. Por el semejante estos estauan acompañados de la mesma abundançia de musica, y enbelesados y arrebatados en la vision diuina. Estaua luego vna inumerable multitud de confessores, pontifiçes, perlados, saçerdotes y religiosos que en vidas honestas y recogidas acabaron y se fueron a gozar de Dios. En vn muy florido y ameno prado de flores muy graçiosas y de toda hermosura y deleyte estaua vna gran compaña de damas, de las quales demas de su veldad echauan de si vn tan admirable resplandor que pribara todo juizio humano si de beatitud no comunicara. Estas, sentadas en torno en aquella çelestial verdura, hazian gran cuenta de vna prniçipal guia que las entonaua y ponia en una musica que con altissimo orden loaua á Dios. Tenian todas muy graçiosas guirnaldas en sus cabeças, entretexidas rosas, violetas, jazmines, halhelies y de otro infinito genero de flores naçidas allá que no se podian marchitar ni corromper. Dellas tañian organos, dellas clauicordios, monacordios, clauiçimbanos y otras diuersas sonaxas acompañados[765] con vozes de gran suauidad. Estas, me dixo mi angel que era la bianauenturada Santa Ursula con su compañia de virgenes; porque demas de sus honze mil auia alli otro inumerable cuento dellas. Aqui conoçi las almas de mis padres y parientes y de otras muchas personas señaladas que yo acá conoçi, que dexo yo agora de nombrar por no te ser importuno. A las quales conoçi por vna çierta manera de alumbramiento que por su bondad Dios me comunicó, la cual es vna manera de conoçerse los bienauenturados entre sí para su mayor gozo y gloriosa comunicaçion. En esta alta y soberana conuersaçion que tengo contado estuue ocho dias por preuillegio y don soberano de Dios.
Miçilo.—Por çierto, gallo, mucho me has dicho; y tanto que humano pensamiento nunca tal conçibió; bien pareçe que has estado allá; por lo qual bien te podemos[766] llamar çelestial. Dime agora que deseo mucho saber; allá en el cielo ay noches y dias differentes entre sí?
Gallo.—No, pero despues venido acá me saludauan mis amigos como ausente de tanto tiempo, y por la cuenta que hallé que contauan en el mes. Que allá todo es luz, claridad, alegria y plazer. No ay tinieblas, obscuridad ni noche donde está Dios que es luz y lumbre eterna a los que viben allá. En estos ocho dias vi, hablé y comuniqué con todos mis parientes, amigos y conocidos, y a todos los abracé con mucho plazer y alegria, y me preguntaron por los parientes y amigos que tenian acá, y yo los[767] dezia todo el bien dellos con que más los podia complazer y deleytar, y no era en mi mano dezirles cosas que los pudiesse entristecer, avnque de ninguna cosa reçibieran ellos turbaçion ya que se la dixera: porque allá estan tan conformes con la voluntad de Dios que ninguna cosa que acá suçeda los puede turbar, porque tienen entendido que proçede todo de Dios, porque en Dios y ellos sola ay vna voluntad y querer.
Miçilo.—Dime agora, gallo, ¿qué manera de habla y lenguaje vsan allá?