Miçilo.—¡Oh gallo! quán engañado estás conmigo pues me preguntas si duermo. Cosas me cuentas que aun con ser picado del aspide vn puro flematico no podria dormir. Despierto estoy y con gran atençión. Porque es tan grande el espanto y miedo que me han metido en el cuerpo esas visiones, sierpes, demonios, penas, tormentos que viste alli que si me viesses abrias de mí piedad. Enheriçados los cabellos, fria toda la sangre, sin pulso y sin pestañear. En fin, estoy tal que de temor he çesado del trabajo; por tanto dy, que ansi te quiero oyr.

Gallo.—Porque ya casi viene la mañana oye, que solo proporne lo que adelante oyras. Pareçiome como en aquel gran campo me apeé vn poderoso y estendido real, qual me acuerdo auerle visto por Xerses Rey de persas en la segunda expediçion que hizo contra athenienses despues de muerto su padre Dario. En el qual exerçito juntó vn millon y çien mil hombres. En aquel dia que Xerxes se subio en vna alta montaña por ver su exerçito que estaua por vn gran llano tendido por chozas, ramadas, tiendas y pabellones, que a vna parte auia fuegos, a otra humos, a otra comian y bebian los honbres, y a otra se matauan. En fin, espantado el mesmo Xerxes de ver tanta multitud lloró considerando que dentro de çien años ninguno auia de quedar de aquella multitud. Ansi me pareçió Miçilo, ser aquel campo del infierno, donde auia vna inimaginable distançia, en la qual vagaua inumerable cantidad de demonios y almas. Auia vn ruydo, vna grita, vna confusion que no sé a qué te la pueda comparar, porque en el mundo nunca tal se vio. Auia llamas, fuegos, humos, golpes de espada, de segures y hachas. Sonido de grillos y cadenas, lagrimas, lloros y bozes. ¡O Dios inmortal! quando aqui me ví, no sé con qué palabras te lo pueda encareçer; ¡tanta era la confusion y espanto! En fin no me osaua soltar vn momento de la mano del my angel, porque del mesmo suelo que ollaua tenia temor. Auia horcas de diuersas maneras en que estauan almas, vnas colgadas por los pies, otras por la cabeça, otras por medio del cuerpo, otras por los cabellos. Auia hoyas muy hondas llenas de culebras, sierpes, lagartos, sapos, alacranes, aspides y otros animales ponzoñosos, donde los demonios echauan grandes cantidades de almas. Otros nadauan por rios y lagunas de pez, azufre y resina, ardiendo sin se hundir ni nunca poder llegar a la orilla; y en otras lagunas de fuego eran echadas otras que en cayendo se hundian sin más las poder ver; lo qual prouenia de la grauedad de los pecados de parte de sus çircunstançias. En otros lugares se dauan tormentos muy crueles de agua de toca, de garrote y de cordel, y a otras atormentauan leuantandolas atadas por las muñecas atras y subidas con fuertes cordeles por carrillos y poleas en lo alto, colgadas vnas grandes pessas de hierro de los pies, y soltandolas con furia venian a caer sin llegar al suelo. De manera que aquel gran pesso las descoyuntaua todos los miembros con grandissimo dolor. A otras hazian cabalgar en cauallos de arambre, que en lo huero del cuerpo estauan llenos de fuego que los abrasaua hasta las entrañas, que los hazian renegar de sus padres, y del[812] dia en que naçieron y fueron engendrados[813]. Estauan infinitas almas de mugeres bagabundas luxuriosas y viçiosas, atadas a vnos palos y troços de arboles y açotadas por demonios con pulpos, anguillas y culebras, abiertas a açotes hasta las entrañas, gimiendo miserablemente[814]; almas de rufianes, ladrones y soldados atados por los pies a fieros cauallos, potros y yeguas sin rienda ninguna eran lleuadas arrastrando con gran furia por montañas y sierras de grandes pedregales y aspereças. A las almas de los blasfemos renegadores sacauan las lenguas por el colodrillo y luego alli delante dellos se las picauan en vnos taxones con vnas agudas segures y ansi se las hazian comer y que las maxcassen y comiessen moliendolas entre sus dientes con graue dolor. Las almas de los vanos lisonjeros de prinçipes y señores, y de truhanes y chocarreros las trayan los demonios gran pieza por el ayre jugando con ellos a la pelota sin dexarlas sosegar vn momento, y despues las arrojauan en lo más hondo de aquellas ardientes lagunas. Estaua tan admirado de uer la[815] espantosa tragedia y miseria infernal que casi andaua fuera de mi, y ansi con vn descuydo notable, que de mí mesmo no tenia acuerdo ni atençion, me senté en vn trozo de vn arbol seco y chamuscado que estaua alli, y ansi como descargué mis miembros como hombre algo cansado gimio el madero mostrando que por mi causa auia reçebido afliçion y dixo: tente sobre tí, que harta miseria tengo yo; y como lo oy espeluçaronseme los cabellos quedando robado del calor natural, temiendo que algun demonio subitamente me queria sorber, y ansi apartandome afuera por me purgar de alguna culpa si en mi huuiesse le dixe: diosa, o deydad infernal, quien quiera que tú seas perdona mi ignorançia, que por poco auiso he faltado a tu deuida veneraçion. Dime, yo te suplico, quién seas, que con digna penitençia te satisfaré; y si eres alma miserable hablame con seguridad, que yo no soy furia que a tu miseria deseo añadir; y ella dando vn gemido de lo intimo del coraçon dixo: yo soy el alma de Rosicler de Syria, la más infeliz y malhadada donzella que nunca en el mundo fue, pues por amar a quien me engendró me fue a mi mesma tan cruel que peno aqui con açerrimo dolor para siempre jamas. Mi angel la importunó nos dixesse la pena que padeçia alli, y ella con gran fatiga prosiguio. Y porque el dia es ya venido, en el canto y mañana que se sigue oyras lo demas.

Fin del deçimo quinto canto del gallo.

NOTAS:

[788] G., canto del gallo.

[789] R. (Tachado). Siguesse el deçimo quinto canto del sueño o gallo de Luçiano, famoso orador griego. Contrahecho en el castellano por el mesmo auctor.

[790] G., oy la.

[791] G., aqui.

[792] R. (Tachado) hondo.

[793] G., condenados.