Miçilo.—Espantado estoy de ver quanto mejor obedeçen los diablos que los hombres.
Gallo.—Y ansi[841] como vimos que yua la cosa tan a la larga lo dexamos de seguir, y el mi angel como me hubo guiado en toda esta xornada me dixo: mira, Menipo, yo he hecho este camino por tu contenplacion, por quitarte de pena; que bien sabía yo en lo que auia de parar. Agora te quiero dezir la suma de mi intinçion. Sabe que el mejor y más seguro estado de los hombres en el mundo es de los ydiotas, simples populares que passan la vida con prudençia. Por lo qual dexate de oy más de gastar tienpo en la vana consideracion de las cosas altas y que suben de tu entendimiento, y dexa de inquirir con especulaçion los fines y prinçipios y causas de las cosas. Menospreçia y aborreçe estos vanos y cautelosos sylogismos que no son otra cosa sino vurla y vanidad sin prouecho alguno, como lo has visto por esperiençia en esta xornada y peregrinaje; y de aqui adelante solamente sigue aquel genero de vida que te tenga en las cosas que de presente posees lo mejor ordenado que a las leyes de virtud puedas; y como sin demasiada curiosidad ni soliçitud en alegria y plazer puedas vibir más sosegado y contento; y ansi el mi angel me dexó y yo desperte como de vn graue y profundo sueño[842] espantado de lo mucho que auia visto como te lo he narrado por el orden que has oydo y yo mejor he podido.
Miçilo.—¡O gallo! Dios te lo agradezca el plazer y honrra que me has hecho en[843] tu feliçissima narraçion. De oy más no quiero otro maestro, otro philosopho, ni[844] otro sabio consejero que a tí para passar el discurso de la vida que me queda, y ruegote que no me dexes, que juntos passaremos aqui nuestra vida; que segun me dizes es la más segura, segun tengo entendido por tu esperiençia[845].
Gallo.—Ya te he contado, Miçilo, hasta agora mi dichosa y admirable peregrinaçion, en la qual por su espanto y terribilidad te he tenido suspenso y algo desasosegado, segun he hechado de ver[846]; por lo qual de oy más te quiero contar cosas graçiosas y suaues, con que en donayre y plazer passes mejor el trabajo del dia. Ofreçesseme; quiero te contar agora vn suaue y graçioso conbite; vna opulenta y admirable copiosidad de vna missa nueua, en que siendo clerigo en vn tiempo me hallé. Dezirte he tanto regocijo de aquellos clerigos, tanto canto, tanto vayle, tanta alegría que no se puede encareçer más; y despues dezirte he vna fragosa y arriscada tragedia que calentando el vino las orejas de los abbades suçedio. Confio que con esto soldarás el espanto en que te he puesto hasta aqui. Agora abre la tienda, que en el canto que se sigue lo prosiguire.
Fin del deçimo sexto canto del gallo.
NOTAS:
[816] G., podeis.
[817] G., tanto.
[818] G., oyeren.
[819] G., mi desuentura.