[1246] M., en tiempo.

[1247] M., allá.

LIBRO TERÇERO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR

Con muy gran contentamiento caminauan las hermosas Nimphas con su compañia por medio de un espesso bosque, y ya que el sol se queria poner, salieron a un muy hermoso ualle, por medio del qual yua un impetuoso arroyo, de una parte y otra adornado de muy espessos salces y alisos, entre los quales auia otros muchos generos de arboles más pequeños, que enredandose a los mayores, entretexendose las doradas flores de los unos por entre las uerdes ramas de los otros, dauan con su uista gran contentamiento. Las Nimphas y pastores tomaron una senda que por entre el arroyo y la hermosa arboleda se hazia, y no anduuieron mucho espaçio, quando llegaron a un uerde prado muy espaçioso, a donde estaua un muy hermoso estanque de agua: del qual proçedia el arroyo que por el ualle con gran[1249] impetu corria. En medio del estanque estaua una pequeña isleta adonde auia algunos arboles por entre los quales se deuisaua una choça de pastores: alrededor della andaua un rebaño de ouejas, pasciendo la uerde yerua. Pues como a las Nimphas paresciesse aquel lugar aparejado para passar la noche que ya muy cerca venía, por unas piedras que del prado a la isleta estauan por medio del estanque puestas en orden, passaron todas, y se fueron derechas a la choça, que en la isleta parescia. Y como Polidora, entrando primero dentro, se adelantasse un poco, aun no huuo entrado, quando con gran priessa boluio a salir, y boluiendo el rostro a su compañia, puso un dedo ençima de su hermosa boca, haziendoles señas que entrassen sin ruido. Como aquello uiessen las Nimphas y los pastores, con el menes rumor que pudieron entraron en la choça: y mirando a una parte y a otra, uieron a un rincon un lecho, no de otra cosa sino de los ramos de aquellos salces, que en torno de la choça estauan, y de la uerde yerua, que junto al estanque se criaua. Ençima de la qual uieron una pastora durmiendo, cuya hermosura no menos admiraçion les puso, que si la hermosa Diana uieran delante de sus ojos. Tenia una saya azul clara, un jubon de una tela tan delicada, que mostraua la perfeçion y compas del blanco pecho, porque el sayuelo que del mesmo color de la saya era, le tenia suelto, de manera que aquel graçioso buelto se podia bien diuisar. Tenía los cabellos, que más ruuios que el sol parescian sueltos y sin orden alguna. Mas nunca orden tanto adornó hermosura, como la desorden que ellos tenian, y con el descuydo del sueño, el blanco pie descalço, fuera de la saya se le parescia, mas no tanto que a los ojos de los que lo mirauan paresciesse deshonesto. Y segun parescia por muchas lagrimas, que aun durmiendo por sus hermosas mexillas derramaua, no le deuia el sueño impedir sus tristes imaginaciones. Las Nimphas y pastores estauan tan admirados de su hermosura y de la tristeza que en ella conoscian, que no sabian qué se dezir, si no derramar lagrimas de piedad de las que á la hermosa pastora ueyan derramar. La qual estando ellos mirando, se boluio hazia un lado, diziendo con un sospiro que del alma la salia: ¡ay desdichada de ti, Belisa, que no está tu mal en otra cosa, sino en ualer tan poco tu uida, que con ella no puedes pagar las que por causa tuya son perdidas! Y luego con tan grande sobresalto despertó, que paresció tener el fin de sus dias presente, mas como uiesse las tres Nimphas, y las hermosas dos pastoras, juntamente con los dos pastores, quedó tan espantada, que estuuo un rato sin bolver en sí, boluiendo a mirallos, sin dexar de derramar muchas lagrimas, ni poner silençio a los ardientes sospiros que del lastimado coraçon embiaua, començo a hablar desta manera. Muy gran consuelo sería para tan desconsolado coraçon como este mio, estar segura de que nadie con palabras, ni con obras pretendiesse darmele, porque la gran razon, ¡o hermosas Nimphas! que tengo de biuir tan embuelta en tristezas, como biuo, ha puesto enemistad entre mí y el consuelo de mi mal. De manera que si pensasse en algun tiempo tenelle, yo misma me daria la muerte. Y no os espanteys preuenirme yo deste remedio, pues no ay otro para que me dexe de agrauiar del sobresalto que reçebi en ueros en esta choça (lugar aparejado no para otra cosa, sino para llorar males sin remedio), y esto sea auiso, para que qualquiera que a su tormento le esperare, se salga dél: porque infortunios de amor le tienen cerrado, de manera que jamás dexan entrar aqui alguna esperança de consuelo.

Mas ¿qué uentura ha guiado tan hermosa compañia do jamás se uio cosa que diese contento? ¿Quién pensays que haze cresçer la uerde yerua desta isla, y acresçentar las aguas que la çercan, si no mis lagrimas? ¿Quién pensays que menea los arboles deste hermoso ualle, sino la boz de mis sospiros tristes, que inchando el ayre, hazen aquello que él por sí no haria? ¿Porqué pensays que cantan los dulçes paxaros por entre las matas, quando el dorado Phebo está en toda su fuerça, sino para ayudar a llorar mis desuenturas? ¿A qué pensays que las temerosas fieras salen al uerde prado, sino a oyr mis continuas quexas? ¡Ay hermosas Nimphas! no quiera Dios que os aya traydo a este lugar uuestra fortuna para lo que yo uine a él, porque çierto paresce (segun lo que en él passó), no auelle hecho naturaleza para otra cosa, sino para que en él passen su triste uida los incurables de amor. Por esso si alguna de uosotras lo es, no passe más adelante: y vayase presto de aqui: que no sería mucho que la naturaleza del lugar le hiciesse fuerça. Con tantas lagrimas dezia esto la hermosa pastora, que no auia ninguno de los que alli estauan, que las suyas detener pudiesse. Todos estauan espantados de uer el spiritu que con el rostro y mouimientos daua a lo que dezia, que çierto bien pareçian sus palabras salidas del alma: y no se suffria menos que esto, porque el triste successo de sus amores, quitaua la sospecha de ser fingido lo que mostraua. Y la hermosa Dorida le habló desta manera: Hermosa pastora, ¿qué causa ha sido la que tu gran hermosura ha puesto en tal estremo? ¿Qué mal tan estraño te pudo hazer amor, que aya sido parte para tantas lagrimas acompañadas de tan triste y tan sola uida, como en este lugar deues hazer? Mas ¿qué pregunto yo? Pues en uerte quexosa de amor, me dizes más de lo que yo preguntarte puedo. Quesiste assegurar quando aqui entramos, de que nadie te consolasse: no te pongo culpa, officio es de personas tristes, no solamente aborrecer al consuelo, mas aun a quien piensa que por alguna uia pueda darsele. Dezir que yo podria darle a tu mal, ¿que aprouecha si él mismo no te da liçençia que me creas? Dezir que te aproueches de tu juyzio y discreçion bien sé que no le tienes tan libre, que puedas hazello. Pues ¿qué podría yo hazer para darte algun aliuio, si tu determinaçion me ha de salir al encuentro? De una cosa puedes estar çertificada, y es que no auria remedio en la uida, para que la tuya no fuesse tan triste, que yo dexase de dartele, si en mi mano fuesse. Y si esta uoluntad alguna cosa meresçe, yo te pido de parte de los que presentes están, y de la mia, la causa de tu mal nos cuentes, porque algunos de los que en mi compañia uienen, estan con tan gran neçessidad de remedio, y os tiene amor en tanto estrecho, que si la fortuna no los socorre, no sé que sera de sus uidas. La pastora que de esta manera uio hablar a Dorida, saliendose de la choça, y tomandola por la mano la lleuó cerca de una fuente que en un uerde pradezillo estaua, no muy apartado de alli, y las Nimphas y los pastores se fueron tras ellas, y juntos se assentaron en torno a la fuente, auiendo el dorado Phebo dado fin a su xornada, y la nocturna Diana principio a la suya, con tanta claridad como si el medio día fuera. Y estando de la manera que aueys oydo, la hermosa pastora le començó a dezir lo que oyreys.

Al tienpo (o hermosas Ninphas de la casta Diosa) que yo estaua libre de amor, oy dezir vna cosa que despues me desengañó la experiencia (hallandola muy al reues de lo que me certificauan). Dezian me que no auia mal que dezillo no fuese algun aliuio para el que lo padezia, y hallo que no ay cosa que más mi desuentura acresciente, que pasalla por la memoria y contalla a quien libre della se vee. Porque si yo otra cosa entendiese, no me atreueria a contaros la historia de mis males. Pero pues que es verdad, que contarosla no será causa alguna de consuelo á mi desconsuelo que son las dos cosas, que de mí son mas aborresçidas, estad atentas, y oyreys el mas desastrado caso que jamas en amor ha succedido. No muy lexos deste valle, hazia la parte donde el sol se pone, está vna aldea en medio de vna floresta, cerca de dos rios que con sus aguas riegan los arboles amenos cuya espressura es tanta que desde vna casa a la otra no se paresce. Cada vna dellas tiene su termino redondo, adonde los jardines en verano se visten de olorosas flores, de mas de la abundancia de la ortaliza, que alli la naturaleza produze, ayudada de la industria de los que en la gran España llaman Libres, por el antiguedad de sus casas y linages. En este lugar nasció la desdichada Belisa (que este nonbre saqué de la pila, adonde pluguiera a Dios dexara el anima). Aqui pues biuia vn pastor de los principales en hazienda y linage, que en toda esta prouincia se hallaua, cuyo nombre era Arsenio, el qual fue casado con una zagala la más hermosa de su tiempo: mas la presurosa muerte (o porque los hados lo permitieron o por euitar otros males que su hermosura pudiera causar) le cortó el hilo de la uida, pocos años despues de casada. Fue tanto lo que Arsenio sintió la muerte de su amada Florida que estuuo muy cerca de perder la uida: pero consolauase con un hijo que le quedara llamado Arsileo, cuya hermosura fue tanta que conpetia con la de Florida su madre. Y con todo, este Arsenio biuia la más sola y triste uida que nadie podria imaginar. Pues uiendo su hijo ya en edad conuenible para ponelle en algun exerçiçio uirtuoso, teniendo entendido que la ociosidad en los moços es maestra de uicios, y enemiga de virtud determinó embialle a la academia Salmantina con intençion que se exerçitasse en aprender lo que a los hombres sube a mayor grado que de hombres, y asi lo puso por obra. Pues siendo ya quinze años pasados que su muger era muerta, saliendo yo un dia con otras uezinas a un mercado, que en nuestro lugar se hazia, el desdichado de Arsenio me uio, por su mal, y aun por el mio, y de su desdichado hijo. Esta uista causó en él tan grande amor, como de alli adelante se paresció. Y esto me dió él a entender muchas uezes, porque ahora en el campo yendo a lleuar de comer a los pastores, aora yendo con mis paños al rio, aora por agua a la fuente, se hazia encontradizo conmigo. Yo que de amores aquel tiempo sabia poco, aunque por oydas alcançasse alguna cosa de sus desuariados effectos, unas uezes hazia que no lo entendia, otras uezes lo echaua en burlas, otras me enojaua de uello tan importuno. Mas ni mis palabras bastauan a defenderme dél, ni el grande amor que él tenía le daua lugar a dexar de seguirme. Y desta manera se passaron más de quatro años, que ni él dexaua su porfia, ni yo podia acabar conmigo de dalle el mas pequeño fauor de la uida. A este tiempo uino el desdichado de su hijo Arsileo del estudio, el qual entre otras ciencias que auia estudiado, auia florescido de tal manera en la poesia y en la musica, que a todos los de su tiempo hazia uentaja.

Su padre se alegró tanto con él que no ay quien lo pueda encarecer (y con gran razon) porque Arsileo era tal, que no solo de su padre que como a hijo deuia amalle, mas de todos los del mundo merescia ser amado. Y as si en nuestro lugar era tan querido de los principales dél y del comun, que no se trataua entre ellos sino de la discrecion, gracia, gentileza, y otras buenas partes de que su mocedad era adornada. Arsenio se encubria de su hijo, de manera que por ninguna uia pudiesse entender sus amores, y aunque Arsileo algun dia le viese triste, nunca echó de uer la causa, mas antes pensaua que eran reliquias que de la muerte de su madre le auian quedado. Pues desseando Arsenio (como su hijo fuese tan excelente Poeta) de aver de su mano vna carta para embiarme, y por hazer lo de manera que él no sintiese para quien era, tomó por remedio descubrirse a un grande amigo suyo natural de nuestro pueblo, llamado Argasto, rogandole muy encaresçidamente como cosa que para si auia menester, pidiese a su hijo Arsileo una carta hecha de su mano, y que le dixese que era para embiar lexos de alli a una pastora a quien seruia, y no le quería aceptar por suyo. Y asi le dixo otras cosas que en la carta auia de dezir de las que más hazian a su proposito. Argasto puso tan buena diligencia en lo que le rogó, que huuo de Arsileo la carta, importunado de sus ruegos, de la misma manera que el otro pastor se la pidió. Pues como Arsenio le uiese muy al proposito de lo que él deseaua, tuuo manera cómo uiniese a mis manos, y por ciertos medios que de su parte huuo, yo la recebi (aunque contra mi uoluntad) y vi que dezia desta manera.

CARTA DE ARSENIO

Pastora, cuya uentura
Dios quiera que sea tal,
que no uenga a emplear mal
tanta gracia y hermosura,
y cuyos mansos corderos,
y ovejuelas almagradas
veas crecer a manadas
por cima destos oteros.
Oye a un pastor desdichado,
tan enemigo de si,
quanto en perderse por ti,
se halla bien empleado;
buelue tus sordos oydos,
ablanda tu condiçion,
y pon ya esse coraçon
en manos de los sentidos.
Buelue esos crueles ojos
a este pastor desdichado,
descuydate del ganado,
piensa un poco en mis enojos,
haz ora algun mouimiento,
y dexa el pensar en ál,
no de remediar mi mal,
mas de uer como lo siento.
¡Quantas uezes has venido,
al campo con tu ganado,
y quantas uezes al prado,
los corderos has traydo!
Que no te diga el dolor,
que por ti me buelue loco,
mas ualeme esto tan poco,
que encubrillo es lo mejor.
¿Con qué palabras dire,
lo que por tu causa siento,
o con qué conosçimiento
se conosçera mi fe?
¿qué sentido bastará,
aunque yo mejor lo diga,
para sentir la fatiga
que a tu causa amor me da?
¿Porqué te escondes de mi,
pues conosces claramente,
que estoy quando estoy presente,
muy más absente de ti?
quanto a mi por suspenderme,
estando adonde tú estes,
quanto a ti porque me uees,
y estás muy lexos de uerme.
Sabesme tan bien mostrar
quando engañarme pretendes,
al reues de lo que entiendes,
que al fin me dexo engañar:
mira sy hay que querer más,
o ay de amor más fundamento,
que biuir mi entendimiento
con lo que a entender le das.
Mira este estremo en que estoy,
uiendo mi bien tan dudoso,
que uengo a ser embidioso
de cosas menos que yo:
al aue que lleua el uiento,
al pesce en la tempestad,
por sola su libertad
dare yo mi entendimiento.
Veo mil tiempos mudados,
cada dia hay nouedades,
mudanse las voluntades,
rebiuen los oluidados,
en toda cosa hay mudança,
y en ti no la vi jamás,
y en esto solo uerás
quan en balde es mi esperança.
Passauas el otro dia
por el monte repastando,
sospiré imaginando,
que en ello no te offendia:
al sospiro, alçó un cordero
la cabeça, lastimado:
y arrojastele el cayado,
ved qué coraçon de azero.
¿No podrias, te pregunto,
tras mil años de matarme,
solo un dia remediarme,
o si es mucho, un solo punto?
hazlo por uer como prueuo,
o por uer si con fauores
trato mejor los amores,
despues matame de nueuo.
Desseo mudar estado,
no de amor a desamor,
mas de dolor a dolor,
y todo en un mismo grado:
y aunque fuesse de una suerte
el mal, quanto a la substançia,
que en sola la circunstançia
fuesse más, o menos fuerte.
Que podria ser señora,
que vna circunstançia nueua
te diesse de amor más prueua,
que te he dado hasta agora,
y a quien no le duele vn mal,
ni ablanda un firme querer,
podria quiça doler
otro que no fuesse tal.
Vas al rio, uas al prado,
y otras uezes a la fuente,
yo pienso muy diligente,
si es ya yda, o si ha tornado,
si se enojará si voy,
si se burlará si quedo,
como me lo estorba el miedo,
ved el estremo en que estoy.
A Siluia tu gran amiga
vó a buscar medio mortal,
por si a dicha de mi mal,
le has dicho algo, me lo diga:
mas como no habla en ti,
digo que esta cruda fiera,
no dize a su compañera,
ninguna cosa de mí.
Otras uezes açechando
de noche te ueo estar,
con gracia muy singular
mil cantarçillos cantando:
pero buscas los peores,
pues los oyo uno a uno,
y jamás te oyo ninguno
que trate cosa de amores.
Vite estar el otro dia
hablando con Madalena,
contauate ella su pena,
oxala fuera la mia:
pense que de su dolor,
consolaras a la triste,
y riendo le respondiste:
es burla, no hay mal de amor,
Tú la dexaste llorando,
yo llegueme luego alli,
quexoseme ella de ti:
respondile sospirando:
no te espantes desta fiera,
porque no está su plazer
en solo ella no querer,
sino en que ninguna quiera.
Otras uezes te ueo yo
hablar con otras zagalas,
todo es en fiestas y galas,
en quien bien o mal bayló,
fulano tiene buen ayre,
fulano es çapateador,
si te tocan en amor
echaslo luego en donayre.
Pues guarte, y biue contento,
que de amor y de uentura
no hay cosa menos segura,
que el coraçon más exempto:
y podria ser ansi
que el crudo amor te entregasse,
a pastor que te tratasse
como me tratas a mí.
Mas no quiera Dios que sea,
si ha de ser a costa tuya,
y mi uida se destruya
primero que en tal te uea:
que un coraçon que en mi pecho
está ardiendo en fuego estraño,
más temor tiene a tu daño,
que respecto a tu prouecho.

Con grandisimas muestras de tristeza, y de coraçon muy de ueras lastimado, relataua la pastora a Belisa la carta de Arsenio, ó por mejor dezir, de Arsileo su hijo: parando en muchos uersos y diziendo algunos dellos dos uezes: y a otros boluiendo los ojos al çielo, con una ansia que parescia que el coraçon se le arrancaua. Y prosiguiendo la historia triste de sus amores, les dezia: Esta carta (o hermosas Nimphas) fue principio de todo el mal del triste que la compuso, y fin de todo el descanso de la desdichada a quien se escriuió. Porque auiendola yo leydo, por çierta diligençia que en mi sospecha me hizo poner, entendi que la carta auia proçedido más del entendimiento del hijo, que de la afficion del padre. Y porque el tiempo se llegaua en que el amor me auia de tomar cuenta de la poca que hasta entonçes de sus effectos auia hecho, o porque en fin hauia de ser, yo me senti un poco más blanda que de antes: y no tan poco que no diese lugar a que amor tomasse possession de mi libertad. Y fue la mayor nouedad que jamás nadie uio en amores lo que este tyrano hizo en mí, pues no tan solamente me hizo amar a Arsileo, mas aun a Arsenio su padre. Verdades que al padre amaua yo por pagarle en esto el amor que me tenía, y al hijo por entregalle mi libertad, como desde aquella hora se la entregué. De manera que al uno amaua por no ser ingrata, y al otro por no ser más en mi mano. Pues como Arsenio me sintiesse algo más blanda (cosa que él tantos dias auia que desseaua), no huuo cosa en la uida que no la hiziesse por darme contento: porque los presentes eran tantos, las joyas y otras muchas cosas, que a mí pesaua uerme puesta en tanta obligaçion. Con cada cosa que me embiaua, uenia un recaudo tan enamorado, como él lo estaua. Yo le respondia no mostrandole señales de gran amor, ni tan poco me mostraua tan esquiua como solia. Mas el amor de Arsileo cada dia se arraigaua mas en mi coraçon, y de manera me occupaua los sentidos, que no dexaua en mi anima lugar ocioso. Succedió, pues, que una noche del uerano, estando en conuersaçion Arsenio y Arsileo con algunos uezinos suyos debaxo de un fresno muy grande, que en vna plaçuela estaua de frente de mi posada, començo Arsenio a loar mucho el tañer y cantar de su hijo Arsileo, por dar occasion a que los que con él estauan le rogassen que embiasse por una harpa a casa, y que alli tañesse, porque estaua en parte que yo por fuerça auia de gozar de la musica. Y como él lo penso, assi le uino a sucçeder, porque siendo de los presentes importunado, embiaron por la harpa y la musica se començo. Quando yo oí a Arsileo y senti la melodia con que tañia, la soberana gracia con que cantaua, luego estuue al cabo de lo que podia ser: entendiendo que su padre me queria dar musica, y enamorarme con las gracias del hijo. Y dixe entre mí: ¡Ay, Arsenio, que no menos te engañas en mandar a tu hijo que cante, para que yo le oyga, que embiarme carta escrita de su mano! A lo menos si lo que dello te ha de succeder, tú supiesses, bien podrias amonestar de oy más a todos los enamorados, que ninguno fuesse osado de enamorar a su dama con graçias agenas: porque algunas uezes, suele acontesçer enamorarse más la dama del que tiene la graçia, que del que se aprouecha de ella, no siendo suya. A este tiempo el mi Arsileo, con una graçia nunca oyda, començó a cantar estos uersos: