Soneto.

En este claro sol que resplandesçe
en esta perfeçion[1250] sobre natura,
en esa alma gentil, esa figura
que alegra nuestra edad, y la enrriqueze
hay luz que ziega, rostro que enmudeçe,
pequeña piedad, gran hermosura,
palabras blandas, condiçion muy dura,
mirar que alegra y vista que entristeçe.
Por eso estoy, señora, retirado,
por eso temo ver lo que deseo,
por eso paso el tiempo en contemplarte.
Estraño caso, efecto no pensado,
que vea el maior bien quando te veo,
y tema el mayor mal si vo a mirarte.

Despues que huuo cantado el soneto que os he dicho, comenzó a cantar esta cançion, con graçia tan estremada, que a todos los que lo oian, tenia suspensos, y a la triste de mí más presa de sus amores que nunca nadie lo estuvo.

Alçé los ojos por veros,
baxelos despues que os vi,
porque no ay passar de alli,
ni otro bien sino quereros.
¿Que más gloria que miraros,
si os entiende el que os miró?
Porque nadie os entendió
que canse de contemplaros.
Y aunque no pueda entenderos,
como yo no os entendi,
estará fuera de sí,
quando no muera por veros.
Si mi pluma otras loaua
ensayose en lo menor,
pues todas son borrador
de lo que en vos trasladaua.
Y si antes de quereros,
por otra alguna escreui,
creed que no es porque la ui,
mas porque esperaua ueros.
Mostrose en vos tan subtil
naturaleza y tan diestra,
que una sola façion vuestra
hará hermosas çien mil.
La que llega a pareceros
en lo menos que en vos vi,
ni puede pasar de alli
ni el que os mira sin quereros.
Quien ve qual os hizo Dios,
y uee otra mui hermosa,
parece que vee una cosa,
que en algo quiso ser vos.
Mas si os vee como ha de veros
y como señora os vi,
no hay comparaçion alli,
ni gloria, sino quereros.

No fue solo esto lo que Arsileo aquella noche al son de su harpa cantó. Asi como Orfeo al tiempo que fue en demanda de su ninfa Euridice, con el suabe canto enterneçia las furias infernales, suspendiendo por gran espacio la pena de los dañados[1251]: asi el mal logrado mançebo Arsileo, suspendia, y ablandaua, no solamente los coraçones de los que presentes estauan, mas aun a la desdichada Belisa, que desde una açotea alta de mi posada le estaua con grande atencion[1252] oyendo. Y assi agradaua al çielo, estrellas y a la clara luna, que entonçes en su uigor y fuerça estaua, que en qualquiera parte que yo entonçes ponia los ojos, pareçe que me amonestaua que le quisiesse más que a mi uida. Mas no era menester amonestarmelo nadie, porque si yo entonçes de todo el mundo fuera señora me parescia muy poco para ser suya. Y desde alli, propuse de tenelle encubierta esta uoluntad lo menos que yo pudiesse. Toda aquella noche estuue pensando el modo que ternia en descubrille mi mal, de suerte que la uerguença no reçibiesse daño, aunque quando este no hallara, no me estoruara el de la muerte. Y como quando ella ha de uenir, las occasiones tengan tan gran cuydado de quitar los medios que podrian impedilla, el otro dia adelante, con otras donzellas mis uezinas me fue forçado yr a un bosque espesso, en medio del qual auia una clara fuente, adonde las mas de las siestas lleuauamos las uacas, assi porque alli pasciessen, como para que uenida la sabrosa y fresca tarde cogiessemos la leche de aquel dia siguiente, con que las mantecas, natas y quesos se auian de hazer. Pues estando yo y mis compañeras assentadas en torno de la fuente, y nuestras vacas echadas a la sombra de los vmbrosos y siluestres arboles de aquel soto, lamiendo los pequeñuelos bezerrillos, que juntos a ellas estauan tendidos, una de aquellas amigas mias (bien descuydada del amor que entonçes a mí me hazia la guerra) me importunó, so pena de jamás ser hecha cosa de que yo gustasse, que tuuiese por bien de entretener el tiempo cantando vna cançion. Poco me valieron escusas, ni dezilles que los tiempos y ocasiones no eran todos vnos, para que dexasse de hazer lo que con tan grande instançia me rogauan, y al son de vna çampoña, que la vna dellas començó a tañer, yo triste començe a cantar estos versos:

Passaua amor su arco desarmado
los ojos baxos, blando y muy modesto,
dexauame ya atras muy descuydado.
Quán poco espaçio pude gozar esto;
fortuna de embidiosa dixo luego:
teneos amor, ¿porque passays tan presto?
Boluió de presto a mi aquel niño çiego,
muy enojado en verse reprendido:
que no ay reprehension, do está su fuego.
Estaua çiego amor, mas bien me vido:
tan çiego le vea yo, que a nadie vea,
que ansi çegó mi alma y mi sentido.
Vengada me vea yo de quien dessea
a todos tanto mal que no consiente
vn solo coraçon que libre sea.
El arco armó el traydor muy breuemente,
no me tiró con xara enerbolada,
que luego puso en él su flecha ardiente.
Tomome la fortuna desarmada,
que nunca suele amor hazer su hecho,
sino en la más essenta y descuydada.
Rompió con su saeta un duro pecho,
rompió una libertad jamás subiecta,
quedé tendida, y él muy satisfecho.
¡Ay uida libre, sola, y muy quieta!
¡Ay prado visto con tan libres ojos!
¡Mal aya amor, su arco y su saeta!
Seguid amor, seguilde sus antojos,
venid de gran descuido a vn gran cuydado,
passad de un gran descanso, a mil enojos.
Vereys quál queda un coraçon cuytado:
que no ha mucho que estuuo sin sospecha
de ser de un tal tyrano sojuzgado.
Ay alma mia en lagrimas desecha,
sabed suffrir, pues que mirar supistes:
mas si fortuna quiso, ¿qué aprouecha?
Ay tristes ojos, si el llamaros tristes
no offende en cosa alguna el que mirastes,
¿do está mi libertad, do la pusistes?
Ay prados, bosques, seluas que criastes
tan libre coraçon como era el mio,
¿porqué tan grande[1253] mal no le estoruastes?
¡O apresurado arroyo, y claro rio,
adonde beuer suele mi ganado
inuierno, primauera, otoño, estio!
¿Porqué me has puesto, di, a tan mal recado,
pues solo en ti ponia mis amores,
y en este ualle ameno y uerde prado?
Aqui burlaua yo de mil pastores,
que burlarán de mi, quando supieren,
que a esperimentar comienço sus dolores.
No son males de amor los que me hieren,
que a ser de solo amor, passallos hia,
como otros mil que en fin de amores mueren.
Fortuna es quien me aflige y me desuia
los medios, los caminos y ocasiones,
para poder mostrar la pena mia.
¿Cómo podra, quien causa mis passiones,
si no las sabe dar remedio a ellas?
Mas no ay amor do faltan sinrazones.
A quanto mal fortuna, trae aquellas
que haze amar, pues no ay quien no le enfade
ni mar, ni tierra, luna, sol, ni estrellas.
Sino a quien ama, no ay cosa que agrade,
todo es assi, y assi fuy yo mezquina,
a quien el tiempo estorua y persuade.
Cessad mis uersos ya, que amor se indigna
en uer quán presto dél me estoy quexando,
y pido ya en mis males mediçina.
Quexad, mas ha de ser de quando en quando,
aora callad uos, pues ueys que callo,
y quando veys que amor se ua enfadando,
cessad, que no es remedio el enfadallo.

A las Nimphas y pastores parescieron muy bien los versos de la pastora Belisa, la qual con muchas lagrimas dezia, prosiguiendo la historia de sus males: Mas no estaua muy lexos de alli Arsileo quando yo estos uersos cantaua, que auiendo aquel dia salido a caça, y estando en lo más espeso del bosque passando la siesta, paresçe que nos oyó, y como hombre affiçionado a la musica, se fue su passo a passo entre una espesura de arboles, que junto a la fuente estauan: porque de alli mejor nos pudiesse oyr. Pues auiendo çessado nuestra musica, él se uino a la fuente, cosa de que no poco sobresalto reçebi. Y esto no es de marauillar, porque de la misma manera se sobresalta vn coraçon enamorado, con un subito contentamiento, que con una tristeza no pensada. El se llegó donde estauamos sentadas, y nos saludó con todo el comedimiento possible, y con toda la buena criança que se puede imaginar: que uerdaderamente (hermosas Nimphas) quando me paro a pensar la discreçion, graçia y gentileza del sin uentura Arsileo, no me paresçe que fueron sus hados y mi fortuna causa de que la muerte me lo quitasse tan presto delante los ojos, mas antes fue no meresçer el mundo gozar más tiempo de un moço a quien la naturaleza auia dotado de tantas y tan buenas partes. Despues que como digo, nos uuo saludado, y tuuo liçençia de nosotras, la qual muy comedidamente nos pidio, para passar la siesta en nuestra compañia, puso los ojos en mí (que no deuiera) y quedó tan preso de mis amores como despues se paresçio en las señales con que manifestaua su mal. Desdichada de mí que no uue menester yo de miralle para querelle, que tan presa de sus amores estaua antes que le uiesse como él estuuo despues de auerme uisto. Mas con todo esso, alçé los ojos para miralle, al tiempo que alçaua los suyos para uerme, cosa que cada uno quisiera dexar de auer hecho: yo porque la uerguença me castigó, y él porque el temor no le dexó sin castigo. Y para dissimular su nuevo mal, començó a hablarme en cosas bien diferentes de las que él me quisiera dezir, yo le respondi a algunas dellas, pero más cuidado tenía yo entonçes de mirar, si en los mouimientos del rostro, o en la blandura de las palabras mostraua señales de amor, que en respondelle á lo que me preguntaua. Ansi desseaua yo entonçes uelle sospirar, por me confirmar en mi sospecha: como si no le quisiera más que a mi. Y al fin no desseaua uer en él alguna señal que no la uiesse. Pues lo que con la lengua alli no me pudo dezir, con los ojos me lo dió bien a entender. Estando en esto las dos pastoras que conmigo estauan, se leuantaron a ordeñar sus vacas: yo les rogué que me escusassen el trabajo con las mias: porque no me sentia buena. Y no fue menester rogarselo más, ni a Arsileo mayor occasion para dezirme su mal: y no sé si se engañó, imaginando la occasion, porque yo queria estar sin compañia, pero sé que determinó de aprouecharse de ella. Las pastoras andauan occupadas con sus vacas, atandoles sus mansos bezerrillos a los pies, y dexandose ellas engañar de la industria humana, como Arsileo tanbien nueuamente preso de amor se dexaua ligar de manera que otro que la pressurosa muerte, no pudiera dalle libertad. Pues uiendo yo claramente, que quatro o cinco uezes auia cometido el hablar, y le auia salido en uano su comedimiento: porque el miedo de enojarme se le auia puesto delante, quise hablarle en otro proposito, aunque no tan lexos del suyo, que no pudiesse sin salir dél, dezirme lo que desseaua. Y assi le dixe: Arsileo, ¿hallaste bien en esta tierra? que segun en la que hasta agora has estado, aurá sido el entretenimiento y conuersaçion differente del nuestro: estraño te deues hallar en ella. El entonçes me respondió: no tengo tanto poder en mí, ni tiene tanta libertad mi entendimiento, que pueda responder a essa pregunta. Y mudandole el proposito, por mostralle el camino con las occasiones le bolui a dezir: an me dicho, que ay por allá muy hermosas pastoras, y si esto es ansi, quán mal te deuemos parescer las de por acá. De mal conoscimiento sería (respondió Arsileo) si tal confessasse: que puesto caso, que allá las ay tan hermosas como te han dicho, acá las ay tan auentajadas, como yo las he uisto. Lisonja es essa en todo el mundo (dixe yo medio riendo) mas con todo esto, no me pesa que las naturales estén tan adelante en tu opinion, por ser yo una dellas. Arsileo respondió: y aun essa sería harto bastante causa, quando otra no uuiesse, para dezir lo que digo. Assi que de palabra en palabra, me uino a dezir lo que desseaua oylle, aunque por entonçes no quise darselo a entender, mas antes le rogué, que atajasse el paso a su pensamiento. Pero reçelosa que estas palabras no fuesen causa de resfriarse en el amor (como muchas uezes acaesce que el desfauorescer en los principios de los amores, es atajar los passos a los que comiençan a querer bien) bolui a templar el desabrimiento de mi respuesta, diziendole: Y si fuere tanto el amor (o Arsileo) que no te dé lugar a dexar de quererme, en lo secreto: porque de los hombres de semejante discreçion que la tuya, es tenello aun en las cosas que poco importan. Y no te digo esto, porque de una, ni de otra manera te ha de aprouechar de más que de quedarte yo en obligaçion, si mi consejo en este caso tomares. Esto dezia la lengua, mas otra cosa dezian los ojos con que yo le miraua, y echando algun sospiro que sin mi liçençia daua testimonio de lo que yo sentia, lo qual entendiera muy bien Arsileo, si el amor le diera lugar. Desta manera nos despedimos, y despues me habló muchas uezes, y me escriuio muchas cartas, y vi muchos sonetos de su mano, y aun las más de las noches me dezia cantando, al son de su harpa, lo que yo llorando le escuchaua. Finalmente que venimos cada vno a estar bien çertificados del amor que el vno al otro tenía. A este tiempo, su padre Arsenio me importunaua de manera con sus recaudos y presentes, que yo no sabia el medio que tuuiesse para defenderme dél. Y era la más estraña cosa que se vió jamás: pues ansi como se yua más acrescentando el amor con el hijo, assi con el padre se yua más estendiendo el affiçion, aunque no era todo de vn metal. Y esto no me daua lugar a desfauorescelle, ni a dexar de reçebir sus recaudos. Pues viuiendo yo con todo el contentamiento del mundo, y viendome tan de veras amada de Arsileo, a quien yo tanto queria, paresçe que la fortuna determinó de dar fin a mis amores, con el más desdichado sucçesso, que jamás en ellos se ha visto, y fue desta manera: que auiendo yo conçertado de hablar con mi Arsileo vna noche, que bien noche fue ella para mí: pues nunca supe despues acá, qué cosa era dia, concertamos que él entrase en una huerta de mi padre, y yo desde vna ventana de mi aposento, que caya enfrente de vn moral, donde él se podia subir por estar más çerca, nos hablariamos: ¡ay desdichada de mí, que no acabo de entender a qué proposito le puse en este peligro, pues todos los dias, aora en el campo, aora en el rio. aora en el soto, llevando a él mis vacas, aora al tiempo que las traya a la majada, me pudiera él muy bien hablar, y me hablaua los más de los dias. Mi desuentura fue causa que la fortuna se pagasse del contento, que hasta entonçes me auia dado, con hazerme que toda la uida biuiesse sin él. Pues uenida la hora del conçierto y del fin de sus dias, y principio de mi desconsuelo, vino Arsileo al tiempo, y al lugar conçertado, y estando los dos hablando, en lo que puede considerar quien algun tiempo ha querido bien, el desuenturado de Arsenio su padre, las más de las noches me rondaua la calle (que aun si esto se me acordara, mas quitomelo mi desdicha de la memoria, no le consintiera yo ponerse en tal peligro); pero asi se me oluidó, como si yo no lo supiera. Al fin que él acertó a venir aquella hora por alli, y sin que nosotros pudiessemos velle, ni oylle, nos vió él, y conosçio ser yo la que a la ventana estaua, mas no entendió que era su hijo el que estaua en el moral, ni aun pudo sospechar quien fuesse, que esta fue la causa prinçipal de su mal successo. Y fue tan grande su enojo, que sin sentido alguno se fue a su posada, y armando una ballesta, y poniendola vna saeta muy llena de venenosa yerua, se uino al lugar do estauamos, y supo tan bien açertar a su hijo, como sino lo fuera. Porque la saeta le dio en el coraçon, y luego cayó muerto del árbol abaxo, diziendo: ¡Ay Belisa, quán poco lugar me da la fortuna para seruirte, como yo desseaua! Y aun esto no pudo acabar de dezir. El desdichado padre que con estas palabras conosció ser homiçida de Arsileo su hijo, dixo con una boz como de hombre desesperado: ¡Desdichado de mí, si eres mi hijo Arsileo que en la boz no paresçes otro! Y como llegasse a él, y con la luna que en el rostro le daua le deuisasse bien y le hallase que auia espirado, dixo: O cruel Belisa, pues que el sin ventura mi hijo, por tu causa, de mis manos ha sido muerto, no es justo que el desuenturado padre quede con la vida. Y sacando su misma espada, se dio por el coraçon de manera que en un punto fue muerto. O desdichado caso, o cosa jamás oida ni vista. ¡O escandalo grande para los oydos, que mi desdichada historia oyeren, o desuenturada Belisa, que tal pudieron uer tus ojos, y no tomar el camino que padre y hijo por tu causa tomaron! No paresciera mal tu sangre mixturada con la de aquellos que tanto desseauan seruirte. Pues como yo mezquina ui el desauenturado caso, sin más pensar, como muger sin sentido, me sali de casa de mis padres, y me uine importunando con quexas al alto çielo, y inflamando el ayre con sospiros, a este triste lugar (quexandome de mi fortuna, maldiziendo la muerte que tan en breue me auia enseñado a sufrir sus tiros) adonde ha seys meses que estoy sin auer uisto, ni hablado con persona alguna, ni procurado uerla. Acabando la hermosa Belisa de contar su infelice historia, començo a llorar tan amargamente, que ninguno de los que alli estauan, pudieron dexar de ayudarle con sus lagrimas. Y ella prosiguiendo dezia: Esta es (hermosas Nimphas) la triste historia de mis amores, y del desdichado sucçesso dellos, ved si este mal es de los que el tiempo puede curar? ¡Ay Arsileo, quantas vezes temi, sin pensar lo que temia! mas quien a su temor no quiere creer, no se espante, quando vea lo que ha temido, que bien sabia yo que no podiades dexar de encontraros, y que mi alegria no auia de durar más que hasta que su padre Arsenio sintiesse nuestros amores. Pluguiera a Dios que assi fuera que el mayor mal que por esso me pudiera hazer fuera desterrarte: y mal que con el tiempo se cura, con poca difficultad puede suffrirse. ¡Ay Arsenio, que no me estorua la muerte de tu hijo dolerme de la tuya, que el amor que continuo me monstraste, la bondad y limpieza con que me quisiste, las malas noches que a causa mia passaste, no suffre menos si no dolerme de tu desastrado fin: que esta es la hora que yo fuera casada contigo, si tu hijo a esta tierra no uiniera! Dezir yo que entonçes no te queria bien seria engañar el mundo, que en fin no hay muger que entienda que es uerdaderamente amada, que no quiera poco o mucho, aunque de otra manera lo dé a entender: ay lengua mia, callad que más aueys dicho de lo que os an preguntado. ¡O hermosas Nimphas! perdonad si os he sido importuna, que tan grande desuentura como la mia no se puede contar con pocas palabras. En quanto la pastora contaua lo que aueys oydo, Sireno, Syluano, Seluagia, y la hermosa Felismena, y aun las tres Nimphas fueron poca parte para oylla sin lagrimas: aunque las Nimphas, como las que de amor no auian sido tocadas, sintieron como mugeres su mal, mas no las circunstançias dél. Pues la hermosa Dorida uiendo que la desconsolada pastora no cesaua el amargo llanto, la començo a hablar diziendo: Cessen, hermosa Belisa, tus lagrimas, pues uees el poco remedio dellas: mira que dos ojos no bastan a llorar tan graue mal. Mas qué dolor puede auer, que no se acabe, o acabe al mismo que lo padesçe? Y no me tengas por tan loca que piense consolarte, mas a lo menos podria mostrarte el camino por donde pudiesse algun poco aliuiar tu pena. Y para esto te ruego, que uengas en nuestra compañia, ansi porque no es cosa justa que tan mal gastes la uida, porque adonde te lleuaremos podras escoger la que quisieres, y no aurá persona, que estorualla pueda. La pastora respondió: lugar me pareçia este harto conveniente para llorar mi mal y acabar en él la uida: la qual si el tiempo no me haze más agrauios de los hechos, no deue ser muy larga. Mas ya que tu uoluntad es essa, no determino de salir della en solo un punto: y de oy mas podeis (hermosas Nimphas) usar de la mia, segun a las uuestras les paresçiere. Mucho le agradesçieron todos auelles conçedido de irse en su compañia. Y porque ya eran más de tres horas de la noche aunque la luna era tan clara, que no echauan memos el dia çenaron de lo que en sus çurrones los pastores trayan, y despues de haber çenado, cada vno escogió el lugar de que más se contentó, passar lo que de la noche les quedaua. La qual los enamorados passaron con más lagrimas que sueño, y los que no eran reposaron del cansançio del dia.

Fin del terçero libro.

NOTAS:

[1248] M., buscalle.