Si algun contentamiento
del graue mal de amor se nos recresçe,
no es malo el pensamiento
que a su passion se ofresce,
mas antes es mejor quien más padesce.

Nimphas.

El más feliçe estado,
en que pone el amor al que bien ama,
en fin trae vn cuydado,
que al seruidor, o dama
ençiende allá en secreto uiua llama.
Y el más fauoreçido,
en un momento no es el que solia;
que el disfauor, y oluido,
el qual ya no temia
silençio ponen luego en su alegria.

Pastores.

Caer de un buen estado,
es una graue pena y importuna,
mas no es amor culpado,
la culpa es de fortuna,
que no sabe exçeptar persona alguna.
Si amor promete uida,
injusta es esta muerte en que nos mete:
si muerte conosçida,
ningun yerro comete,
que en fin nos uiene a dar lo que promete.

Nimphas.

Al fiero amor disculpan
los que se hallan dél más sojuzgados,
y a los esentos culpan,
mas destos dos estados
qualquiera escogera al de los culpados.

Pastores.

El libre y el captiuo
hablar solo un lenguaje es escusado,
uereys que el muerto, el biuo,
amado, o desamado,
cada uno habla (en fin) segun su estado.

La sábia Feliçia, y la pastora Felismena, estuuieron muy atentas a la musica de las Nimphas y pastores, y ansi mismo a las opiniones que cada uno mostraua tener, y riendose Feliçia contra Felismena, le dixo al oydo. ¿Quién creera, hermosa pastora, que las más destas palabras no os an tocado en el alma? Y ella con mucha le respondió: han sido las palabras tales, que al alma a quien no tocaren, no deue estar tan tocada de amor, como la mia. Feliçia entonçes (alçando un poco la boz) le dixo: En estos cassos de amor tengo yo una regla, que siempre la he hallado muy uerdadera, y es, que el animo generoso, el entendimiento delicado, en esto del querer bien lleua grandissima uentaja, al que no lo es. Porque como el amor sea uirtud, y la uirtud siempre haga assiento en el mejor lugar, está claro, que las personas de suerte serán muy mejor enamoradas, que aquellas a quien esta falte. Los pastores y pastoras, se sintieron de lo que Feliçia dixo, y a Syluano le paresçio no dexalla sin respuesta y assi le dixo: ¿En qué consiste, señora, ser el animo generosa y el entendimiento delicado? Feliçia (que entendio a donde tiraua la pregunta del pastor) por no descontentarle respondio: no está en otra cosa sino en la propria uirtud del hombre, como es en tener el juyzio viuo, el pensamiento inclinado a cosas altas, y otras uirtudes que nasçen con ellos mismos. Satisfecho estoy (dixo Syluano) y tambien lo deuen estar estos pastores, porque imaginauamos que tomauas (o discreta Feliçia) el ualor y uirtud de más atras de la persona misma, digolo porque asaz desfauorescido de los bienes de naturaleza está el que los va a buscar en sus passados. Todas las pastoras y pastores mostraron gran contentamiento de lo que Syluano auia respondido: y las Nymphas se rieron mucho, de cómo los pastores se yuan corriendo de la proposiçion de la sábia Feliçia, la qual tomando a Felismena por la mano, la metio en vna camara sola, adonde era su aposento. Y despues de hauer passado con ella muchas cosas, le dio grandissima esperança de conseguir su desseo, y el virtuoso fin de sus amores, con alcançar por marido a don Felis. Aunque tambien le dixo, que esto no podia ser sin primero passar por algunos trabajos, los quales la dama tenia muy en poco, viendo el galardon que dellos esperaua. Feliçia le dixo que los vestidos de pastora se quitasse por entonçes, hasta que fuesse tiempo deboluer a ellos; y llamando a las tres Nimphas que en su compañia auian venido, hizo que la vistiessen en su trage natural. No fueron las Nimphas perezosas en hazello, ni Felismena desobediente a lo que Feliçia le mandó. Y tomandose de las manos, se entraron en vna recamara, a vna parte de la qual estaua vna puerta, y abriendo la hermosa Dorida, baxaron por vna escalera de alabastro, a vna hermosa sala, que en medio della auia vn estanque de vna clarissima agua, adonde todas aquellas Nimphas se bañauan. Y desnudandose assi ellas como Felismena se bañaron; y peinaron despues sus hermosos cabellos, y se subieron a la recamara de la sábia Feliçia, adonde despues de auerse vestido las Nimphas, vistieron ellas mismas a Felismena, vna ropa, y basquiña de fina grana: recamada de oro de cañutillo y aljofar, y vna cuera, y mangas de tela de plata emprensada: en la basquiña y ropa, auia sembrados a trechos vnos plumages de oro, en las puntas de los quales auia muy gruessas perlas. Y tomandole los cabellos con vna çinta encarnada, se los reboluieron a la cabeça, poniendole un escofion de redezilla de oro muy subtil y en cada lazo de la red assentado con gran artifiçio vn finissimo rubí, en dos guedellas de cabellos, que los lados de la cristalina frente adornauan, le fueron puestos dos joyeles, engastados en ellos muy hermosas esmeraldas y zafires de grandissimo preçio. Y de cada vno colgauan tres perlas orientales, hechas a manera de vellotas. Las arracadas eran dos nauezillas de esmeraldas, con todas las xarçias de cristal. Al cuello le pusieron un collar de oro fino, hecho a manera de culebra enroscada, que de la boca tenía colgada una aguila, que entre las vñas tenía un rubí grande de infinito preçio. Quando las tres Nimphas de aquella suerte la uieron, quedaron admiradas de su hermosura, luego salieron con ella a la sala, donde las otras Nimphas y pastores estauan, y como hasta entonçes fuesse tenida por pastora, quedaron tan admirados, que no sabian qué dezir. La sábia Feliçia mandó luego a sus Nimphas, que lleuasen a la hermosa Felismena y a su compañia, a uer la casa y templo adonde estauan, lo qual fue luego puesto por obra, y la sábia Feliçia se quedó en su aposento. Pues tomando Polidora y Cinthia, en medio a Felismena, y las otras Nimphas a los pastores y pastoras, que por su discreçion eran dellas muy estimados se salieron en un gran patio: cuyos arcos y columnas eran de marmol jaspeado, y las basas y chapiteles de alabastro, con muchos follages a la romana dorados en algunas partes, todas las paredes eran labradas de obra mosayca: las columnas estaban assentadas sobre Leones, Orças, Tigres de arambre, y tan al biuo, que parescia, que querian arremeter a los que alli entrauan: En medio del patio auia un padron ochauado de bronzo, tan alto como diez codos, ençima del qual estaua armado de todas armas a la manera antigua, el fiero Marte, a quien los gentiles llamauan el dios de las batallas. En este padron con gran artifiçio estauan figurados los superbos esquadrones romanos a una parte y a otra los Cartagineses, delante el vno estaua el brauo Hanibal, y del otro el valeroso Sçipion Africano, que primero que la edad y los años le acompañassen, naturaleza mostró en él gran exemplo de uirtud, y esfuerço. A la otra parte, estaua el gran Marco Furio Camillo conbatiendo en el alto Capitolio por poner en libertad a la patria, de donde él hauia sido desterrado. Alli estaua Horaçio, Muçio Sceuola, el venturoso Consul Marco Varron, César, Pompeyo, con el magno Alexandro, y todos aquellos que por las armas acabaron grandes hechos, con letreros en que se declarauan sus nombres, y las cosas en que cada vno más se auia señalado. Un poco más arriba destos estaua vn cauallero armado de todas armas, con vna espada desnuda en la mano, muchas cabeças de moros debaxo de sus pies, con vn letrero que dezia: