Don Luys de Vilanoua soy llamado
del gran marques de Trans he proçedido,
mi antiguedad, valor muy señalado,
en Françia, Italia, España es conosçido,
Bicorbe antigua casa es el estado,
que la fortuna aora ha conçedido
a un corazon tan alto, y sin segundo,
que poco es para él mandar el mundo.
Despues de auer particularmente mirado el padron, estos y otros muchos caualleros, que en él estauan esculpidos, entraron en vna rica sala, lo alto de la qual era todo de marfil, marauillosamente labrado: las paredes de alabastro, y en ellas esculpidas muchas historias antiguas, tan al natural, que verdaderamente paresçia que Lucreçia acabaua alli de darse la muerte, y que la cautelosa Medea deshazia su tela en la isla de Ithaca, y que la ilustre Romana se entregaua a la parca, por no ofender su honestidad, con la vista del horrible monstruo, y que la muger de Mauseolo estaua con grandissima agonia, entendiendo en que el sepulchro de su marido fuesse contado por vna de las siete marauillas del mundo. Y otras muchas historias y exemplos de mugeres castissimas, y dignas de ser su fama por todo el mundo esparzida, porque no tan solamente a alguna dellas paresçia auer con su uida dado muy claro exemplo de castidad, mas otras que con la muerte dieron muy grande testimonio de su limpieza: entre las quales estaua la grande española Coronel, que quiso mas entregarse al fuego, que dexarse vençer de un deshonesto apetito. Después de auer visto cada vna las figuras, y uarias historias, que por las paredes de la sala estauan, entraron en otra quadra más adentro, que segun su riqueza les paresçio que todo lo que auian visto era ayre en su comparaçion: porque todas las paredes eran cubiertas de oro fino, y el pauimiento de piedras preçiosas, entorno de la rica quadra estauan muchas figuras de damas españolas, y de otras naçiones, y en lo muy alto la diosa Diana, de la misma estatura que ella era, hecha de metal Corinthio, con ropas de caçadora, engastadas por ellas muchas piedras y perlas de grandissimo valor, con su arco en la mano, e su aljaua al cuello, rodeada de Nimphas más hermosas que el sol. En tan grande admiraçion puso a los pastores y pastoras, las cosas que alli veyan, que no sabian qué dezir: porque la riqueza de la casa era tan grande, las figuras que alli estauan tan naturales, el artifiçio de la quadra, y la orden que las damas que alli auia retratadas tenian, que no les paresçia poderse imaginar en el mundo cosa más perfecta. A una parte de la quadra estauan quatro laureles de oro esmaltados de uerde, tan naturales que los del campo no lo eran mas: y junto a ellos una pequeña fuente toda de fina plata: en medio de la qual estaua una Nimpha de oro, que por los hermosos pechos, vna agua muy clara echaua, y junto a la fuente sentado el çelebrado Orpheo, encantado de la edad que era al tiempo que su Euridiçe fué del importuno Aristeo requerida: tenía vestida vna cuera de tela de plata guarnesçida de perlas, las mangas le llegauan a medio braço solamente, y de alli adelante desnudos; tenia vnas calças hechas a la antigua, cortadas en la rodilla de tela de plata, sembradas en ellas vnas çitharas de oro, los cabellos eran largos y muy dorados sobre los quales tenía una muy hermosa guirnalda de laurel. En llegando a él las hermosas Nimphas, comenzó a tañer en una harpa que en las manos tenía, muy dulçemente, de manera que los que lo oyan, estauan tan agenos de si, que a nadie se le acordaua de cosa que por el uuiesse passado. Felismena se sento en un estrado, que en la hermosa quadra estaua todo cubierto de paños de brocado, y las Nimphas y pastoras entorno della, los pastores se arrimaron a la clara fuente. De la misma manera estauan todos oyendo al çelebrado Orpheo, que al tiempo que en la tierra de los Ciconios cantaua, quando Cipariso fue conuertido en Cipres y Atis en Pino. Luego començo el enamorado Orpheo al son de su harpa a cantar dulçemente, que no hay sabello dezir. Y boluiendo el rostro a la hermosa Felismena, dio prinçipio a los uersos siguientes:
CANTO DE ORPHEO
Escucha, o Felismena, el dulçe canto
de Orpheo, cuyo amor tan alto ha sido:
suspende tu dolor, Seluagia, en tanto
que canta tu amador de amor vençido;
oluida ya, Belisa, el triste llanto,
oyd a un triste (o Nimphas) que ha perdido
sus ojos por mirar, y vos pastores
dexad un poco estar el mal de amores.
No quiero yo cantar, ni Dios lo quiera,
aquel proçesso largo de mis males,
ni quando yo cantaua de manera,
que a mi traya las plantas y animales:
ni quando a Pluton ui, que no deuiera,
y suspendi las penas infernales,
ni como bolui el rostro á mi señora,
cuyo tormento aun biue hasta agora.
Mas cantaré con boz suaue y pura,
la grande perfeçion, la graçia estraña,
el ser, valor, beldad sobre natura,
de las que oy dan valor illustre a España:
mirad pues, Nimphas, ya la hermosura
de nuestra gran Diana y su compaña;
que alli está el fin, alli vereys la suma
de lo que contar puede lengua y pluma.
Los ojos leuantad, mirando aquella
que en la suprema silla está sentada,
el sçeptro, y la corona junto a ella,
y de otra parte la fortuna ayrada:
esta es la luz de España, y clara estrella,
con cuya absençia está tan eclipsada:
su nombre (o Nimphas) es doña Maria
gran Reyna, de Bohemia, de Austria Vngria.
La otra junta a ella es doña Ioana,
de Portugal Prinçesa, y de Castilla
infanta, a quien quitó fortuna insana,
el seçptro, la corona, y alta silla,
y a quien la muerte fue tan inhumana,
que aun ella assi se espanta y marauilla,
de ver quan presto ensagrento sus manos
en quien fue espejo y luz de Lusitanos.
Mirad, Nimphas, la gran doña Maria,
de Portugal infanta soberana,
cuya hermosura y graçia sube oy dia
a do llegar no puede vista humana:
mirad que aunque fortuna alli porfia
la vence el gran valor que della mana,
y no son parte el hado, tiempo, y muerte,
para vençer su grand bondad y suerte.
Aquellas dos que tiene alli a su lado,
y el resplandor del sol han suspendido,
las mangas de oro, sayas de brocado,
de perlas y esmeraldas guarnesçido:
cabellos de oro fino, crespo ondado,
sobre los hombros suelto y esparzido,
son hijas del infante Lusitano,
Duarte valeroso y gran Christiano.
Aquellas dos Duquesas señaladas
por luz de hermosura en nuestra España,
que alli veys tan al biuo debuxadas
con vna perfeçion, y graçia estraña,
de Najara y de Sessa son llamadas,
de quien la gran Diana se acompaña,
por su bondad, valor y hermosura,
saber, y discreçion sobre natura.
¿Ueys vn valor, no vista en otra alguna,
ueys vna perfeçion jamas oyda,
ueys una discreçion, qual fue ninguna,
de hermosura y graçia guarnescida?
¿ueys la que está domando a la fortuna
y a su pesar la tiene alli rendida?
la gran doña Leonor Manuel se llama,
de Lusitania luz que al orbe inflama.
Doña Luisa Carrillo, que en España
la sangre de Mendoça ha esclareçido:
de cuya hermosura y graçia extraña,
el mismo amor, de amor está uençido,
es la que a nuestra Dea ansi acompaña
que de la uista nunca la ha perdido:
de honestas y hermosas claro exemplo,
espejo y clara luz de nuestro templo.
¿Ueys una perfeçion tan acabada
de quien la misma fama está embidiosa?
¿ueys una hermosura más fundada
en graçia y discreçion que en otra cosa,
que con razon obliga a ser amada
porque es lo menos de ella el ser hermosa?
es doña Eufrasia de Guzman su nombre,
digna de inmortal fama y gran renombre.
Aquella hermosura peregrina
no uista en otra alguna sino en ella,
que a qualquier seso apremia y desatina,
y no hay poder de amor que apremie el della,
de carmesí uestida y muy más fina
de su rostro el color que no el de aquella,
doña Maria de Aragon se llama,
en quien se ocupará de oy más la fama.
¿Sabeys quién es aquella que señala
Diana, y nos la muestra con la mano,
que en graçia y discreçion a ella yguala,
y sobrepuja a todo ingenio humano,
y aun ygualarla en arte, en ser y en gala,
sería (segun es) trabajo en uano?
doña Ysabel Manrique y de Padilla,
que al fiero Marte uenze y marauilla.
Doña Maria Manuel y doña Ioana
Osorio, son las dos que estays mirando
cuya hermosura y graçia sobre humana,
al mismo Amor de amor está matando:
y esta nuestra gran Dea muy vfana,
de ueer a tales dos de nuestro uando,
loallas, segun son es escusado:
la fama y la razon ternan cuydado.
Aquellas dos hermanas tan nombradas
cada una es una sola y sin segundo,
su hermosura y graçias extremadas,
son oy en dia un sol que alumbra el mundo,
al biuo me paresçen trasladadas,
de la que a buscar fuy hasta el profundo:
doña Beatriz Sarmiento y Castro es una
con la hermosa hermana qual ninguna.
El claro sol que ueys resplandeçiendo
y acá, y allá sus rayos ya mostrando,
la que del mal de amor se está riendo,
del arco, aljaua y flechas no curando,
cuyo diurno rostro está diziendo,
muy más que yo sabré dezir loando,
doña Ioana es de Çarate, en quien vemos
de hermosura y graçia los extremos.
Doña Anna Osorio y Castro está cabe ella
de gran valor y graçia acompañada,
ni dexa entre las bellas de ser bella,
ni en toda perfeçion muy señalada,
mas su infelize hado vsó con ella
de una crueldad no vista ni pensada,
porque al ualor, linaje y hermosura
no fuesse ygual la suerte, y la uentura.
Aquella hermosura guarnecida
de honestidad, y graçia sobre humana,
que con razon y causa fue escogida
por honra y prez del templo de Diana,
contino uençedora, y no uençida
su nombre (o Nimphas) es doña Iuliana,
de aquel gran Duque nieta y Condestable,
de quien yo callaré, la fama hable[1256].
Mirad de la otra parte la hermosura
de las illustres damas de Valençia,
a quien mi pluma ya de oy mas procura
perpetuar su fama y su excelençia:
aqui, fuente Helicona, el agua pura
otorga, y tú, Minerua, enpresta sçiençia,
para saber dezir quién son aquellas
que no hay cosa que ver despues de vellas.
Las cuatro estrellas ved resplandesçientes
de quien la fama tal ualor pregona
de tres insignes reynos desçendientes,
y de la antigua casa de Cardona,
de la vna parte Duques exçelentes,
de otra el trono, el sçeptro, y la corona,
del de Segorbe hijas, cuya fama
del Borea al Austro, al Euro se derrama.
La luz del orbe con la flor de España,
el fin de la beldad y hermosura,
el coraçon real que le acompaña,
el ser, valor, bondad sobre natura,
aquel mirar que en verlo desengaña,
de no poder llegar alli criatura:
doña Anna de Aragon se nombra y llama,
a do por el amor, cansó la fama.
Doña Beatrix su hermana junto della
vereys, si tanta luz podeys miralla:
quien no podré alabar, es sola ella,
pues no ay podello hazer, sin agrauialla:
a aquel pintor que tanto hizo en ella,
le queda el cargo de poder loalla,
que a do no llega entendimiento humano
llegar mi flaco ingenio, es muy en vano.
Doña Françisca d'Aragon quisiera
mostraros, pero siempre está escondida:
su vista soberana es de manera,
que a nadie que la vee dexa con vida:
por esso no paresçe. ¡Oh quién pudiera
mostraros esta luz, que al mundo oluida,
porque el pintor que tanto hizo en ella,
los passos le atajó de meresçella.
A doña Madalena estays mirando
hermana de las tres que os he mostrado,
miralda bien, uereys que está robando
a quien la mira, y biue descuydado:
su grande hermosura amenazando
está, y el fiero amor el arco armado,
porque no pueda nadie, ni aun miralla,
que no le rinda o mate sin batalla.
Aquellos dos luzeros que a porfia
acá, y allá sus rayos uan mostrando,
y a la exçelente casa de Gandia,
por tan insigne y alta señalando,
su hermosura y suerte sube oy dia
muy más que nadie sube imaginando:
¿quién uee tal Margareta y Madalena,
que tema del amor la horrible pena?
Quereys, hermosas Nimphas, uer la cosa,
que el seso más admira y desatina?
mirá una Nimplia más que el sol hermosa,
pues quién es ella, o él jamas se atina:
el nombre desta fenix tán famosa,
es en Valençia doña Cathalina
Milan, y en todo el mundo es oy llamada
la más discreta, hermosa y señalada.
Alçad los ojos, y vereis de frente
del caudaloso rio y su ribera,
peynando sus cabellos, la exçelente
doña Maria Pexon y Çanoguera
cuya hermosura y gracia es euidente,
y en discreçion la prima y la primera:
mirad los ojos, rostro cristallino,
y aquí puede hazer fin uuestro camino.
Las dos mirad que están sobrepujando,
a toda discreçion y entendimiento,
y entre las más hermosas señalando
se uan, por solo vn par, sin par ni cuento,
los ojos que las miran sojuzgando:
pues nadie las miró que biua essento:
¡ued qué dira quien alabar promete
las dos Beatrizes, Vique y Fenollete!
Al tiempo que se puso alli Diana,
con su diuino rostro y excelente
salió un luzero, luego una mañana
de Mayo muy serena y refulgente:
sus ojos matan y su uista sana,
despunta alli el amor su flecha ardiente,
su hermosura hable, y testifique
ser sola y sin ygual doña Anna Vique.
Bolued, Nimphas, uereys doña Teodora
Carroz, que del valor y hermosura
la haze el tiempo reyna y gran señora
de toda discreçion y graçia pura:
qualquiera cosa suya os enamora,
ninguna cosa nuestra os assegura,
para tomar tan grande atreuimiento,
como es poner en ella el pensamiento.
Doña Angela de Borja contemplando
uereys que está (pastores) en Diana,
y en ella la gran dea está mirando
la graçia y hermosura soberana:
Cupido alli a sus pies está llorando,
y la hermosa Nimpha muy ufana,
en uer delante della estar rendido
aquel tyrano fuerte y tan temido.
De aquella illustre cepa Çanoguera,
salio una flor tan extremada y pura,
que siendo de su edad la primauera,
ninguna se le yguala en hermosura:
de su excelente madre es heredera,
en todo quanto pudo dar natura,
y assi doña Hieronyma ha llegado
en graçia y disceçion al sumo grado.
¿Quereys quedar (o Nimphas) admiradas,
y uer lo que a ninguna dió uentura:
quereys al puro extremo uer llegados
ualor, saber, bondad y hermosura?
mirad doña Veronica Marradas,
pues solo uerla os dize y assegura
que todo sobra, y nada falta en ella,
sino es quien pueda (o piense) meresçella.
Doña Luysa Penarroja uemos
en hermosura y graçia más que humana,
en toda cosa llega los estremos,
y a toda hermosura uençe y gana:
no quiere el crudo amor que la miremos
y quien la uió, si no la uee, no sana:
aunque despues de uista el crudo fuego
en su vigor y fuerça buelue luego.
Ya ueo, Nimphas, que mirays aquella
en quien estoy continuo contemplando,
los ojos se os yran por fuerça a ella,
que aun los del mismo amor está robando:
mirad la hermosura que ay en ella,
mas ued que no çegueys quiçá mirando
a doña Ioana de Cardona, estrella
que el mismo amor está rendido a ella.
Aquella hermosura no pensada
que ueys, si uerla cabe en nuestro uaso:
aquella cuya suerte fue estremada
pues no teme fortuna, tiempo o caso,
aquella discreçion tan leuantada,
aquella que es mi musa y mi parnaso:
Ioanna Anna, es Catalana, fin y cabo
de lo que en todas por estremo alabo.
Cabe ella está un estremo no uicioso,
mas en uirtud muy alto y estremado,
disposiçion gentil, rostro hermoso,
cabellos de oro, y cuello delicado,
mirar que alegra, mouimiento ayroso,
juyzio claro y nombre señalado,
doña Angela Fernando, aquien natura
conforme al nombre dio la hermosura.
Vereys cabe ella doña Mariana,
que de ygualalle nadie está segura;
miralda junto a la exçelente hermana,
uereys en poca edad gran hermosura,
uereys con ella nuestra edad ufana,
uereys en pocos años gran cordura,
uereys que son las dos el cabo y summa
de quanto dezir puede lengua y pluma.
Las dos hermanas Borjas escogidas,
Hippolita, Ysabel, que estays mirando,
de graçia y perfeçion tan guarnesçidas,
que al sol su resplandor está çegando,
miraldas y uereys de quantas uidas
su hermosura siempre ua triumphando:
mirá los ojos, rostro, y los cabellos,
que el oro queda atras y passan ellos.
Mirad doña Maria Çanoguera,
la qual de Catarroja es oy señora,
cuya hermosura y graçia es de manera,
que a toda cosa uençe y la enamora:
su fama resplandeçe por do quiera
y su uirtud la ensalça cada hora,
pues no ay qué dessear despues de uella,
¿quién la podrá loar sin offendella?
Doña Ysabel de Borja está defrente
y al fin y perfeçion de toda cosa,
mira la graçia, el ser, y la exçelente
color más biua que purpurea rosa,
mirad que es de uirtud y graçia fuente,
y nuestro siglo illustre en toda cosa:
al cabo está de todas su figura,
por cabo y fin de graçia y hermosura.
La que esparzidos tiene sus cabellos
con hilo de oro fino atras tomados,
y aquel diuino rostro, que él y ellos
a tantos coraçones trae domados,
el cuello de marfil, los ojos bellos,
honestos, baxos, uerdes, y rasgados,
doña Ioana Milan por nombre tiene,
en quien la uista pára y se mantiene,
Aquella que alli ueys, en quien natura
mostró su sçiençia ser marauillosa,
pues no ay pasar de alli en hermosura,
no ay más que dessear a una hermosa:
cuyo ualor, saber, y gran cordura
leuantarán su fama en toda cosa,
doña Mençia se nombra Fenollete,
a quien se rinde amor y se somete.
La cançion del çelebrado Orpheo, fue tan agradable a los oydos de Felismena, y de todos los que la oyan, que assi los tenia suspensos, como si por ninguno de ellos uuiera passado más de lo que presente tenian. Pues auiendo muy particularmente mirado el rico aposento, con todas las cosas que en él auia que uer, salieron las Nymphas por una puerta de la gran sala, y por otra de la sala a un hermoso jardin, cuya uista no menos admiraçion les causó que lo que hasta alli auian uisto, entre cuyos arboles y hermosas flores auia muchos sepulchros de nimphas y damas, las quales auian con gran limpieça conseruado la castidad deuida a la castissima diosa. Estauan todos los sepulchros coronados de enredosa yedra, otros de olorosos arrayhanes, otros de uerde laurel. De más desto auia en el hermoso jardin muchas fuentes de alabastro, otras de marmol jaspeado, y de metal, debaxo de parrales, que por ençima de artifiçiosos arcos estendian todas sus ramas, los myrthos hazian cuatro paredes almenadas, y por ençima de las almenas, paresçian muchas flores de jazmin, madreselua, y otras muy apazibles a la uista. En medio del jardin estaua una piedra negra, sobre quatro pilares de metal, y en medio de ella un sepulchro de jaspe, que quatro Nimphas de alabastro en las manos sostenian, entorno dél estauan muchos blandones, y candeleros de fina plata, muy bien labrados, y en ellos hachas blancas ardiendo. En torno de la capilla auia algunos bultos de caualleros, otros de marmol jaspeado, y de otras diferentes materias. Mostrauan estas figuras tan gran tristeza en el rostro, que la pusieron en el coraçon de la hermosa Felismena, y de todos los que el sepulchro veyan. Pues mirandolo muy particularmente, vieron que a los pies dél, en una tabla de metal que una muerte tenía en las manos, estaua este letrero:
Aqui reposa doña Catalina
de Aragon y Sarmiento cuya fama,
al alto çielo llega, y se auezina,
y desde el Borea al Austro se derrama:
matéla, siendo muerte, tan ayna,
por muchos que ella ha muerto, siendo dama,
acá está el cuerpo, el alma allá en el çielo,
que no la meresçio gozar el suelo.
Despues de leydo el Epigramma, vieron cómo en lo alto del sepulchro estaua vna aguda de marmol negro, con vna tabla de oro en las vñas, y en ella estos uersos.
Qual quedaria (o muerte) el alto çielo
sin el dorado Apollo y su Diana
sin hombre, ni animal el baxo suelo,
sin norte el marinero en mar insana,
sin flor, ni yerua el campo y sin consuelo,
sin el roçio d'aljofar la mañana,
assi quedó el ualor, la hermosura,
sin la que yaze en esta sepultura.
Quando estos dos letreros vuieron leydo, y Belisa entendido por ellos quién era la hermosa Nimpha que alli estaua sepultada, y lo mucho que nuestra España auia perdido en perdella, acordandosele de la temprana muerte del su Arsileo, no pudo dexar de dezir con muchas lagrimas: Ay muerte, quán fuera estoy de pensar, que me as de consolar con males agenos! Dueleme en estremo lo poco que se gozó tan gran ualor y hermosura como esta Nimpha me dizien que tenía, porque ni estaua presa de amor, ni nadie meresçio que ella lo estuuiesse. Que si otra cossa entendiera, por tan dichosa la tuuiera yo en morirse, como a mí por desdichada en uer, o cruda muerte, quan poco caso hazes de mi: pues lleuandome todo mi bien, me dexas, no para más, que para sentir esta falta. O mi Arsileo, o disçreçion jamás oyda, o el más claro ingenio que naturaleza pudo dar. ¿Qué ojos pudieron uerte, qué animo pudo suffrir tu desastrado fin? O Arsenio, Arsenio, Arsenio quan poco pudiste suffrir la muerte del desastrado hijo, teniendo más ocasion de suffrirla que yo? ¿Por qué (cruel Arsenio) no quesiste que yo partiçipasse de dos muertes, que por estoruar la que menos me dolia, diera yo çien mil vidas, si tantas tuuiera? A Dios, bienauenturada Nimpha, lustre y honrra de la real casa de Aragon, Dios dé gloria a tu anima, y saque la mia de entre tantas desuenturas. Despues Belisa vuo dicho estas palabras, y despues de auer uisto otras muchas sepulturas, muy riquissimamente labradas, salieron por una puerta falsa que en el jardin estaua, al verde prado: adonde hallaron a la sabia Feliçia, que sola se andaua recreando: la qual los reçibio con muy buen semblante. Y en quanto se hazia hora de çenar, se fueron a vna gran alameda, que çerca de alli estaua, lugar donde las Nimphas del sumptuoso templo, algunos dias salian a recrearse. Y sentados en un pradezillo, çercado de uerdes salzes, començaron a hablar vnos con otros: cada vno en la cosa que más contento le daua. La sábia Feliçia llamó junto a si al pastor Sireno, y a Felismena. La Nimpha Dorida, se puso con Syluano hazia vna parte del verde prado, y las dos pastoras, Seluagia, y Belisa, con las más[1257] hermosas Nimphas, Cinthia y Polydora, se apartaron haçia otra parte: de manera que aunque no estauan vnos muy lexos de los otros, podian muy bien hablar, sin que estoruasse vno lo que el otro dezia. Pues queriendo Sireno, que la platica, y conuersaçion se conformasse con el tiempo y lugar, y tambien con la persona a quien hablaua, començo a hablar desta manera: No me paresçe fuera de proposito, señora Feliçia, preguntar yo una cosa que jamás pude llegar al cabo del conosçimiento della: y es esta: Affirman todos los que algo entienden, que el uerdadero amor nasçe de la razon: y si esto es ansi, quál es la causa porque no hay cosa mas desenfrenada en el mundo, ni que menos se dexe gouernar por ella? Feliçia le respondió: Assi como essa pregunta es más que de pastor: assi era neçessario que fuesse más que muger la que a ella respondiesse, mas con lo poco que yo alcanço, no me paresçe que porque el amor tenga por madre a la razon, se ha de pensar que él se limite, ni gouierne por ella. Antes has de presuponer, que despues que la razon del conosçimiento lo ha engendrado las menos uezes quiere que lo[1258] gouierne. Y es de tal manera desenfrenado, que las más de las ueces uiene en daño y perjuyzio del amante, pues por la mayor parte, los que bien aman, se uienen a desamar a si mismos, que es contra razon, y derecho de naturaleza. Y esta es la causa, porque le pintan çiego, y falto de toda razon. Y como su madre Venus tiene los ojos hermosos, ansi él dessea siempre lo más hermoso. Pintanlo desnudo, porque el buen amor, ni puede dissimularse con la razon, ni encubrirse con la prudençia. Pintanle con alas, porque ueloçissimamente entra en el anima del amante: y quanto más perfecto es, con tanto mayor ueloçidad y enagenamiento de si mismo, va a buscar la persona amada: por lo qual dezia Euripides, que el amante biuia en el cuerpo del amado. Pintanlo ansi mismo flechando su arco, porque tira derecho al coraçon, como a proprio blanco, y tambien porque la llaga de amor, es como la que haze la saeta, o flecha en la entrada, y profunda en lo intrinseco del que ama. Es esta llaga difficil de uer, mala de curar, y muy tardia en el sanar. De manera, Sireno, que no deue admirarte, aunque el perfecto amor sea hijo de razon, que no se gouierne por ella, porque no hay cosa que despues de nasçida menos corresponda al origen de adonde nasçio. Algunos dizen, que no es otra la differençia entre el amor uiçioso, y el que no lo es, sino que el uno se gouierna por razon, y el otro no se dexa gouernar por ella, y engañanse: porque aquel exçesso, y impetu no es más propio del amor deshonesto, que del honesto: antes es vna propriedad de qualquier genero de amor: saluo que el uno haze la uirtud mayor y en el otro acresçienta mas el uiçio. Quién puede negar que en el amor que uerdaderamente se honesta, no se hallen marauillosos y exçessiuos effectos? Preguntenlo a muchos que por solo el amor de Dios no hizieron cuenta de sus personas, ni estimaron por él perder la uida (aunque sabido el premio que por ello se esperaua, no dauan mucho) pues quántos han procurado consumir sus personas, y acabar sus uidas, inflamados del amor de la uirtud, de alcançar fama gloriosa? Cosa que la razon ordinaria no permite, antes guia qualquiera effecto, de manera que la uida pueda honestamente conseruarse. Pues quántos exemplos te podria yo traer de muchos que por solo el amor de sus amigos, perdieron la uida, y todo lo más que con ella se pierde: Dexemos este amor, boluamos al amor del hombre con la muger. Has de saber, que si el amor que el amador tiene a su dama (aunque inflamado en desenfrenada affiçion) nasçe de la razon, y del uerdadero conosçimiento y juyzio: que por solas sus uirtudes la juyzgue digna de ser amada: que este tal amor (a mi paresçer, y no me engaño) no es illiçito, ni deshonesto, porque todo el amor desta manera, no tira a otro fin, sino a querer la persona por ella misma, sin esperar otro interesse ni galardon de sus amores. Ansi que esto es lo que me paresçe que se puede responder a lo que en este caso me has preguntado. Sireno entonces le respondio: Yo estoy, discreta señora, satisfecho de lo que desseaua entender, y ansi creo que lo estare (segun tu claro juyzio) de todo lo que quisiera saber de ti: aunque otro entendimiento era menester más abundante que el mio, para alcançar lo mucho que tus palabras comprehenden. Syluano, que con Polidora estaua hablando, dezia: Marauillosa cosa es (hermosa Nimpha) ver lo que sufre vn triste coraçon, que a los trançes de amor está subjecto, porque el menor mal que haze, es quitarnos el juyzio, perder la memoria de toda cosa, y henchir la de solo él: buelue ageno de si todo hombre, y proprio de la persona amada. Pues qué hará el desuenturado, que se vee enemigo de plazer, amigo de soledad, lleno de passiones, çercado de temores, turbado de spiritu, martyrizado del seso, sustentado de esperança, fatigado de pensamientos, affligido de molestias, traspassado de çelos, lleno perpetuamente de sospiros, enojos, y agrauios que jamás le faltan? Y lo que más me marauillo es que siendo este amor tan intolerable y estremado en crueldad, no quiera el spiritu apartarse dél ni lo procure: mas antes tenga por enemigo a quien se lo aconseja. Bien está todo (dixo Polidora) pero yo sé muy bien que por la mayor parte los que aman, tienen más de palabras que de passiones. Señal es essa (dixo Syluano) que no las sabes sentir, pues no las puedes creer, y bien paresçe que no has sido tocado deste mal, ni plega a Dios que lo seas: el qual ninguno lo puede creer, ni la calidad, y multitud de los males que dél proçeden, sino el que partiçipa dellos. ¿Cómo que piensas tú (hermosa Nimpha) que hallandose continuamente el amante confusa la razon, occupada la memoria, enagenada la fantasia y el sentido del exçessiuo amor fatigado, quedará la lengua tan libre que pueda fingir pasiones, ni mostrar otra cosa de lo que siente? Pues no te engañes en esso, que yo te digo que es muy al reues de lo que tú lo imaginas. Vesme aqui donde estoy que verdaderamente ninguna cosa ay en mi, que se pueda gouernar por razon, ni aun la podrá auer en quien tan ageno estuuiere de su libertad como yo: porque todas las subiectiones corporales dexan libre (a lo menos) la voluntad, mas la subjection de amor es tal, que la primera cosa que haze, es tomaros possesion della, y quieres tú, pastora, que forme quexas, y finja sospiros, el que desta manera se vee tratado? Bien paresçe en fin que estás libre de amor, como yo poco ha te dezia. Polidora le respondio: yo conozco, Syluano, que los que aman, reçiben muchos trabajos, y affliçiones, todo el tiempo que no alcançan lo que dessean: pero despues de conseguida la cosa desseada, se les buelue en descanso y contentamiento. De manera que todos los males que passan, más proceden del desseo, que de amor que tengan a lo que dessean. Bien paresçe que hablas en mal que no tienes experimentado (dixo Syluano) porque el amor de aquellos amantes cuyas penas çessan despues de auer alcançado lo que dessean, no proçede su amor de la razon, sino de un apetito baxo y deshonesto. Seluagia, Belisa y la hermosa Ciuthia, estauan tratando, quál era la razon, porque en absencia las más de las uezes se resfriaua el amor. Belisa no podia creer que por nadie passasse tan gran deslealtad, diziendo: que pues siendo muerto el su Arsileo, y estando bien segura de no uerle más, le tenía el mismo amor que quando biuia, que ¿cómo era possible, ni se podia suffrir, que nadie oluidasse en absençia los amores, que algun tiempo esperasse ver? La Nimpha Ciuthia le respondio: no podré, Belisa, responderte con tanta sufiçiençia como por uentura la materia lo requeria, por ser cosa que no se puede esperar del ingenio de vna Nimpha como yo. Mas lo que a mi me paresçe es que quando uno se parte de la presençia de quien quiere bien la memoria le queda por ojos: pues solamente con ella uee lo que dessea. Esta memoria tiene cargo de representar al entendimiento lo que contiene en sí, y del entenderse la persona que ama, uiene la uoluntad, que es la terçera potentia del ánima, a engendrar el desseo mediante el qual tiene el ausente pena por uer aquel que quiere bien. De manera que todos estos effectos se deriuan de la memoria, como de una fuente, donde nasçe el prinçipio del desseo. Pues aueys de saber aora, hermosas pastoras, que como la memoria sea una cosa, que cuanto más va, más pierde su fuerça y uigor oluidandose de lo que le entregaron los ojos: ansi tanbien lo pierden las otras potençias, cuyas obras en ella tenian su prinçipio, de la misma manera que a los rios se les acabaria su corriente, si dexassen de manar las fuentes adonde nasçen. Y si como esto se entiende en el que parte se entendiera tambien en el que queda. Y pensar tú, hermosa pastora, que el tiempo no curaria tu mal, si dexasses el remedio dél en manos de la sábia Feliçia, será muy gran engaño: porque ninguno ay, a quien ella no dé remedio, y en el de amores más que en todos los otros. La sábia Feliçia, que aunque estaua algo apartada, oyó lo que Cinthia dixo, le respondio: No seria pequeña crueldad poner yo el remedio, de quien tanto lo ha menester, en manos de medio tan espacioso, como es el tiempo. Que puesto caso que algunas uezes no lo sea, en fin, las enfermedades grandes, si otro remedio no tienen sino el suyo, se an de gastar tan despaçio que primero que se acaben, se acabe la uida de quien las tiene. Y porque mañana pienso entender en lo que toca al remedio de la hermosa Felismena, y de toda su compañia, y los rayos del dorado Apollo paresce que uan ya dando fin a su jornada, será bien que nosotros lo demos a nuestra platica, y nos uamos a mi aposento, que ya la çena pienso que nos está aguardando. Y ansi se fueron en casa de la gran sábia Feliçia, donde hallaron ya las mesas puestas, debaxo de unos uerdes parrales que estauan en un jardin que en la casa auia.[1259] Y acabando de çenar, la sábia Feliçia rogo a Felismena que contasse alguna cosa, ora fuesse hystoria, o algun acresçimiento, que en la prouinçia de Vandalia uuiesse sucçedido. Lo qual Felismena hizo, y con muy gentil graçia començo a contar lo presente:
En tiempo del ualeroso infante don Fernando, que despues fue Rey de Aragon, uuo un cauallero en España llamado Rodrigo de Naruaez: cuya uirtud y esfuerço fue tan grande, que ansi en la guerra, como en la paz alcançó nonbre muy prinçipal entre todos los de su tienpo, y señaladamente se mostró quando el dicho señor infante ganó de poder de los moros la çiudad de Antequera: dando a entender en muchas empresas y hechos de armas que en esta guerra sucçedieron, un animo muy entero, vn coraçon inuençible, y una liberalidad, mediante la qual el buen capitan no solo es estimado de su gente: mas aun la agena haze suya. A cuya causa meresçio que despues de ganada aquella tierra en recompensa (aunque desygual a sus exçelentes hechos) se le dio la alcaydia y defensa della. Y junto a esto, se le dió tambien la de Alora, donde estuuo lo más del tiempo, con çinquenta hidalgos escogidos a sueldo del rey, para defensa y seguridad de la fuerça. Los quales con el buen gouierno de su capitan emprendian muy ualerosas empresas en defençion de la fe christiana, saliendo con mucha honra dellas, y perpetuando su fama con los señalados hechos que en ellos hazian. Pues como sus animos fuessen tan enemigos de la oçiosidad, y el exerçiçio de las armas fuese tan acçepto al coraçon del ualeroso Alcayde, vna noche del uerano, cuya claridad y frescura de un blando viento combidaua a no dexar de gozalla, el Alcayde con nueue de sus caualleros, porque los demas quedassen en guarda de la fuerça armados a punto de guerra, se salieron de Alora, por uer si los moros sus fronteros se descuydauan, y confiados en ser de noche, passauan por algun camino, de los que çerca de la villa estauan. Pues yendo los nueue caualleros y su capitan ualeroso con todo el secreto possible, y con muy gran cuydado de no ser sentidos, llegaron a donde el camino por do yua se repartia en dos, y despues de tener su consejo, acordaron de repartirse çinco por cada uno, con tal orden que si los unos se uiessen en algun aprieto, tocando una corneta, serian socorridos de los otros. Y desta manera el Alcayde, y los quatro dellos echaron a la vna mano, y los otros çinco a la otra, los quales yendo por el camino, hablando en diuersas cosas y desseando cada vno dellos hallar en qué emplear su persona, y señalarse, como cada dia acostunbrauan hazer, oyeron no muy lexos de si vna boz de hombre que suauissimamente cantaua, y de quando en quando daua vn suspiro, que del alma le salia, en el qual daua muy bien a entender que alguna passion enamorada le occupaua el pensamiento. Los caualleros que esto oyeron, se meten entre un arboleda que cerca del camino auia, y como la luna fuesse tan clara que el dia no lo era más, uieron uenir por el camino donde ellos yuan un moro tan gentil hombre y bien tallado, que su persona daua bien a entender que deuia ser de gran linaje y esfuerço: uenia en un gran cauallo ruoçio rodado, uestida una marlota y albornoz de damasco carmesi, con rapaçejos de oro, y las labores dél çercadas de cordonçillos de plata. Traya en la cinta un hermoso alfanje con muchas borlas de seda y oro, en la cabeça una toca Tunezi de seda y algodon listada de oro y rapaçejos de lo mismo, la qual dandole muchas bueltas por la cabeça le seruia de ornamento y defensa de su persona. Traya una adarga en el braço yzquierdo muy grande, y en la derecha mano vna lança de dos hierros. Con tan gentil ayre, y continente uenia el enamorado moro, que no se podia más dessear, y aduertiendo a la cançion que dezia, oyeron que el romançe (aunque en arabigo le dixesse) era este: