LIBRO TERCERO
DE DIANA ENAMORADA
La traición y maldad de una ofendida y maliciosa mujer suele emprender cosas tan crueles y abominables, que no hay ánimo del más bravo y arriscado varón que no dudasse de hacerlas y no temblase de solo pensarlas. Y lo peor es que la Fortuna es tan amiga de mudar los buenos estados, que les da á ellas cumplido favor en sus empresas; pues sabe que todas se encaminan á mover extrañas novedades y revueltas, y vienen á ser causa de mil tristezas y tormentos. Gran crueldad fue la de Felisarda en ser causa que un padre con tan justa, aunque engañosa causa, aborresciesse su propio hijo, y que un marido con tan vana y aparente sospecha desechasse su querida mujer, pero mayor fue la ventura que tuvo en salir con su fiero y malicioso intento. No sirva esto para que nadie tenga de las mujeres mal parescer, si no para que viva cada cual recatado, guardándose de las semejantes á Felisarda, que serán muy pocas; pues muchas dellas son dechado del mundo y luz de vida, cuya fe, discreción y honestidad meresce ser con los más celebrados uersos alabada. De lo cual da claríssima prueba Diana y Ismenia, pastoras de señalada hermosura y discreción, cuya historia publica manifiestamente sus alabanzas. Pues prosiguiendo en el discurso della, sabréis que cuando Marcelio y ellas estuvieron tras los jarales assentadas, oyeron que Tauriso y Berardo cantaban desta manera:
Terços esdruccioles.
BERARDO
Tauriso, el fresco viento, que alegrándonos
murmura entre los árboles altíssimos,
la vista y los oídos deleitándonos;
Las chozas y sombríos ameníssimos;
las cristalinas fuentes, que abundancia
derraman de licores sabrosíssimos;
La colorada flor, cuya fragrancia
á despedir bastara la tristicia,
que hace al corazón más fiera instancia:
No vencen la braveza y la malicia
del crudo rey, tan áspero y mortífero,
cuyo castigo es pura sin justicia.
Ningún remedio ha sido salutífero
á mi dolor, pues siempre enbraveciéndose
está el veneno y tóxico pestífero.
TAURISO
Al que en amores anda consumiéndose,
nada le alegrará: porque fatígale
tal mal, que en el dolor vive muriéndose.
Amor le da más penas, y castígale,
cuando en deleites anda recreándose,
porque él á suspirar contino oblígale.
Las veces que está un ánima alegrándose,
le ofresce allí un dolor, cuya memoria
hace que luego vuelva á estar quejándose.
Amor quiere gozar de su victoria,
y al hombre que venció, mátale ó préndele,
pensando en ello haber famosa gloria.
El preso á la fortuna entrega, y véndele
al gran dolor, que siempre está matándole,
y al que arde en más ardiente llama enciéndele.
BERARDO
El sano vuelve enfermo, maltratándole,
y el corazón alegre hace tristíssimo,
matando el vivo, el libre captivándole.
Pues, alma, ya que sabes cuán bravíssimo
es este niño Amor, sufre y conténtate
con verte puesta en un lugar altíssimo.
Rescibe los dolores, y preséntate
al daño que estuviere amenazándote,
goza del mal y en el dolor susténtate.
Porque cuanto más fueres procurándote
medio para salir de tu miseria,
irás más en los lazos enredándote.
TAURISO