Aunque esto se veía vivamente retratado, no parecía menos bien la lucha suya y del gran Anteo, al cual, como Hércules vido que dejándose caer sobre la Tierra (cuyo hijo era), cobraba dobladas fuerzas en sus brazos, con los suyos le apretaba de manera que, quitándole el alma, le hacía extender el cuerpo, desasido de su bravo y fuerte vencedor.
Adelante estaba, en el Occeano de Africa, matando el fiero Dragón de la Huerta de Atlante. Y después victorioso con las Manzanas de oro. Tras esto, en el monte Aventino, viendo que el ladrón Caco, hijo de Vulcano y Venus, le había hurtado sus vacas, le estaba poniendo fuego á su fuerte cueva, donde con lumbre y humo le procuraba dar la muerte: y al fin salido della, echando por su boca y oídos grandes llamas, procuraba en vano defenderse; pero el valeroso Alcides, teniéndole en el suelo, sin ninguna piedad le ahogaba.
Luego sustentando el Cielo con sus hombros.
Después, amarrando al Can Cerbero y sacándole á él y á Proserpina robados, dejaba herido á Plutón, Dios de los Infiernos. No con menos agonía peleaba con el de las Aguas Acheloo, al cual habiendo vencido en su propia figura de gigante, y después de Dragón, cuando le ve hecho Toro, con risa le abate, y quita el Cuerno de su frente.
Tras esta lucha estaba la Cierva en Menalo, con sus pies de metal y cuernos de oro, á quien con gran trabajo Hércules mataba triunfante con los ricos despojos de su empresa.
Assimismo desterraba las Harpías, por voluntad del Rey Fineo.
Luego, más trabajosamente, dividía los altos montes de Calpe y Abila, por donde el fiero mar estrechamente passasse.
Más allí se mostraba con las pesadas colunas en sus hombros.
Tras esto, en la ribera del mar, libraba á Hesiona, hija de Laomedón, matando la fiera que para su comida la buscaba.
Después, á aquel que, por voluntad de los Dioses, en el monte Cáucaso, viendo comer sus hígados de una cruel águila, brevemente criaba otros donde el mismo tormento se le diesse.