Más adelante estaba cuando la gente Pigmea, al pie del monte, le quiso matar viéndole dormido.

Y cuándo llevó los pueblos franceses atados á su lengua.

Y cuándo al que con sangre humana engordaba sus caballos dió el mismo castigo, haciéndole manjar dellos.

Y cuándo en las bodas mató los Sagitarios: veíase el Centauro Nesso muerto con sus saetas, al tiempo que al passar el río Eveno le llevaba á Deyanira.

Llegado, pues, al fin desta historia, se veía lastimosamente, casi en venganza de la quebrantada pierna del Dios Pan, cuándo la celosa mujer, con la engañosa camisa que el Centauro le dió, pensando remediar su mal, fué causa de mayor daño, porque, vistiéndosela el ausente marido, con la furia del pestífero veneno que en sí tenía se le pegó á las carnes, y abrasándole los tuétanos y entrañas, el sinventura Hércules, fuera de su sentido, vertía los humildes sacrificios, derribaba los templos y arrancaba los duros troncos, y procurando desnudarse, despedazaba sus mismas carnes, descubriendo los propios huessos y nervios por donde, como de gran hoguera, salía un espesso humo, y él, mirando á los cielos con amargo rostro, á ratos de su crueldad parecía que se quexaba, y otros pedía socorro á tan insufrible y dolorosa muerte, á veces que, sin sentido, destruyendo sus carnes, se tendía en tierra y callaba.

Estaba sobre un altar, en medio del templo, el vestido, el cayado y la lira de Apolo, aquel mismo apero con que moró en las selvas, y por las altas colunas sembrados infinitos despojos de pastores y fieras, cayados y zampoñas, cabezas de los lobos y pies de águilas, versos y prosas que no poca hermosura acrecentaban al grandioso templo. Pero Siralvo, que en Filida veía el de su alma, pocas señas pudiera dar de lo que aquél tenía; y ella, que no dudaba los efectos de su valor, no lo hacía en volver la luz de sus hermosos ojos al enamorado pastor, robándole nuevamente, á cada vuelta, el alma, y dejándole cada vez nueva vida con que viviesse. En tanto que esto passaba, Sasio y Arsiano vinieron allí por orden de Mandronio, y viendo junto cuanto en la música podía desearse, amén de Filardo y Matunto, que si no eran más no eran menos, acordaron de entrarse en el jardín del templo, que, aunque pequeño, era lleno de frescura y deleite. Nunca Vertuno tuvo los suyos compuestos con tanta destreza como éste lo estaba sin arte; las flores y hierbas, las aguas y las aves que en él moraban, todo era extremadamente bueno. Pues como dentro se vieron, Florela, que tiernamente á su señora amaba, mirando su hermosura y la habilidad de los pastores con la comodidad del tiempo y del lugar, pidió encarecidamente que, tomando el sujeto de la beldad de Filida, cantassen; deseo fué el de Florela que todos le tenían, y tocando el principio de la empresa á la gentil Belisa, desta manera comenzó su canto, y desta fueron por su orden prosiguiendo:

BELISA

Las ondas quiere sulcar,
el agua en red oprimir,
el fuego quiere medir
y el viento quiere pesar
el que pretende loar,
Filida, vuestra figura,
siendo el comenzar locura
é impossible el acabar.

ARSIANO

Lazos de amor son aquellos
do Amor tiene su prisión,
pues sin dar en corazón
nunca hace tiro dellos;
hablo de vuestros cabellos,
por cuya gran excelencia
el sol no tiene licencia
sin deslumbrarse de vellos.