BATTO
¡Basta! que tú en la tuya granjeaste
de crédito y honor ancho tesoro;
mas dime si en mis Rimas encontraste
La copla ajena entera sin decoro,
ó espuelas barnizadas de gineta,
con jaez carmesí y estribos de oro.
SILVANO
Descubriréte á la primera treta
tu lengua sin artículos, defeto
digno de castigar por nueva seta.
Tu nombre es Piedra toque y en efeto,
usando descubrir otros metales,
el miserable tuyo te es secreto.
BATTO
¡Oh tú, que con irónicas señales,
cansas los sabios, frunces los misérrimos,
viviendo por pensión de los mortales!
SIRALVO
Pastores, dos poetas celebérrimos
no han de tratarse assí, que es caso ilícito
motejarse en lenguajes tan acérrimos.
Ni á vosotros, amigos, os es lícito,
ni á mi sufrirlo, y es razón legítima,
que ande el juez en esto más solícito.
La honra al bueno es cordial epítima,
y los nobles conócense en la plática,
dándose el uno por el otro en vítima.
Aquí, donde la hierba es aromática,
con el sonido de la fuente harmónica,
al claro rayo de la luz scenática,
Suene Silvano, nuestra lira jónica,
Batto rosponda el rabelejo dórico
y duerma el Jovio con su dota Crónica.
Cada cual es poeta y es histórico,
y cada cual es cómico y es trágico,
y aun cada cual gramático y retórico.
Pero dexado, en un cantar selvático,
si aquí resuena Lúcida y Tirrena,
más mueve un tierno son que un canto mágico.
SILVANO
En hora buena, pero con tal pato
si pierde Batto, que esté llano y cierto,
que por concierto deste desafío,
ha de ser mío su rabel de pino;
y si benino Apolo se le allana,
y en él se humana para que me gane,
que yo me allane y sin desdén ó ira
le dé mi lira de ciprés y sándalos.