«En el traduzir no he guardado el rigor de la letra, porque como cada lengua tenga su frasis, no tiene el de la una buena consonancia en la otra; sólo he procurado no apartarme del sentido que tuvieron los que lo escrivieron, y aun en aquesto he excedido en algunos particulares casos, porque dizen algunas cosas que en aquesta lengua no fueran bien recebidas, y por la misma causa he cercenado algunas dellas. Tambien he dilatado otras algunas, por hazerlas más inteligibles, que estavan cortas, porque el original las suple con los retratos de las figuras que en él estan debuxadas, y en esta traducion no se han podido estampar por la carestia assi del artifice como de la obra. Assimismo he encubierto y dissimulado algunos nombres de personas que en el discurso de aquesta obra se citan, por no ser catolicos, que mi intento ha sido que no haya cosa con que las orejas de los pios puedan ser ofendidas: aunque bien se conoce que el mismo intento tuvieron los autores originarios de aquestas historias, mas en su natural patria les es concedido más libertad, debaxo de ser catolicos»...
Al fin añadió el traductor tres historias de su cosecha:
Cap. I: «De un monstruo que el año de mil y quinientos y cincuenta y cuatro nacio en la villa de Medina del Campo».
Cap. II: «De un monstruo que el año 1563 nacio en Jaen». (Esta historia, verdaderamente monstruosa, de un sacerdote sacrílego recuerda la manera de los cuentos anticlericales que Fr. Anselmo de Turmeda intercaló en su Disputa del Asno.)
Cap. III: «De un prodigio que el año 1579 se vio en Vizcaya, cerca de la villa de Bermeo».
Además intercala en el texto alguno que otro párrafo suyo, por ejemplo éste (fol. 54 de la edición de Madrid), al tratar de ciertos peces voladores:
«Uno de aquestos mismos pescados monstruosos, ó particular especie de voladores, he visto yo el traductor de aqueste libro en el museo de Gonçalo Argote de Molina, ilustre cavallero de aquesta ciudad de Sevilla y veynteiquatro de ella, provincial de la Santa Hermandad de la provincia del Andaluzia, que tiene de muchos libros raros y otras varias curiosidades; el qual despues presentó a Mateo Vazquez de Leca, secretario de la Magestad del Catolico Rey don Felipe nuestro señor, único protector de los virtuosos».
Ocasionalmente traduce algunos versos de Virgilio, Horacio y Lucano, y también algunos de Ronsard (pp. 254, 255, 384, 395), de Boyssiero (p. 388) y de otro poeta francés (en lengua latina) cuyo nombre no expresa (p. 292). Estas versiones no son inelegantes, como puede juzgarse por estas dos cortísimas muestras del «famoso poeta Pedro Ronsardo, en algunos de sus graves versos que escribió, abundosos de admirables sentencias»:
El valeroso padre siempre engendra
Al hijo imitador de su grandeza,
Y assi por solo el nombre de la raza
Es el joven caballo apetecido,
Y el podenco sagaz sigue al venado
Sólo imitando a sus progenitores,
Que es cosa natural el heredarse
De los padres los vicios y virtudes.
Los malos acarrean en la tierra
Pestes, hambres, trabajos y tormentos,
Y causan en el aire mil rumores,
Para con el estruendo amedrentarnos,
Y vezes hay nos fingen a la vista
Dos Soles, o la Luna escura y negra,
Y hazen que las nubes lluevan sangre,
Y que horrendos prodigios se nos muestren.
Andrea Pescioni, sin duda oriundo de Italia, empieza á figurar en Sevilla como editor por los años de 1572, dando trabajo á las prensas de Juan Gutiérrez y Álvaro Escribano, que estamparon á su costa algunos libros, entre ellos el Solino, De las cosas maravillosas del mundo, traducido por Cristóbal de las Casas (1573). En 1581 tenía ya imprenta propia, de la cual salieron una porción de libros que hoy son joyas bibliográficas, como el Libro de la Montería de Alfonso XI y el Viaje ó Itinerario de Ruy González de Clavijo en su embajada al Gran Tamerlán, publicados uno y otro por Argote de Molina; la Crónica del Gran Capitán, los Diálogos de Bernardino de Escalante, varias colecciones poéticas de Juan de la Cueva, Joaquín Romero de Cepeda, Pedro de Padilla, y el rarísimo tomo que contiene Algunas obras de Fernando de Herrera. Desde 1585 Pescioni aparece en sociedad con Juan de León. Hasta 1587 se encuentra su nombre en portadas de libros.