Doctrina es común de todos los filósofos, muy excelente señor, que aquello que se trata en la niñez y tierna edad de los hombres es lo que más se imprime en ell alma y hace aposento en la condición, quedando como el sello en la cera, que muestra las armas señaladas en ella como en él estaban esculpidas, y assí todos los que desean que sus hijos sean bien enseñados, habrían de procurar que la primera conversación fuesse tal que della pudiessen tomar buenos enxemplos y aprender buenas costumbres, porque esta era ley que los atenienses guardaban en su república de tal manera, que muchas veces si los padres eran viciosos, les quitaban los hijos de su poder para que no se estragassen y corrompiesen con sus vicios. La conversación, vuestra excelencia la tiene tal en sus illustríssimos padres, que todo el mundo con muy justa razón los puede tener ante sus ojos por perfectíssimo dechado de virtudes. Y porque el tiempo que vuestra excelencia se hallase en ociosidad della, en ninguna cosa mejor puede emplearlo que en leer los libros que hay escritos, de adonde se pueden sacar buenos exemplos y doctrina, los cuales, aprendidos en la edad de siete años que vuestra excelencia tiene, hacen raices en el alma para todo el tiempo de la vida, tomé yo atrevimiento para poner en sus manos estos colloquios en que se reprehenden algunos vicios y se da á entender el daño que sigue dellos, para que si alguna vez viniesen disfrazados puedan mejor conoscerse, y sepa vuestra excelencia apartarlos de sí y de sus repúblicas cuando nuestro señor fuese servido que venga á tener el gobierno dellas. Y á los que les paresciere que yo hago yerro en sacar á luz una obrecilla que no tiene mayor bien que estar debajo del amparo y favor que para ello ha tomado, responderles he con lo que Sant Pablo dice: que todas las cosas que están escritas se escribieron para nuestra doctrina, y assí podrán inmitar lo bueno que dixese y huir de lo que vieren que es malo; pues mi intención ha sido buena para no ser mal juzgada porque todo en fin es acertar á servir á vuestra excelencia como lo hago agora en servicio del conde mi señor y de la condesa mi señora, á quien nuestro Señor dé tan larga vida y con tan gran prosperidad como sus humildes criados deseamos, para que con ella pueda aumentar su señorío y estado y dexar á vuestra excelencia por sucessor en ellos, como lo merece.
Menor y más obediente criado de vuestra excelencia que sus excelentes manos besa.
ANTONIO SÁNCHEZ IOLI
EN LOOR DEL AUTOR
Mi lengua muy torpe, mi muy ruda pluma,
mi poco saber, mi grande deseo
agora conviene que largo resuma
en loor de persona, que con mayor suma
de lo que diré merece su arreo.
El grande tesoro de[1273] acerva Siqueo
no se compara con este minero,
el oro y la plata parece muy feo
delante de aqueste á quien claro veo
Minerva lo tiene por su tesorero.
Las minas ó venas que hobo en España
de oros y platas y de otros metales,
al grande poder por fuerza y por maña
que tenía adquerido, que era cosa extraña,
de grandes haciendas y ricos caudales.
Si el rey Hispan fundó cosas reales
y hizo otros hechos en ella famosos,
ya casi que vemos por tierra los tales;
pero aun que faltaron, por ser terrenales,
ya han adquirido otros más frutuosos.
El oro y la plata al fin, fin, fué tierra,
y asina se halló sin trabajo poner
las minas que ora hay, Tritona las cierra;
no se abren á nadie sino á pura guerra
que el que las quisiere con si ha de traer.
En esto está firme España y su ser,
toda bordada de sublimes ciencias
que están en personas de mucho valer,
y de los que hay, podremos creer
vos sois el uno de más preeminencias.
Y no os doy aquellas que os debría de dar
según que se debe á su merecimiento,
que sería manera de nunca acabar
un imprincipio de siempre contar
y al cabo que falte la suma y el cuento.
Porque habéis fundado tan hondo secreto
de dichos subtiles, avisos y cosas,
que cualquier curioso de noble talento
si los nota bien verá lo que siento
ser digno de fama y honrra gloriosas.
Todos los vicios que están embaucados
de aquellos que piensan apenas se engañan
reciban v noten los vuestros dechados,
que allí entenderán como andan burlados,
verán si coligen los bienes qne apañan.
E los que otros puntos también amarañan
mirando muy bien lo que va apuntando
á sí mesmos cierto temen que se dañan;
de donde sucede que muchos se ensañan
á Dios maldiciendo no habiendo pecado.
Vale, autor charissime.
EL IMPRESOR Á LOS LECTORES SOBRE
LA CORRECCIÓN DE LOS LIBROS
Es costumbre tan usada en cualquiera que lee un libro, si halla algunos defetos ó mentiras ó letras mal puestas ó unas por otras, que luego echan la culpa al impresor que lo imprimió, sin saber si aciertan ó si no, que como ya tiene esta fama no habrá nadie que se la quite, y para desengañar los que así echan la culpa á los impresores determiné avisarles declarándoles la manera que se tiene en las correcciones; y habéis de saber que en cualquier emplenta hay un corretor asalariado para que corrija todos los libros que se imprimen, y éste ha de tener cuidado de corregir todas las faltas que halla en el original y que se hacen en la emplenta, y así, si algunos defetos se hacen, son á cargo del corretor y no del impresor, y así ninguno se debe de maravillar por las faltas que halla, porque por sí mesmo puede juzgar á los corretores: estáis escribiendo una carta á donde tenéis todo vuestro juicio y memoria y entendimiento, á donde no tenéis más con quien entender sino con el papel y la pluma y tinta, y después de escrita, tornándola á leer halláis en ella harto que tornar á enmendar, y aun tomarla á trastadas, cuanto más donde hay tantas menudencias de letra que no basta juicio humano para hacer que en lo que se imprime no lleve defetos; porque por mí lo he visto passar dos y tres veces y aun cuatro una prueba, y si me tomasen juramento juraría que no hay en ella qué corregir, y tornarla á leer y hallar en ella algunas mentiras ó letras mal puestas, y aun algunos que me han dado obras á imprimir, y ellos mismos son corretores de sus obras, y decirme que en sus obras no han de llevar sola una mentira, y al cabo de impresa la obra tornarla á pasar el autor y hallar tantas que estaban espantados; assí que se pasan los ojos y no basta nadie á hacer que no lleve defetos, aunque más mirar y diligencia tengan.
NOTAS:
[1273] Parece que ha de ser que.
COLLOQUIO
En que se tratan los daños corporales del juego, persuadiendo á los que lo tienen por vicio que se aparten dél, con razones muy suficientes y provechosas para ello.