Que trata de la desorden que en este tiempo se tiene en los vestidos y cuán necesario sería poner remedio en ello.
INTERLOCUTORES
Sarmiento.—Escobar.—Herrera.
Herrera.—¿No veis, señor Sarmiento, qué galán y costoso viene Escobar? Por Dios, que me espanto de verle cada día salir con un vestido de su manera, que si tuviera un cuento de renta no podría hacer más de lo que hace.
Sarmiento.—Passo que, según es delicado, si nos oye pensará que estamos murmurando dél.
Herrera.—Y aunque lo hiciésemos sería pagarle de lo que merece, porque jamás sabe hacer otra cosa de todos cuantos hay en el mundo.
Sarmiento.—No le arriendo la ganancia, pues ha de pagar su ánima lo que pecare su lengua.
Escobar.—¿Qué ociosidad es esta tan grande? ¿Por ventura tenéis, señores, tomado el paso á las damas, que hoy andan en visitaciones, para gozar de verlas y juzgarlas? Pues á fe que no tarden en venir dos dellas, que no son de las más feas del pueblo.
Herrera.—Antes estamos para juzgar los galanes, y vos sois el primero, porque venís tan galán que dais á entender á todos en miraros.
Escobar.—¿Y qué gala halláis que es ésta?