En el encabezamiento del libro se dice que esta «nuevamente agora corregido y emendado, y añadidos algunos capitulos por el mismo autor». La obra está dividida en tres partes, las dos primeras tienen el mismo número de capítulos que las ediciones posteriores; la tercera sólo 26, á las cuales se añadieron después 10. Acaso estén ya en las dos ediciones siguientes, que no conozco:
—Sevilla, 1543.
—Anvers, 1544.
—1547. La citan los traductores de Ticknor, sin especificar el lugar.
—Silva de varia lection cōpuesta por el magnifico cavallero Pero Mexia nuevamēte agora en el año de mil y quinientos y cincuenta y uno. Añadida en ella la quarta parte por el mismo autor: en la qual se tractan muchas cosas y muy agradables y curiosas. Valladolid, 1551, por Juan de Villaquirán.
Dudo que esta sea la primera edición en que apareció la cuarta parte, compuesta de 22 capítulos. Lo natural es que se imprimiese antes en Sevilla. El privilegio está dado á «D. Francisco Mexía, hijo de Pero Mexía, nuestro coronista defuncto».
Todas las ediciones hasta aquí citadas son en folio y en letra gótica.
Entre las posteriores, casi todas en octavo y de letra redonda, debe hacerse especial mención de la de Zaragoza, 1555, que contiene una quinta y sexta parte de autor anónimo, que al parecer tuvieron poco éxito, pues no se las encuentra en las demás ediciones del siglo XVI. Estas son innumerables: Valencia, 1551; Venecia, 1553, 1564, 1573; Anvers, 1555, 1564, 1593; Sevilla, 1563 y 1570; Lérida, 1572... Como la mayor parte de estas ediciones están hechas en país extranjero, conservan todavía el cuento de la Papisa Juana, que se mandó expurgar en España, y que no sé cómo habían dejado correr los inquisidores Corro y Temiño.
El curioso elogio de D. Fernando Colón, que hay en el capítulo de las librerías (III de la tercera parte) y algún otro pasaje más ó menos relacionado con las Indias, ha hecho subir el precio y estimación de las primeras ediciones de la Silva, buscadas con afán por los americanistas.
Entre las pocas ediciones del siglo XVII son curiosas las de Madrid, 1669 y 1673, por Mateo de Espinosa y Arteaga. Una y otra contienen la quinta y sexta parte de la edición de Zaragoza, que no creemos auténticas, aunque el encabezamiento de la quinta dice que hay en ella «muchas y agradables cosas, que dexó escriptas el mesmo autor, aora nuevamente añadidas con el mesmo lenguaje antiguo en que se hallaron». El estilo no parece de Pero Mexía, pero los materiales históricos y geográficos son del mismo género que los que él solía utilizar. Hay en estas adiciones una breve historia del Ducado de Milán, dividida en cuatro capítulos; biografías de Agesilao, Alejandro Magno, Homero, Nino y Semíramis; disertaciones sobre antigüedades romanas y griegas, sobre las artes mágicas, sobre los ritos funerales entre los indios de Nueva España; descripciones de la Scitia, de la Etiopía, de la isla de Ceylán y otros países remotos; algunos fragmentos de historia natural sobre los elefantes y dragones, y un tratado bastante extenso sobre los trabajos de Hércules. El caudal novelístico que puede entresacarse de todo este fárrago es muy escaso.