Investigar las fuentes de las Rodomontadas de Brantôme es tarea que atañe á alguno de los doctos hispanistas con que hoy cuenta Francia.

[194] «El primer libro de novelas en España fué el que llaman de Trancoso» (Europa Portuguesa, 2.ª ed., 1680, tom. III, pág. 372).

[195] No dudo que en las provincias de lengua castellana puedan recogerse tantas ó más, pero hasta ahora los portugueses y también los catalanes han mostrado en esto más actividad y diligencia que nosotros. Sólo de Portugal recuerdo las siguientes colecciones, todas importantes:

Contos populares portuguezes, «colligidos por F. A. Coelho» (Lisboa, 1879).

Portuguese Folk-Tales, «collected by Consiglieri Pedroso, and translated from original Ms. by Henriqueta Monteiro, with an introduction by W. R. S. Ralston» (Londres, 1882).

Contos tradicionaes do povo portuguez, «con uma Introducção e Notas comparativas, por Theophilo Braga» (Porto, 1883, 2 tomos).

Contos nacionaes para crianças, por F. A. Coelho (Porto, 1883).

Contos populares do Brazil, «colligidos pelo Dr. Sylvio Romero» (Lisboa, 1885).

Contos populares portuguezes, «recolhidos por Z. Consiglieri Pedroso» (tomo XIV de la Revue Hispanique, 1906).

[196] Ya en el primer tomo de estos Orígenes de la novela (p. XXXVI) hemos hecho mérito de la traducción portuguesa del Barlaam y Josafat, conservada en un códice de Alcobaza, debiendo añadir aquí la noticia de su edición, que entonces no teníamos (Texto critico da lenda dos santos Barlaão e Josafate, por G. de Vasconcellos Abreu, Lisboa, 1898). Hubo también en Alcobaza y otros monasterios libros de ejemplos como el Orto do Sposo, del cisterciense Fr. Hermenegildo Tancos (vid. Orígenes, p. CIV). T. Braga, en su colección ya citada (II, 38-59) reproduce algunos de estos cuentos, entre los cuales sobresalen el ejemplo alegórico de la Redención (n. 132), que parece inspirado por las leyendas del Santo Graal; y los temas históricos de la justicia de Trajano (n. 133), y de Rosimunda y Alboino (n. 149); algunas leyendas religiosas, que tienen sus paradigmas en las cantigas del Rey Sabio, como la del diablo escudero (n. 145) y la del caballero que dió su mujer al diablo (n. 144). Otros pertenecen al fondo común de la novelística, como el de la prueba de los amigos (Disciplina Clericalis, Gesta Romanorum, Conde Lucanor...) y alguno, como el «de la buena andanza de este mundo» (n. 139), subsiste todavía en la tradición popular. El texto de la Edad Media es muy curioso, porque viene á acrecentar el número de leyendas que se desenlazan por medio de convites fatídicos: