Que ha de ser mi dueño, venga:

Si tu remedio aborreces,

Lisardo, ¿de qué te quejas?

Pides salud, y si aplico

El remedio, desesperas;

Eso es querer que te sangren,

Sin que te rompan la vena.

Lo cierto es que ya, Lisardo,

Te mata nueva nobleza,

Y haces mi amor achacoso,