—¿Por qué vuestra merced no me quiere abrazar? —replicó doña Adriana.

Y volviendo (preñados de lágrimas los ojos) las espaldas, llegó a la puerta de la calle, y apenas salió por ella y dio dos pasos, cuando arrojando un lastimoso ay, se dejó caer en el suelo.

Acudió su tía, sus criadas y su madre, que venía tras ella, y pensando que era desmayo, la llevaron a la camilla, llamando al médico para que hiciese las diligencias posibles; mas no hubo ninguna bastante, por ser su desmayo eterno; y declarando que era muerta, la desnudaron para amortajarla, hundiéndose la casa a gritos; y apenas la desabotonaron el jubón que llevaba puesto cuando entre sus hermosos pechos le hallaron un papel que ella misma escribía a su madre, en que le decía que ella propia se había quitado la vida con solimán, que había echado en el jarabe, porque más quería morir que ver a su ingrato primo en brazos de otra.

Quien a este punto viera a la triste de su madre, de creer es que se le partiera el corazón por medio de dolor, porque ya de traspasada no podía llorar, y más cuando vieron que después de frío el cuerpo, se puso muy hinchada y negra; porque no solo consideraba el ver muerta a su hija, sino el haber sido desesperadamente; y así puedes considerar, Fabio, cuál estaría su casa y la ciudad, y yo que en compañía de doña Isabel fui a ver este espectáculo, inocente y descuidada de lo que estaba ordenado contra mí, aunque confusa de ser yo la causa de tal suceso, porque ya sabía por un papel de mi esposo lo que había pasado con ella.

No se halló al entierro don Félix, por no irritar al cielo en venganza de su crueldad, aunque yo lo eché a sentimiento. Enterraron a la desgraciada y malograda dama, facilitando su riqueza y calidad los imposibles que pudiera haber, habiéndose ella muerto por sus manos. Y con esto yo me torné a mi casa, deseando la noche para ver a don Félix, y apenas eran las nueve, cuando me avisó que ya estaba en su aposento (pluguiera a Dios le durara su pesar, y no viniera): a mi parecer se disponía mejor el verle que otras noches, porque aunque mi padre, estando ya avisado por el papel de doña Adriana, se acostó más temprano, haciendo recoger a mi hermano y la demás gente, y yo hice lo mismo por más disimulación, no obstante, ayudado de sus desvelos, y a pesar de su cuidado, se durmió tan pesadamente, que le duró el sueño hasta las cuatro de la mañana.

Yo, como le vi dormido, me levanté, y descalza, con solo un faldellín, me fui a los brazos de mi esposo, y en ellos procuré quitarle con caricias y ruegos el pesar que tenía, tratando con admiraciones el suceso de doña Adriana.

Estaba Sarabia sentado en la escalera por espía de mis travesuras, a tiempo que mi padre despavorido despertó, y levantándose fue a mi cama, y como no me hallase tomó un pistolete y su espada, y llamando a mi hermano, le dio cuenta del caso; mas no pudieron hacerlo con tanto silencio, que una perrilla que había en casa no avisase con voces a mi criado, el cual escuchando atento, oyó pasos, llegó a nosotros, y nos dijo que si queríamos vivir le siguiésemos, porque éramos sentidos.

Hicímoslo así, aunque muy turbados, y antes que mi padre tuviese lugar de bajar la escalera, ya los tres estábamos en la calle y la puerta cerrada por defuera, que esta astucia me enseñó mi necesidad.

Considérame, Fabio, con solo un faldellín de damasco, y descalza, porque de esta suerte había bajado la escalera a verme con mi deseado dueño, el cual con la mayor prisa que pudo me llevó al convento donde estaban sus tías, siendo ya de día; llamó a la portería, y entrando dentro al torno, dándoles cuenta del suceso, en menos de una hora me hallé detrás de una reja, llena de lágrimas y cercada de confusión, aunque don Félix me alentaba cuanto podía, y sus tías me consolaban, asegurándome todas el buen suceso, pues, pasada la cólera, tendría mi padre por bien el casamiento.

Y por si le quisiesen pedir a don Félix el escalamiento de la casa, se quedó retraído él y Sarabia en el mismo monasterio, en una sala que para su estancia mandaron aderezar sus tías, desde donde avisó a su padre y hermana el suceso de sus amores.