Del fugitivo Eneas llora Dido

El desprecio cruel de su partida;

De rabia ciega en cólera encendida,

Maltrata el rostro por vengar su olvido.

Llama a su amante sin razón querido

La mano al pomo de una espada asida,

Con que cortando en flor su triste vida,

Ganó el laurel a su lealtad debido.

Elisa bella, aunque tu triste suerte

Te forzó a darte muerte rigurosa,