Fuese mi dueño ingrato

A no sé qué concierto de su gusto:

¡Ay, Dios, y qué mal trato!

Castigue amor un caso tan injusto:

Y tú, Diana bella,

Mira mi llanto, escucha mi querella,

Y sus veredas sigue,

Y con tu luz divina le persigue.

Para muchos ha sido

Cansada, sacra dea, y enfadosa,