—Canta, por tu vida —dijo Laurela—, que después averiguaremos este enojo.

Y como Estefanía fuese de tan presto ingenio, y más en hacer versos, en un instante apercibió cantando decirla su celosa pasión en estas canciones:

¡Oh soberana diosa,

Así a tu Endimión goces segura,

Sin que vivas celosa,

Ni desprecies por otra tu hermosura,

Que te duela mi llanto,

Pues sabes qué es amor, y amarte tanto!

Ya ves que mis desvelos

Nacen de fieros y rabiosos celos.