El rigor de que me quejo,

Morir a fuerza de agravios

Será el último remedio.

Así canta y llora Blanca,

Mas no la escucha su dueño,

Que lágrimas en ausencia

Son de muy poco provecho:

Y más con un ingrato,

Que en otra más dichosa está adorando:

Y aunque la ve llorar no se enternece,