Caliéntale a las llamas
Que amor está encendiendo,
Y verás cuán suaves
Son para tu recreo.
Dueño eres de mi vida,
Y aunque muera, has de serlo;
Pues después de la muerte
Te he de aclamar por dueño.
No porque me faltara
Quien me rindiera feudo,
Caliéntale a las llamas
Que amor está encendiendo,
Y verás cuán suaves
Son para tu recreo.
Dueño eres de mi vida,
Y aunque muera, has de serlo;
Pues después de la muerte
Te he de aclamar por dueño.
No porque me faltara
Quien me rindiera feudo,