Pues viendo doña Isabel que la discreta Lisis trocaba asientos con doña Estefanía, por ser la penúltima que había de desengañar, cantó sola este soneto, de un divino entendimiento de Aragón, hecho a una dama a quien amaba por fama, sin haberla visto, y ella se excusaba de que la viese por no desengañarle del engaño que podía padecer en su hermosura; si bien le desengañaba por escrito, diciéndole que era fea, por quitarle el deseo que tenía de verla; y se le había dado Lisis a doña Isabel para que le cantase, en esta ocasión, por no darle fin trágico, aunque el héroe que lo hizo le merecía por haberse embarcado en el Leteo.

Amar sin ver, facilidad parece,

Que contradice efectos al cuidado;

Pero quien del ingenio se ha pagado,

De más amante crédito merece.

El que a la luz que el tiempo desvanece

Solicita lascivo el dulce agrado,

Apetito es su amor, que desdichado

Con el mismo deleite descaece.

Amarilis, si viendo tu hermosura,