Ya se prevenía la bella Lisis de su instrumento y de un romance que aquel día había hecho, y puesto todo, cuando los músicos le suplicaron los dejase aquella noche, guardando para la tercera fiesta sus versos, porque el señor don Juan los había prevenido de lo que habían de cantar; que por ser parto de su entendimiento era razón lograrlos.

A todos pareció bien, porque sabían que don Juan era en esto muy acertado, y dándoles lugar cantaron así:

A la cabaña de Menga

Antón un disanto fue;

Ya está rostrituerta Gila,

Celos debe de tener.

De ella se queja el zagal,

Bien justa su queja es,

Que sospechas sin razón

Son desaires de la fe.