--¿Acaso los celos sólo pueden nacer del amor?

--Sólo: no habiendo amor no hay celos: lo que Isabel siente es envidia.

--¿No es la misma cosa?

--No, señora; en los celos hay cierta nobleza y cierta abnegacion; en la envidia todo es pequeño y miserable; pero la envidia puede curarse, y la curacion de los celos es muy difícil, si no imposible.

II.

Entre las mil torturas que afligen á la mujer, que martirizan su corazon, que amargan su vida, hay algunas que ella misma se inventa por la actividad de su fogosa imaginacion, por la extremada debilidad de su espíritu, ó por efecto de su educacion descuidada.

De los más amargos dolores que se crea, son la envidia y los celos.

Los celos, dardo emponzoñado y forjado por el infierno.

La envidia, sierpe venenosa, que roe el corazon de que se posesiona, hasta dejarlo vacío como un sepulcro.

La envidia nace de la pequeñez del alma; los celos, de la gran sensibilidad del corazon.