Suele vituperarse á una persona que tiene celos, pero se la compadece siempre.

Una persona envidiosa solamente inspira desprecio, y todo lo que en su favor alcanza, es una lástima desdeñosa.

Los celos engendran el ódio; pero en cuanto el celoso es feliz, compadece á la persona sobre la cual ha triunfado.

La envidia no conoce la compasion; el envidioso quisiera que el mundo entero fuera desgraciado, para reunir él todas las riquezas y todas las prosperidades.

Los celos se sienten únicamente cuando un amor grande, inmenso, llena el corazon.

Si causa dolor el que la persona que los inspira sea bella, rica y esté dotada de relevantes cualidades, es tan sólo porque estas ventajas conquistan el amor que el infeliz que los siente quisiera para sí.

Los celos ambicionan amor.

De todo lo demas, ni siquiera se acuerdan.

III.

Deplorable cosa es que los celos debiliten el ánimo y quiten la facultad de reflexionar; porque, á no ser así, las desdichadas, heridas de esa pasion podrian conjurar el mal en vez de acrecentarlo, entregándose á los extremos de un violento dolor.