¿Por qué arrebatarse entre hermano y hermana un libro que agrada, un sitio cómodo? ¿Por qué armar disputas por las cosas pequeñas? Esas querellas, que parecen tener tan pocas consecuencias como tienen fundamento, van minando lentamente el edificio de la mutua consideracion; llega una de las grandes crísis de la vida en que se necesita el amor de las familias, y éste ¡ya no existe!
La dulce intimidad que reina bajo el techo doméstico, no debe degenerar nunca en esa grosera franqueza, que debilita y rompe los lazos más sagrados.
No es de buen gusto la familiaridad que algunas jóvenes ostentan con sus padres; la que esto escribe no acepta la desatenta llaneza ni áun en la amistad más íntima; la cortesía, los modales atentos son el mejor sosten de los afectos, áun de los más santos y legítimos, y muchas veces le ha lastimado profundamente el ver confundir con el cariño la desatencion, que está muy cerca de la insolencia. He visto hijas que se presentaban ante sus padres mal vestidas y con un desaliño que se hubieran avergonzado de mostrar ante la persona más indiferente; las he visto tomar posturas contrarias á la buena educacion, cantar, responder con aspereza y negligencia, murmurar del mandato paternal ó materno, y estar en la mesa como si se hallasen con sus iguales ó inferiores, sirviéndose, comiendo y levantándose con la más extraña libertad.
¿Por qué no se han de guardar con nuestra familia todas las atenciones que la educacion ordena y el decoro manda con los extraños? ¿Por qué una jóven no ha de ser para con sus padres y hermanos lo que es para todos los demas?
III.
Hablar de sí mismo es un escollo en el que casi todos tropezamos.
Nada hay tan enemigo como el yo de la verdadera y dulce cortesía que nos gana todos los corazones.
En sociedad es preciso olvidarse de sí mismo para atender á las penas, á las molestias y hasta á las excentricidades de los demas; es preciso manifestar interes por los negocios y los placeres ajenos; es preciso enterarse con discrecion y dulzura de todo lo que en primer lugar les preocupa; es preciso, en fin, hacer abstraccion de sí mismo, y ser amables si queremos ser amados.
Pocos afectos nacen espontáneos, á no ser el amor; el cariño, la amistad, la verdadera estimacion, se conquistan y se conservan; la dulzura y la benevolencia del carácter, las atenciones para con los demas, se miran, y con razon, como una prueba de la bondad del carácter. Una de las primeras reglas de la cortesía es no decir jamas ninguna cosa que desagrade ú ofenda á quien nos escucha; si las personas habladoras son tan insoportables, consiste en que hablando sin reflexionar, dicen mil inoportunidades.
--Yo soy muy franco, se oye afirmar algunas veces á personas que dicen cuanto les ocurre, hiriendo profundamente el amor propio, y hasta el corazon de alguno de sus oyentes.