He visto desdichadas mujeres vestir con las galas de su imaginacion, rica y entusiasta, un ídolo de barro; prodigábanle las perlas y las flores, y le veian, no cual era, que entónces se hubieran asustado, sino como ellas lo querian ver.
¡Ay! ¡Cuanto más elevaban el ídolo, cuanto más levantaban el pedestal, más lo alejaban de ellas! Llegaba el dia en que, cansadas de sostenerlo, en que rendidas de aquel trabajo sin recompensa y sin gloria, de aquel trabajo vil, que la ingratitud no reconocia y que el mundo acusaba, dejaban caer los brazos, y entónces el ídolo venía al suelo, se hacía pedazos y dejaba ver el polvo vil que constituia su sér.
Esta es, Valeria mia, la amarga historia del corazon de muchas mujeres: historia triste, que va envuelta en un dolor mortal, y que no lleva consigo ni áun la gloria del martirio.
Piensa, pues, y rechaza los ídolos de barro; no des tu corazon más que á un hombre digno de tí, pero no pidas tampoco á este hombre más que lo que un hombre puede conceder, ni llegues á las exageraciones del sentimiento.
El sentimiento exagerado no halla su recompensa, ni es pagado jamas.
II.
En el matrimonio te recomiendo más todavía el pensar: las sublimidades, querida mia, no lo son en la vida real sino cuando van acompañadas de la augusta luz de la razon: si no haces más que sentir, eres mujer perdida: el raciocinio es de todo punto indispensable para guiarnos en las sinuosidades del camino: el sentimiento nos extravía muchas veces, ó más bien nos extravía siempre.
Hay que sentir, por decirlo así, con medida, y hay que pensar mucho: hay que pensar en la dicha de toda una familia, y hay que poner al sentimiento límites muy estrechos las más veces, por más que el sentimiento parezca ilimitado como todo lo infinito.
Ya en la edad madura, presumo que el pensar se sobrepondrá en tí al sentir, como sucede á todas las mujeres. La ancianidad: hé aquí el puerto de paz de las mujeres que sienten con exceso: la ancianidad con su velo blanco apaga el fuego de la pasion, y trae á la razon por la mano, como fiel y cariñosa compañera.
En las nobles y elevadas regiones del arte, el pensar y el sentir son tambien dos cosas que deben ir juntas si el artista ha de producir obras de esas que no mueren jamas; pero en el artista el sentimiento ha de preceder al pensamiento, y ha de ser más grande; se necesita sentir en sí mismo la belleza ideal, y luégo pensar con firmeza en la ejecucion; pensar incesantemente en la necesidad de llevarla á cabo; el trabajo constante es la ley del arte, como es la ley de la vida. «Paganini, dice Balzac, que hacía vibrar su alma en las cuerdas de su violin, hubiera llegado á ser un violinista ordinario si hubiera pasado tres dias sin estudiar.»