Y en otra página de sus libros inmortales añade el mismo gran escritor frances:

«El arte es la creacion idealizada: así los grandes artistas, los poetas completos no esperan ni los encargos ni los compradores: crean hoy, mañana, siempre; y de esto resulta esa costumbre del trabajo y ese perpétuo vencimiento de las dificultades, que les mantiene en eterno y amoroso lazo con su musa protectora y con sus fuerzas intelectuales. Canova vivia en su taller, como Voltaire en su gabinete: Homero y Fídias han debido vivir tambien así.»

Si el artista se deja llevar sola y exclusivamente del sentimiento, degenerará en soñador, y entónces no hay gloria posible para él; porque la pereza es el estado normal de todos los artistas, pudiendo ocuparla con sus sueños sin fin, y es muy fácil convertirse de pensador en soñador y sumergirse en esa peligrosa reverie, enfermedad del alma, y abismo donde quedan sofocadas las nobles aspiraciones del arte y del trabajo.

III.

Mas hablemos de nosotras, ó más bien de tí, amada Valeria, de tí que pones ahora el pié en el florido sendero de tu vida; de tí, que tienes el alma llena de fe y henchida de esperanza, y que me preguntas con el santo candor de la inocencia:

¿Qué haré? ¿Conviene más á la mujer pensar ó sentir? ¿Deberé crear en los mundos de la pasion, ó fabricarme una vivienda en los de la razon?

Ni lo uno ni lo otro, Valeria: vive en ambos, y no renuncies del todo á ninguno de los dos: líbreme Dios del dolor de verte racionalista como del dolor de verte soñadora: aquello es el desierto de hielo; esto la perpétua y dolorosa decepcion: vive sobre todo para el amor, pero deja á la razon que modere la impetuosidad de tus impresiones y que las regule, como un hábil mecánico regula el movimiento de una magnífica péndola, para que marque el trascurso del tiempo; el decorado de esta péndola puede ser tan bello como el sueño de un poeta: mas esto no impide que la máquina sea de una exactitud y regularidad perfectas, sino que, por el contrario, estas condiciones hacen de ella una obra maestra, y completan la admirable armonía del conjunto.

LAS VISITAS.

I.