--Yo soy un hombre prudente que me debo á mis hijos: éstos me necesitan.

--¡Más necesitan el honor que tú les quitas con tu cobardía! exclamó irritado su hermano.

Así cegados los ojos de nuestra razon, en vez de combatir nuestros defectos como á enemigos, los acariciamos y cuidamos como á cualidades relevantes que nos ensalzan.

IV.

El motivo, el grande y triste motivo de que algunas personas muy elogiadas por todos y muy dignas de serlo, sean insoportables para la vida íntima, es la poca atencion que ponemos en estudiarnos cada uno, evitando todo lo que puede molestar á los demas: es la falta de cuidado en corregir los defectos del carácter, esos defectos que hacen la vida más amarga que un vicio por arraigado que esté: el ánsia de perfeccion ajena, que es lo que se llama intolerancia; el descuido de la propia; el egoismo; la murmuracion; la costumbre de exagerar y áun de mentir; el hábito de impacientarse por poca cosa, todo esto constituye un conjunto insoportable, y que convierte en víctimas á los que viven en derredor nuestro.

Nada hay comparable á la dicha de la paz y de la alegría doméstica; el que se halla mal en su hogar, en vano será que vaya á buscar fuera la felicidad: no puede hallarla: por eso quiero que todos nuestros esfuerzos, lectoras mias, tiendan á conservarla y que empleemos todas las delicadezas y todas las ternuras que nos son propias, para que reinen en el seno de la familia la dulce concordia, la grata avenencia, la hermosa unidad de las voluntades y de los corazones.

LA COQUETA.

I.

Cuando he tratado de escribir algun artículo de costumbres, y he pensado retratar en él un tipo, he buscado alguno que sea, no sólo conocido, sino mal conocido: es decir, ó excesivamente alabado, ó vilipendiado en demasía.