La coquetería es amiga de la virtud; el coquetismo es su enemigo más implacable; en una palabra, la coquetería es la base de la dicha y el sosten de todas las bellas cualidades de la mujer; el coquetismo es el prólogo de su perdicion, y tiene por epílogo el desprecio y el abandono de todos.

No se deben ahogar en una jóven el amor á lo bello, el constante deseo de agradar, la gracia nativa que la inclina á complacer, las expansiones del alma, que demuestran su temple apasionado y amante. Lo que debe corregirse, lo que debe extirparse, como las malas hierbas de un jardin, en una alma jóven, es el afan de homenajes, el empeño de llamar la atencion, el desden soberbio, la vanidad y el orgullo del carácter; porque todos estos defectos fatales van creciendo con la edad, y constituyen el sér odioso y aborrecible que se llama coqueta, y que, si llega al deplorable perfeccionamiento de la especie, es uno de los borrones de la sociedad actual, es uno de los baldones de nuestro sexo.

LAS PAGANAS.

I.

Ningun sér que ama á otro sér apasionadamente es completamente digno de compasion, porque no es completamente desgraciado.

Un afecto profundo ocupa la mayor parte de la vida, y á veces la llena toda.

Es verdad que muchas veces este amor es pagado con ingratitud, y que estas pasiones suelen tener su calvario y su cruz; pero hay en el amor una exaltacion que hace preferir el martirio por la persona querida, á la más completa felicidad sin ella.

El primero de los amores, el más grande, el más puro, el que da al corazon una felicidad más perfecta, es el divino: el amor á Dios, supremo consolador de todos los males, padre tierno y previsor, que jamas nos abandona; ese amor llena, no sólo la vida, sino tambien el alma, de la dicha más completa y más dulce.

Despues del amor divino hay algun amor mundano, que á fuerza de ser grande llega hasta el heroismo, y que aunque contravenga algunas veces á las leyes del deber, se hace perdonar, ó disculpar al ménos, por ser inmenso.